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  21 de julio de 2011
  Miguel Ángel Blanco
  Carlos Pérez Siquier. El paisaje como obsesión.
  Historia de un fotógrafo, que nunca quiso escapar de una periferia marginada. Palabra de fotógrafo. Conocer los tiempos de Almería pasan indefectiblemente por las fotografías de Carlos Pérez-Siquier (Almería, 1930). Él ha puesto imágenes a los distintos tiempos de una historia sometida a muchos vaivenes. Desde la prudencia del silencio, transmite sus discursos con imágenes. Son sus mejores palabras. Es uno de los creadores que ya está en la historia. El fotógrafo almeriense es uno de los protagonistas que hicieron posible a mediados de los años cincuenta el proceso de renovación del lenguaje fotográfico en España, desde la Agrupación Fotográfica Almeriense (AFAL). Las inquietudes puestas en marcha, desde una periferia sometida al mayor ostracismo del franquismo, fueron el revulsivo para la imaginación. El proyecto iniciado con José María Artero aglutinó a unos fotógrafos, claves para conocer la historia de la fotografía española: Xavier Miserachs, Francisco Ontañón, Gabriel Cualladó, Alberto Schommer, Oriol Maspons, Ramón Masat, Francisco Gómez, Ricardo Terré. Rompieron los esquemas y la fotografía, infravalorada, consiguió provocar al sistema desde un lenguaje ignorado de la realidad. Y Pérez-Siquier estaba allí.

La Chanca.
Para Pérez Siquier, La Chanca fue una historia de iniciación, desde un lenguaje e imágenes en sintonía con el neorrealismo cinematográfico. Curiosamente, sus fotografías de La Chanca, que han dado la vuelta al mundo y son una continua referencia, nunca han sido mostradas en una exposición monográfica. Han aparecido en catálogos, en prensa, en revistas, en libros y se han convertido con el tiempo en una asignatura pendiente. La Chanca constituye un círculo cerrado, algo más que una fase de su trayectoria. Es un mundo universal en imágenes, historias, rostros infantiles, adultos y ancianos con sus vivencias cotidianas para resaltar la dignidad de los habitantes del barrio. La Chanca compareció al final, como una historia en color, que desvela la humanidad popular encerrada en las paredes de la casas populares del barrio. Los desconchones de las paredes han sacado a la luz la abstracción naif, lo más singular de la espontaneidad artística de la calle.
En 2001 se publica una selección de sus fotos, muchas inéditas, de La Chanca en un libro, con motivo de la conmemoración de los cuarenta años del libro que, sobre este barrio popular, escribió Juan Goytisolo. Pérez-Siquier no ha regresado a La Chanca, al encuentro de los restos de aquel tiempo en imágenes. “Creo que hay que ir a los sitios pensando en no volver. La nostalgia es mala consejera. Los lugares cambian para mal y La Chanca es hoy una gran decepción. Sin embargo es mi proyecto fotográfico pendiente más querido”. El fotógrafo se autorretrata al reflexionar sobre su trayectoria, “he sido un testigo del paso del tiempo”. Ante sus antologías, define su obra fotográfica más significativa y desvela su pensamiento, “mi obra tiene una gran coherencia de principio a fin. Sigo vivo y eso se ve en el libro de mi obra antológica. Recoge la imagen del hombre, donde vive y su transformación por las presiones de la televisión. Se ha perdido sinceridad. Ahora, por ejemplo, La Chanca sería diferente y yo uso la fotografía con un gran respeto al medio. En mis imágenes no hay trucos ni manipulación, son a cámara limpia, son historias encontradas, con distintos argumentos para un mismo lenguaje”.

Trayectoria. Carlos Pérez-Siquier ha entrado en el siglo XXI con un sucesión de reconocimientos, que han obligado a reflexionar sobre su obra, reinterpretar y descubrir la gran dimensión de una trayectoria que ha pasado crítica, curiosa, a veces impertinente, innovadora, irónica, por el mundo de la imagen. Y siempre desde la condición de fotógrafo solitario e independiente. Sorprendió en los sesenta con su visión del turismo, en principio formal, lo que ha denominado su autor ‘fotografías alimentarias’. Después, en los setenta, el hiperrealismo de los cuerpos, imágenes que resurgen de esa realidad turística, se imponen con el tiempo como una mirada inusual que descubre la historia de unos personajes que conforman una fauna serena en el paisaje. Y queda retratada así el escaparate de una época.

Nacido en 1930 en Almería, formado en la Escuela de Bellas Artes, su obra ha sido ampliamente reconocida y valorada: Premio Nacional de Fotografía (2003), Medalla de Andalucía (2003), Premios y medallas de oro internacionales ‘Elefante de Oro’ por sus carteles turísticos. Primera exposición (Almería, 1955), Agrupación Fotográfica Almeriense (1956-1962), coeditor del Anuario de la Fotografía Española ‘Everfoto’ (1973-1980), en la Historia de la Fotografía Española Contemporánea (1986), Representa a España en Montpellier (Francia, 1989), Feria del Arte ‘Arco’ (Madrid, 1989), Primer fotógrafo con sala permanente en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla). Publicaciones: Pérez-Siquier (antología, 1996), Imágenes de imágenes (1999), Amor animal (2001), La Chanca (2001), Medianeras (2002), Un viaje en ferrocarril: Almería-Granada-Sevilla (2003), Color del Sur (2003), Ìmágenes de la Maestranza (2004), Retrospectiva por el Premio Nacional de Fotografía (2005), Pérez-Siquier, Almería y el Cine (2005).

El hecho de que el fotógrafo nunca quisiera salir de Almería no hubo autoexilio, le pudo privar de otros encuentros, pero ha sido lo que ha determinado que hoy la imagen almeriense universal y secreta, lo insólito, tenga como referencia a Pérez-Siquier. El fotógrafo recorre las calles de la ciudad y encuentra el mundo urbano de las ‘Medianeras’, “es la mirada a una ciudad efímera y oculta”. Es el paisaje de Cabo de Gata lo que constituye la gran obsesión de las últimas décadas con nuevas vivencias con las que el fotógrafo denuncia cómo se produce la agonía de un horizonte que sobrevive. Cabo de Gata está presente en las distintas etapas creativas de la trayectoria del fotógrafo. Comparte con La Chanca el aspecto más sentimental de Pérez-Siquier. Con estas imágenes es notorio de que es posible penetrar en el paisaje con limpieza y complicidad. Quizá por eso, el fotógrafo siempre regresa a Cabo de Gata.

Ideas.
En varias ocasiones, Pérez-Siquier ha reflexionado sobre su trayectoria, su condición fotográfica, su obra y el paso del tiempo que le marca. En 2003, tras recibir la Medalla de Andalucía, manifestó: “La fotografía es mi forma de ser y estar en el mundo. Soy un fotógrafo forjado en la inspiración del mundo mediterráneo, caracterizado por la intensidad de la luz, el color, con cierta sensualidad y una ligera ironía al ver pasar la vida”. Con motivo de Color del Sur: “Mandan en mí los mensajes del paisaje y los objetos que los circundan”. Y con el Premio Nacional de la Fotografía: “Tengo una curiosidad muy grande por la vida, en mí se ha aunado ese sentido de la experiencia radical abocado a la búsqueda del símbolo”. El fotógrafo sorprendió con una nueva dimensión de imágenes, con motivo del libro-exposición ‘Un viaje en ferrocarril’, una evocación de los viaje en tren, un espacio viajero donde el fotógrafo encuentra una buena relación con la lectura de poesía. Observa el paisaje desde la ventanilla, “me di cuenta de que los paisajes son fugitivos en el tren y duran en el pensamiento como una especie de ensoñación, es una percepción que sólo se encuentra en los viajes en ferrocarril”.

Los últimas miradas del fotógrafo han sido al mundo de lo toros. En Imágenes de la Maestranza, dice, “mi mirada no está contaminada porque no soy aficionado a los toros”. El fotógrafo desvela la armonía del ballet que desarrolla el torero en la arena, el diálogo de las formas y la estética del momento de la tragedia. Y el Cine, la recuperación de sus fotografías inéditas de rodajes de los años cincuenta y sesenta, presentadas en Pérez-Siquier, Almería y el Cine, su último trabajo con motivo del IV Festival Internacional ‘Almeria en Corto’ (2005). Confiesa Pérez-Siquier que “en los rodajes de películas descubrí el desierto”. Y de ahí un paisaje vivo, escondido, inicialmente ignorado, natural, superviviente, que provocó la gestación de una manera de contemplar el horizonte para una imagen fotográfica que sigue viva. Refugiada en esta periferia.
   
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