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  24 de septiembre de 2008
  Miguel Ángel Blanco
  José Miguel Naveros. El ojo de Almería
  Hasta el final. Entre el silencio y la palabra. El oficio de periodista, como referencia. Comprometido. Con un sentimiento de búsqueda. Y leal, en medio de las contradicciones. José Miguel Naveros apareció en la Redacción abierta de Ideal mediados los setenta, con una larga gabardina, su melena blanca a retazos, altivo y con la sabiduría del tiempo, manteniendo la ilusión y los desencantos. Sin rendirse. Camuflado de tantas cosas. José Miguel Naveros regresó al final al reencuentro con el espíritu del periodismo libre de toda la vida, indagador, combativo, crítico y a la par dialogante. Observador de una realidad dominada por la imposición del orden, el veterano periodista proyectó desde el principio amistad y su presencia e inmersión, que fue alimentando de experiencia, en el periodismo joven. Y compartió ambas situaciones.

Entre Madrid y Almería.
José Miguel Naveros nació en Almería (1908). Cursó estudios en la escuela del Zapillo (Almería) y se licenció en Derecho por la Universidad de Granada. Es secretario de las Juventudes Republicanas, Izquierda Republicana. Tras la Guerra Civil fue juzgado y condenado a 12 años y un día, pena rebajada a seis años y un día. Tuvo que trasladarse a Madrid. Regresa a Almería con asiduidad en los setenta. Como periodista colabora en la prensa madrileña (El Sol, El Heraldo y La Libertad), y es editorialista de Diario de Almería. En los setenta colabora en Ya e Ideal en Almería, con la sección El Ojo de Almería. Colabora con trabajos históricos en las revistas nacionales. Entre sus publicaciones destacan libros de poemas (Gotas, En la verde Alhambra, Ecos de sueños, Almería, verso a verso, Noviembre recorre España, Poemas de/a los setenta), de narrativa (El hombre-fútbol, Catorce títulos para trece narraciones, Tu mañana no existe) y ensayos (Una recta, ¡Viva la República!, Rutas de España, Almería en mi tinta, Mis pintorescos rarosLa represión franquista en Almería, que permanece inédito).

En plena efervescencia y explosión imparable de las nuevas tecnologías, que han condicionado y manipulado todos los discursos, ideologías y creencias de cualquier signo, el idealismo residual sobre el presente y el futuro se alimenta de espíritus contracorriente. Resurge así la necesidad de mirar a la realidad cara a cara, entre paisajes y personas, preguntar por sus circunstancias, por la verdad de los hechos, el porqué de las cosas, especialmente el porqué. Lo más complicado. Una pregunta que se explica en ella misma, que no necesita respuestas. Los interrogantes y las dudas, las mismas que acompañaban el día a día de Naveros entre sus dudas y sus convicciones, se recuperan ahora con esta propuesta de un periodismo para siempre.
Todos los años, José Miguel Naveros abandonaba el Madrid castizo de la calle Embajadores y regresaba en vacaciones a Almería, mirando la playa siempre, junto a su escenario del balneario, que el tiempo del nuevo orden urbano se encargó de hacer desaparecer, cuando él ya no estaba. Periodista jubilado, escritor en activo. Cada vez sus regresos fueron más asiduos. Venía con el peso de su historia personal de la que apenas contaba cosas. Sólo lo imprescindible para no dejarse llevar por el pasado. Los libros alrededor. Y el Paseo, al reencuentro de los viejos compañeros de la solidaridad frente al sistema establecido. Su reencuentro con la ciudad que le daba oxígeno y a la vez le deprimía y asfixiaba. Su primer argumento, nunca faltaba, fue la reivindicación de 'El Pingurucho de los Coloraos', el monumento a los mártires por la libertad que el absolutismo de Fernando VII fusiló en el siglo XIX en las playas de Almería. El monumento fue demolido, nada más terminar la Guerra civil, en 1939, siendo alcalde de la ciudad Vicente Navarro Gay. Pero su símbolo permaneció. Todos los años, un grupo de veteranos republicanos recorrían el Paseo para recordar en silencio a los Coloraos. Y con este espíritu testimonial vivo nació en la Redacción de Ideal su colaboración El Ojo de Almería. El primer artículo era obligado: la reivindicación del Pingurucho. La Transición a la democracia lo convirtió en una reivindicación de la izquierda. Un símbolo que asumió plenamente el profesor de historia Fernando Martínez López.

Ni un hilillo de aire de libertad.
El periodista acudió en cierta ocasión a un pleno municipal en plena agonía del postfranquismo. Eran tiempos en que la controversia estaba presente, un ambiente que llevaba a las sillas del público a miembros de organizaciones sindicales y políticas todavía clandestinas. Y allí, en el salón de plenos, ejercían su derecho a romper el silencio obligado. Y Naveros escribió: "Almería lleva tiempo bostezando, muriendo. Hoy al pueblo hay que decirle las cosas y no ocultárselas. Yo no tengo ni voz ni voto pero opino que por el Ayuntamiento de Almería no pasa ni un hilillo de aire de libertad y voy a pedir que un arroyo pase por el salón de sesiones".

Su mirada se asomaba a todas partes. La realidad, pensaba, no está encorsetada. Es una. Para el periodismo de antaño, lo de las especializaciones personales era algo impensable. Impide contemplar el paisaje en toda su dimensión. El pensamiento crítico le acompañaba, arropado por la serena actitud que marca el paso del tiempo. Espíritu de resistencia. En 1978 escribió: "A los poetas, a los escritores, se les ha dado de lado. Es grave pensar en este país". El lamento por la utopía añorada, desmoronada, lejana. Con un profundo sentimiento crítico por Almería, "Don Quijote, qué triste es que no te pasaras por Almería".

El entusiasmo siempre estuvo presente en su personalidad. Un entusiasmo que se alimentó de su propia historia y se conectó con el mundo joven, con la inquietud, configurando que todos lo tiempos son suyos. Y la realidad, más que nunca. Hasta el último momento. Daba un sentido al espíritu, a las ideas de su interior que llegaban en cartas escritas a mano, con pluma, con una letra irregular, abstracta, que configuraba las líneas de los signos para construir mensajes que eran certeros, sinceros, impagables.

Por estas sensaciones, Naveros renovó su espíritu viajero de informador, "el periodista es el rumor de la corriente de la calle que corre sin parar". Y en la poesía que nunca abandona, como un refugio para poder sumergirse en el mundo inaccesible, para identificar el tiempo de las emociones, "yo viajo honradamente con la primavera". Al final se hizo ecologista, cuestión de sentido común y de sensibilidad, cuando observó el dolor de la tierra-madre; "entiendo que la lucha ecológica es una necesidad que se impone", en la observación del paisaje idealizado para sobrevivir, "si se restablecieran los molinos se establecería un diálogo paisaje-hombre".

Como Machado.
El compromiso político de José Miguel Naveros se fue recuperando poco a poco, se alimentó de los nuevos tiempos, del entusiasmo general, por intuir lo que se avecinaba. Aportó enormes dosis de generosidad y se sintió acompañado del eco dejado por versos de Antonio Machado, siempre muy próximo sus recuerdos y vivencias. Hubo dos homenajes. Uno en vida y otro póstumo, ambos en Almería. El Ojo de Almería sufrió una metamorfosis esencial y renació en formato de periódico diario. Fue el agradecimiento que surgió desde el mundo periodístico y cultural fundamentalmente. El Ojo de Almería fue la cabecera de un periódico de un solo número. Era algo merecido para quien viajó al periodismo libre, a veces en silencio, en secreto, a veces abierto y frontal. En 1986, el Ayuntamiento democrático creó el premio de Periodismo José Miguel Naveros con periodicidad anual. Duró pocas ediciones.

En 1987 la memoria de José Miguel Naveros regresó a Almería con la puesta en marcha de Alfaix, un proyecto literario que ideó Ángel Berenguel Castellari y que trasladó a Almería Miguel Naveros Pardo (hijo). Alfaix nació en la redacción de Ideal a pintores, poetas, escritores de un círculo que empezó a abrirse. El número 0 de Alfaix, en formato de diario, fue Poema de/a los setenta (1987). "El periodista es el rumor de la corriente, de la calle, que corre sin parar", fueron palabras suyas, escritas en 1978, recuperadas para el momento. Fue un emotivo reencuentro. La historia de Alfaix derivó después por otros caminos de usurpación y desvío.

Prefirió irse antes. José Miguel Naveros siguió presente, tras su muerte el 7 de diciembre de 1985, con un intento colectivo de mantener El Ojo de Almería. Prolongó la sombra del veterano periodista todavía durante un tiempo. Pero todo es efímero. El Ojo de Almería se fue diluyendo en todo lo mundano. Nunca, su verdad. Recupero palabras que escribí con motivo de su muerte: "Hubo un estampido, José Miguel, un ruido ensordecedor que recorrió el Paseo justo el tiempo para empezar a lanzar tus versos por el cuarto de estar, el ascensor, la esquina, el barrio, la plaza del pueblo. En estos momentos, José Miguel, no hace viento en Almería".

En 1983, el viejo periodista escribió: "Mi deuda con Almería es que planté un ciprés muy joven y yo no veré si dio su altura. Crece mi ciprés muy lento. Y todo lo que me rodea más todavía. Algo se ha quedado en estampa, lo que el viento de la leyenda se llevó". José Miguel Naveros Burgos no vivió el tiempo del desencanto. Mejor así. Quizá sus tiempos iniciales le vacunaron contra todo lo que vino después. Prefirió irse antes. Hoy, sin �Redacción abierta� no sería posible El Ojo de Almería. Por eso es bueno ahora recuperar su imagen, su memoria y respirar un poco. Aunque sólo sea por idealismo, la esperanza y la resistencia de siempre. Tal como está el panorama, qué quieren que les diga, se le echa de menos, ante la incertidumbre del periodismo libre, en medio de tantas dudas.
   
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