24 de febrero de 2018
 

 
  botón inicio botón contacta botón mapa web
foto cabecera
titulo cabecera
 
 
menu
PROVINCIAS
MONOGRÁFICOS
- Adiós al Hollywood europeo
- A donde habite el olvido
- Alfonso Canales, cronista cultural de Málaga
- Alfonso Grosso, entre balas y merengues
- Almería en tres miradas
- Antonio Gala no ha sido asesinado en Murcia
- Antonio Mozo, el innovador
- Asunción Andaluza
-
TROFEOS DISPUTADOS ENTRE 1973 Y 1983

- Caídas y más que caídas
- Caídos sin nombre
- Campo de sangre
- Cántico de Córdoba
- Centenario del nacimiento de Juan Ramón Jiménez
- Cerrado ante la justicia, abierto ante la historia
- Del olvido a la gloria
- Deporte, de la jerarquía a la democracia
- Despiertan los medios de comunicación
- Domínguez Ortiz, cita con la historia
- "Donde se vive y se muere fuera"
- Eduardo Chinarro, el periodismo laboral
- El arte al alba
- El Centenario de Vázquez Díaz
- El Correo de Andalucía en Huelva
- El fin de los monopolios
- El flamenco en la Transición
- El islote de Saltés
- El nacimiento del Festival de Cine Iberoamericano
- El reportero Sebastián Cuevas
- El torero que revolucionó las masas
- En el nombre de Jarcha, libertad sin ira
- En homenaje al maestro Ladis
- Entrevista a Antonio Gala

Diálogo del desamor

- ¿Estamos preparados para el cambio?
- Huelva canta libertad
- Huelva y la música
- José Gálvez Manzano populariza el billar
- José Prieto Escaso, arquero olímpico
- Juan Diego borda su venganza
- La creación nunca duerme
- La década gloriosa del Trofeo colombino
- La esquina de Pepe Jiménez
- La herida de Federico Villagrán
- La mirada de Ricardo
- La princesa comunista
- La radio del transistor
- Las voces prohibidas
- La Transición acelera el reciclaje de los periodistas
- La Transición de los periodistas
- La Transición en las librerías malagueñas
- Los interrogantes de Antonio Burgos
- Medios: la renovación inconclusa
- Nadie sabía nada
- Noche de guardia
- Pedro y Pablo en la Tasca del Matías
- Picasso, principio y fin
- Pudo ser un sueño, pero fue realidad
- ¡Que vienen, que vienen!
- "Se hace talento al andar"
- Semblanza/ Manuel Benítez 'El Cordobés'

Un flequillo le leyenda en la España de los 'seìllas'

- Távora en esencia
- Tránsitos
- Una irrepetible complicidad
- Un festival "rojo" en el franquismo
- Un lienzo pendiente
- ¡Viva Andalucía viva!
CIUDADES RELEVANTES
 

INICIO > PERSONAJES > SEMBLANZAS
 
  21 de julio de 2011
  José Luis Masegossa
  José Manuel Torres Rollón
  Decía que decían, y él así lo creía, que no era un hombre político. Pero él no decía que decían que era un hombre honrado y honesto hasta la saciedad. Lo demostró durante toda su vida; una vida truncada demasiado pronto por la enfermedad en el tránsito de 1993 a 1994.

Infancia en Olula
. Político honesto, coherente y demócrata, el senador de la extinta Unión de Centro Democrático por la circunscripción de Almería, José Manuel de Torres Rollón, anduvo su infancia lejana junto a sus padres y sus tres hermanos entre los parrales almanzoreños de Olula del Río. En su inquieta juventud, esta figura señera de la abogacía almeriense admiró a Celia Viñas y abrazó el Magisterio, con el que impartió sus primeras lecciones a los hijos de los campesinos y labradores del Barranco de Quiles, un ramillete de pétreas casas colgadas en las riberas de la rambla del mismo nombre, perdido en la geografía local de los años de postguerra, y surcado por senderos de alpargata, en Oria (Almería). Ya entonces rumiaba códigos y textos en voz alta mientras paseaba el huerto orialeño de su estancia familiar.
Tras los estudios de Derecho llegó la Abogacía: pasión y vocación. Pero también habitó en su espíritu trabajador la vocación periodística, descartada después por las mordazas de la censura a sus críticas de cine y a otras publicaciones. Brillante jurista durante sus 42 años de ejercicio profesional, siempre tuvo un profundo respeto a la Justicia. Respeto no correspondido por la actividad política hacia su persona. Senador por Almería en la primera Legislatura (1979-1982), José Manuel de Torres Rollón obtuvo el mayor número de votos (74.207) del grupo de senadores almerienses, tras José Fernández Alemán. Pero la ilusión, el entusiasmo y el deseo de servir a su tierra almeriense, a la que tanto amó, desde su escaño parlamentario, quedaron frustrados en una quimera de siete meses.

Dimisión ejemplar. Los conflictos internos de la UCD almeriense, surgidos por la falta de respeto a las decisiones de las bases, la carencia de democracia interna y el dirigismo de algunos sectores del partido con anulación de actos democráticos exasperaron la paciencia benedictina de los dos senadores que más claro tuvieron que aquel partido no era la organización democrática que se merecían los afiliados y la sociedad. No titubearon José Manuel de Torres Rollón y Ramón Ponce cuando aquella tarde septembrina de 1979 enarbolaron el “honor y la conciencia” como razón de su renuncia a las actas de sus escaños en la Cámara Alta, en las sendas cartas personales que remitieron al entonces presidente del Senado. Dos meses después, el día 16 de noviembre del mismo año se hizo efectiva la baja en la Cámara. En una entrevista radiofónica con quien suscribe, José Manuel de Torres Rollón matizaba sobre las razones de su decisión: “Lo que sé es que durante 30 años he estado en el ejercicio profesional de la abogacía. Tengo un respeto profundo hacia la Justicia y tengo un respeto profundo a jugar limpio en democracia. Creo que la democracia debe de ser de verdad. Creo que debemos de entendernos los 37 millones de españoles; creo, por supuesto, que a través de toda la discusión nos viene dado al menos lo más aproximado a la verdad y a la realidad. Y, por supuesto, que este país debe ser para 37 millones de habitantes y no para 3.000, 300.000 ni 3.000.000 [...] para todos y a través de una auténtica justicia social”. En esta misma conversación clamaba Torres Rollón: “[…] Esta tierra nuestra que ha estado colonizada y dominada durante siglos ... y pensaba y pienso que de una vez para siempre todas las estructuras debían y deben ser democráticas...”
Frente a las críticas malintencionadas de algunos dirigentes de la UCD acerca de la decisión ejemplar y nada frecuente de los dos políticos almerienses, el senador Torres Rollón suscribía: “Por mi profesión, por mi forma de ser, por mi talante, cualquier persona es respetable. Sin embargo, la filosofía que cualquier persona pueda tener yo puedo compartirla o no. Es muy legítimo y hay que admitirlo...” Tras la experiencia activa de la política, José Manuel de Torres volcó de nuevo sus energías en su profesión, y como evocara poco después de su muerte José María Requena “habrá, ojalá, quien pueda llegar a hacerlo tan bien como él, pero es claro que nadie lo hará igual, con esa personalidad única e inimitable, aglutinando a la más fina sensibilidad y profunda pericia jurídica, una exquisita, afectuosa, cordial y sencilla relación con los colegas, los justiciables y los justiciadores, amistosa siempre que existiera rectitud y respeto, dura e intransigente cuando vislumbrara siquiera la iniquidad”.
La Ley, el derecho y la justicia fueron siempre fieles compañeros de este infatigable defensor de la paz y de la justicia social, al igual que han sido semilla germinada en sus tres hijos: Teresa, Flor y José Manuel. Pero más allá de su pasión y vocación, José Manuel de Torres Rollón fue un hombre bondadosamente bueno, un ser excepcional y entrañable que escribió la página de su vida con renglones generosos de humanidad y afecto.
   
  pagina anterior pagina siguiente
 
 
   
 
  Inicio | contacto | mapa web   Transición