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  21 de junio de 2011
  Santiago Sánchez-Traver
  Manuel del Valle. La política discreta
  Nacido en Sevilla a finales de 1939, Manuel del Valle se hizo abogado y entró en política en la transición en el PSOE. Llega a senador y presidente de Diputación en 1979, siendo alcalde de Sevilla durante ocho años, de 1983 a 1991, en la fase más decisiva de la preparación de la Expo, cuando la ciudad experimenta su mayor cambio en la historia. Abandona la política después y preside la Fundación El Monte y se dedica a su actividad profesional como abogado. Fino negociador, discreto, silencioso y poco amigo de fiestas y de salir en la foto, Del Valle queda en la historia de la ciudad sin haberlo pretendido y entra y sale de la política en la forma que le marca su carácter personal.

Abogado con estrella política.
Manuel del Valle Arévalo nació en Sevilla poco después de acabada la Guerra Civil, justo en noviembre de aquel que se llamó año triunfal. Y nadie podía imaginar en su modesta familia que llegaría a ser el alcalde democrático de mayor tiempo en el sillón de la Plaza Nueva. Su discreción, su eficacia silenciosa y su forma de tratar los conflictos le llevaron, en un momento de su carrera política, a desempeñar puestos de gran relevancia hasta que su estrella política se eclipsó.

Con muchos esfuerzos logra estudiar Derecho en la Facultad hispalense, en un curso en el que coincide con un tal Felipe González, y con los más brillantes de aquella promoción: Antonio Ojeda Escobar, Javier del Río y Joaquín Galán. Todos ellos acabaron como Del Valle en el PSOE, con una vida política dispar en su desarrollo. Y nada más acabar la carrera entra a formar parte del que sería uno de los más importantes referentes de la transición democrática en Andalucía: el bufete de abogados laboralistas de la calle Capitán Vigueras, junto a la estación de San Bernardo, en Sevilla.

Es por esos años, justo en 1969, cuando toma la decisión de afiliarse tanto al sindicato UGT como al PSOE. Y por entonces cuando se casa con María Luisa de Pedro, una mujer sencilla pero que se revelará como un contrapunto importante en su vida. Con ella tiene sus dos hijos y forma un matrimonio del que nadie dudaba de su futuro.

¿Paté francés o tortilla española?
Manuel del Valle empieza a destacar en el seno del partido como hombre prudente y conciliador y eso le hace representante de la agrupación sevillana del partido para los congresos de federales de Toulouse (1972), París (1974) y Madrid (1976). A la vuelta del primero, dice ya la leyenda que fue cuando un grupo de amigos y militantes se reunieron en un pinar de Puebla del Río a comer un paté francés –y no una tortilla– acompañado de unas naranjas. En la sobremesa de aquella tarde a alguien se le ocurre hacer la famosa foto llamada de la tortilla. La cámara era del fotógrafo Pablo Juliá, que está en la foto, pero el que accionó el disparador fue Manuel del Valle, el único del grupo que no aparece en la foto. Sí estaban Felipe González, Manuel Chaves, Luis Yánez, Carmen Romero, Carmeli Hermosín y todos los demás. Entre su prudencia y su falta de afán por aparecer están los motivos de haber sido improvisado autor de la instantánea.

Manuel del Valle sigue durante esos años compatibilizando su tarea de abogado laboralista y su labor política en el partido, de forma que llega excelentemente colocado a la Transición y a los primeros momentos democráticos. Se queda en la retaguardia en las elecciones de 1977 y pasa a ser candidato al Senado en 1979, obteniendo el escaño en esa Cámara el 1 de marzo. También forma parte de la primera lista municipal al Ayuntamiento de Sevilla un mes más tarde, alcanzando el puesto de concejal. Con ello accede a representar a la ciudad en la Diputación provincial y obtiene la presidencia de la misma un mes más tarde, puesto que conservará hasta las siguientes elecciones.

Como senador vivió aquella segunda legislatura hasta el 31 de agosto de 1982, perteneciendo a tres importantes comisiones del Senado: la de Justicia e Interior, la del Defensor del Pueblo y la de Presidencia del Gobierno y Administración Pública. Cuando se disuelven las Cámaras, todos daban por hecho que un par de meses después llegaría la primera victoria del PSOE para alcanzar la presidencia del Gobierno aquel compañero de curso, Felipe, que no iba mucho por clase y hacía sus negocios con las vacas.

Entre tanto, Manuel del Valle simultaneaba el sillón de senador con el de presidente de la Diputación sevillana, una institución arcaica en la que había estado asentado lo más rancio de las familias sevillanas de buen nombre y fortuna. “La Diputación, recuerda en el libro de conversaciones Manuel del Valle, un destino casual, era una institución desconocida. Hubo que cambiar muchas cosas, los funcionarios no entendían que uno quisiera visitar los pueblos, lo que hice uno a uno. Al final se consiguió el cambio a la democracia en la institución con mucha paciencia, mucho diálogo y predicando con el ejemplo”.

El alcalde más votado.
Su buena labor en el organismo provincial y su estrategia personal en el partido le llevan a ser propuesto candidato para encabezar la lista a la alcaldía de Sevilla en las elecciones de abril de 1983. Suponía intentar el asalto a la alcaldía de la capital de Andalucía, frustrado en 1979, cuando la lista más votada fue la UCD y la segunda el PSOE, pero gobernó el andalucista Uruñuela por el intercambio de alcaldías de Granada y Huelva por la de Sevilla. A la postre, eso supuso el desastre para el PSA que no tuvo en el 83 ni un solo concejal en Sevilla y perdió para siempre Huelva y Granada. Y agrandó la figura de Del Valle que conquistó la alcaldía sevillana con mayoría absoluta. Mayoría que repetiría en 1987, con lo que sus dos mandatos le hicieron ser alcalde de la ciudad de la Giralda durante ocho importantes años de su historia.

En estos ocho años la transformación que sufrió Sevilla fue espectacular: se construyen todas las infraestructuras de la Expo, incluidos siete puentes nuevos y la SE-30 que circunvala la ciudad, se abre la ciudad al río y a su dársena, ganando varios kilómetros de paseo fluvial, se desatasca el nudo ferroviario, se rehabilitan los edificios históricos, llega el AVE… Para recoger los frutos políticos de ese cambio ya no fue elegido Manuel del Valle como candidato en 1991. ¿Qué pudo pasar para que el PSOE perdiera la alcaldía a manos de los andalucistas? Todos los analistas vienen a concluir que fue una mezcla de cansancio político, hartura de las obras y no saber vender convenientemente el cambio tan espectacular y positivo para la ciudad.

Manuel del Valle, que seguía haciendo de pacificador en el partido, llegando a ser presidente provincial del mismo, toma entonces el camino de la retirada política, aceptando el puesto de presidente de la Fundación El Monte, desde el que relanza la labor cultural de la caja de ahorros sevillana. A la vuelta de los años, ya en 2001, abandona este puesto para pasar a ejercer su actividad profesional de abogado en empresas y asesorías diversas. Su salida de la política ha sido discreta y gradual, como su entrada cuando era un joven abogado que luchaba por causas de los trabajadores sevillanos y tenía ilusión por hacer algo en la política democrática que se avecinaba.
   
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