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  21 de julio de 2011
  Antonio Torres
  Diego González Marín. Un sindicalista en Europa
  Diego González Marín nace en Almería en 1951. Su actividad sindical empieza a desarrollarse a partir de 1973, cuando en un piso de El Zapillo ya es responsable del PCE en su frente juvenil. A partir de 1975 refuerza el partido con un grupo de jóvenes que culmina presidiendo la primera Asamblea de la Coordinadora de Comisiones Obreras. El joven sindicalista y político compatibiliza durante la transición democrática los cargos de secretario provincial de Comisiones Obreras y secretario provincial del PCE. Historiador. Master en Relaciones Políticas Internacionales por la Universidad Libre de Bruselas. Funcionario de la Unión Europea desde enero de 1987. Master en Educación y Métodos de Enseñanza a Distancia por la UNED. Actualmente es el encargado de la concepción y gestión de cursos de formación para el personal del Servicio Exterior de la Unión Europea.

Disidencia.
Diego es hijo de un militante de las Juventudes Socialistas Unificadas (PCE), que participó activamente con las Brigadas Internacionales en la Defensa de Madrid, donde fue herido en combate por los insurrectos fascistas y perdió el brazo izquierdo, lo que le señalaba irremediablemente como mutilado rojo, con todo lo que ello conllevó de persecución durante la posguerra, un tiempo de miseria y hambre. A su madre la define: “Ama de casa de origen familiar republicano-masón por lo cual su familia no lo pasó nada bien. Una buena madre que siempre nos comprendió y ayudó cuando iniciamos, mis hermanos y yo, nuestras actividades políticas en el PCE”. Con esos mimbres, Diego González fue un antifranquista convencido, que inició su actividad política en 1971, en el Cuartel de Marinería de San Fernando durante el servicio militar, después en Almería junto a su hermano Pepe, que en el año 2004 seguía incrustado en la sociedad civil, regentando el puesto de pescado que heredó de sus padres. Además, su hermano sigue trabajando por la modernización y recuperación de un mercado, patrimonio de los almerienses. En su primera etapa sindical, Diego cuenta con importantes compañeros en la tarea: Joaquín de Talleres Cabezuelo; Bernabé y Amat en el sector de la construcción; los hermanos Baldó Vizcaíno, su hermano Pepe; Juan Arenas de Celulosa; el hermano de Paco El Recortao; Toledano el de Adra y Luis en las canteras de mármol de Macael. Los nombres flotan, pero la memoria permanece. “En los años finales de la Transición se produjo un retroceso en el terreno sindical motivado por varios factores, como la división sindical y la falta de unidad de acción con un PSOE que pretendía todo el poder y necesitaba unas Comisiones Obreras débiles, con un ministro de Economía, Boyer, hoy en el espacio del PP, que hicieron daño a los trabajadores y al conjunto de la izquierda”.
En los primeros años de la Transición, cuando la libertad sindical y la legalización del PCE era un sueño, uno recuerda al joven sindicalista en reuniones con los periodistas Pedro Manuel de la Cruz y este autor, planteando la necesidad de conseguir aire fresco con un periódico que acabara con el monopolio existente en aquellas fechas con medios de comunicación al servicio de los gobernadores civiles de turno. Otro joven periodista, Manuel Gutiérrez Navas, tiene la anécdota de entrevistar a Diego en el interior de su vehículo para evitar problemas con la policía, que entonces tenía la manía de perseguir a todo lo que oliera a comunista. El paro llevó a Diego González a Bruselas. “En el fondo necesitaba un cambio de aires”, dice sin indiferencia.
Diego califica de injusta la dimisión de Santiago Carrillo después de la victoria socialista; porque Carrillo no tenía él solo la culpa del fracaso electoral, con pérdidas de un millón de votos respecto a las elecciones de 1979. No obstante, fue elegido secretario provincial del Partido Comunista de Andalucía (PCA) entre finales de 1982 y principios de 1983, sucediendo en la responsabilidad al profesor Antonio Fernández Sáez, “para evitar la toma de control del PCA por los carrillistas más acérrimos”. La existencia de un PCE débil puede llevar al PSOE a olvidarse de la clase trabajadora y a darle alas a la derecha.

González Marín fue siempre un seguidor del cine realista italiano y español, de las películas del oeste rodadas en el desierto de Tabernas y las de corte histórico. Quizá por su ligero parecido al actor Marlon Brando llevaba sus ideas hasta las últimas consecuencias. Durante su etapa política en Almería soñó con el objetivo de lograr un diputado provincial y alcanzar algunas alcaldías como la de Albox con la familia de alfareros Los Puntas, amigos personales y compañeros en la defensa y promoción del PCE desde los tiempos de la clandestinidad. “Yo creo –dice González Marín– que la Transición tenemos que asumirla tal como fue. Es difícil hacer un pronóstico de cómo pudieron haber sucedido las cosas si se hubiera impuesto la ruptura democrática que propugnó el PCE por mucho tiempo. No tuvimos la fuerza ni la influencia para conseguirla”.

“¿Pactos, con quién?” González Marín ha vivido en Bruselas tres procesos de ampliación de la Unión Europea. La Ibérica, la Nórdica y la actual hacia los países del Este. “Votaré afirmativamente, a favor del proyecto de Tratado Constitucional Europeo, pese a que mi partido de siempre, el PCE, no está convencido”. Desea expresar su profundo acatamiento al principio de separación entre el Estado y sus instituciones de las organizaciones religiosas. Partidario de la escuela pública y laica, detesta los fundamentalismos de todo tipo. Le gusta definirse en el panorama religioso con las siguientes palabras: “Soy agnóstico, no creyente, pero de tradición y cultura cristiana. Puede parecer contradictorio pero a mí me gusta esta explicación”. Nuestro personaje cree que perdura el franquismo en algunas instituciones porque el PP logró introducir durante su mandato en el ámbito nacional el lenguaje duro no exento de rencor. Le gusta el cambio “porque Aznar tuvo su tiempo y por higiene democrática”. Quiere preguntarle al PSOE qué quiere decir lo del pacto de civilizaciones. ¿Pactos con quién? Se cuestiona este veterano militante del PCE, que concluye: “Los pactos no pueden desarrollarse con entes instalados en el fundamentalismo nacionalista o religioso. Parece como si no existiera en nuestra historia el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Francesa o las conquistas de la Clase y el Movimiento Obrero de los siglos XIX y XX. Confío en los compañeros socialistas para que no olviden hechos históricos que forman parte de nuestro acervo cultural, social y político”.

Siente nostalgia de los bares, tapas y la luz de Almería. No le gusta de Bruselas cierto gregarismo nacional, por no hablar de guetos. Sin embargo, se siente cómodo en una ciudad donde convergen capitalidad europea y una gran cantidad de actores económicos y políticos. “Almería debe desarrollar un trabajo de influencia más concreto y profundo que beneficie al sector agrícola y a las entidades más dinámicas en el campo de la investigación como la Universidad y Cajamar”. Sueña que los almerienses, sus instituciones y organizaciones puedan implicarse más en las ayudas al desarrollo promovidas por la Unión y donde se siente un experto con posibilidades serias de ayudar a la iniciativa provincial.
   
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