24 de marzo de 2017
 

 
  botón inicio botón contacta botón mapa web
foto cabecera
titulo cabecera
 
 
menu
PROVINCIAS
MONOGRÁFICOS
- Adiós al Hollywood europeo
- A donde habite el olvido
- Alfonso Canales, cronista cultural de Málaga
- Alfonso Grosso, entre balas y merengues
- Almería en tres miradas
- Antonio Gala no ha sido asesinado en Murcia
- Antonio Mozo, el innovador
- Asunción Andaluza
-
TROFEOS DISPUTADOS ENTRE 1973 Y 1983

- Caídas y más que caídas
- Caídos sin nombre
- Campo de sangre
- Cántico de Córdoba
- Centenario del nacimiento de Juan Ramón Jiménez
- Cerrado ante la justicia, abierto ante la historia
- Del olvido a la gloria
- Deporte, de la jerarquía a la democracia
- Despiertan los medios de comunicación
- Domínguez Ortiz, cita con la historia
- "Donde se vive y se muere fuera"
- Eduardo Chinarro, el periodismo laboral
- El arte al alba
- El Centenario de Vázquez Díaz
- El Correo de Andalucía en Huelva
- El fin de los monopolios
- El flamenco en la Transición
- El islote de Saltés
- El nacimiento del Festival de Cine Iberoamericano
- El reportero Sebastián Cuevas
- El torero que revolucionó las masas
- En el nombre de Jarcha, libertad sin ira
- En homenaje al maestro Ladis
- Entrevista a Antonio Gala

Diálogo del desamor

- ¿Estamos preparados para el cambio?
- Huelva canta libertad
- Huelva y la música
- José Gálvez Manzano populariza el billar
- José Prieto Escaso, arquero olímpico
- Juan Diego borda su venganza
- La creación nunca duerme
- La década gloriosa del Trofeo colombino
- La esquina de Pepe Jiménez
- La herida de Federico Villagrán
- La mirada de Ricardo
- La princesa comunista
- La radio del transistor
- Las voces prohibidas
- La Transición acelera el reciclaje de los periodistas
- La Transición de los periodistas
- La Transición en las librerías malagueñas
- Los interrogantes de Antonio Burgos
- Medios: la renovación inconclusa
- Nadie sabía nada
- Noche de guardia
- Pedro y Pablo en la Tasca del Matías
- Picasso, principio y fin
- Pudo ser un sueño, pero fue realidad
- ¡Que vienen, que vienen!
- "Se hace talento al andar"
- Semblanza/ Manuel Benítez 'El Cordobés'

Un flequillo le leyenda en la España de los 'seìllas'

- Távora en esencia
- Tránsitos
- Una irrepetible complicidad
- Un festival "rojo" en el franquismo
- Un lienzo pendiente
- ¡Viva Andalucía viva!
CIUDADES RELEVANTES
 

INICIO > MONOGRÁFICOS > La creación nunca duerme
 
  Jesús Cantero
  La Cultura (Sevilla)
  La creación nunca duerme
  La bondad de un libro como este es corregir uno de los males que se ha denunciado por, entre otros, Gabriel Jackson (“la Transición implicó un pacto contra la memoria histórica [...] la actitud del pueblo español fue el factor más decisivo en la Transición”). El periodo objeto de este estudio abarca desde 1973 al 1983 y deberíamos preguntarnos, para poder analizarlo, cómo era Sevilla en esta década, qué sucedía culturalmente en la ciudad, qué, quién o quiénes la marcaban, o si era esta década una burbuja, culturalmente hablando, o tenía referencias de otras épocas anteriores.

Un largo proceso.
Antes de intentar responder a estas preguntas, que son el meollo de la cuestión, lo primero es considerar que esta década (1973-1983), desde la óptica de la cultura, es bastante artificial, pues si bien en lo político tiene dos fechas referentes, claras y contundentes, que van a influir en el desarrollo general de la historia de España. 1973: atentado de ETA contra el Vicepresidente del Gobierno, sucesor in péctore de Franco y el único posible continuador del franquismo sin Franco, Almirante Carrero Blanco; 1983: consolidación de la democracia y culminación de la transición política al haberse realizado la primera alternancia política con la victoria de los socialistas en 1982, tanto en las Elecciones Andaluzas como en las Nacionales.

En lo cultural estos hechos, lógicamente, tienen significado y consecuencias, pero muchos autores y estudiosos cifran el inicio de este proceso en los años sesenta y, más concretamente, en la mitad de ella. “Lo cierto es que la transición política española, en el terreno que aquí nos ocupa, el de la cultura, los comienzos de la renovación de hábitos y creencias, o hasta la gestación de una cultura verdaderamente desvinculada de la autocracia franquista, deben verse desde mediados y finales de la década de los sesenta” (Eugenio Trías), haciéndola coincidir con la Ley de Prensa de 1966. “Ahora bien, hay un hecho claro: la nueva Ley de Prensa puede coadyuvar a canalizar el proceso de destotalitarización ideológica e institucional del sistema actual jurídico-político, la opinión pública empieza a ver, primero con sorpresa y muy pronto ya con naturalidad, que los problemas reales salen ya a letra impresa” (Raúl Morodo).


El franquismo.
La llamada Ley Fraga fue anunciada en 1963 como Ley o Estatuto de la Información, en la que se recogerían las reformas de las competencias que administraba el Ministerio de Información y Turismo: teatro, televisión, cine, libro, radio...; sin embargo, las dificultades con que se fueron encontrando, en la elaboración de los numerosos borradores, hizo que al final la ley apareciera exclusivamente como Ley de Prensa, que derogó la de 1938 dictada en Burgos, en plena guerra civil. “Los elementos más inteligentes del propio régimen supieron entender la amplitud del cambio que se estaba operando en la cultura española y, desde los años sesenta, sobre todo con la llegada de Manuel Fraga Iribarne al Ministerio de Información y Turismo en 1962, se inició una tímida y contradictoria liberalización que culminó con la Ley de Prensa de 1966, que supuso, por ejemplo, apoyos económicos para promover cine, teatro y aún música de calidad y mayor tolerancia para las editoriales y revistas progresistas” (Pablo Fusi).
Desde el año 1960 hasta el 1973 se da en el franquismo lo que Habermas llamó tecno-pragmatismo; el objeto es la creación o consolidación de una sociedad de clases medias y la conquista del incremento de la renta per cápita y la aparición de lo que comienza en llamarse “ideología del consumo”, son los años de vacas gordas con ingresos de una cierta industrialización y, fundamentalmente, del turismo y la emigración.

En Sevilla la fecha, lógicamente, es coincidente y se dan una serie de circunstancias que hacen que esta eclosión de mediados de los sesenta se realice. Las primeras promociones de arquitectos egresan de la Escuela de Arquitectura, creada en 1960, de la que saldrán nombres que van a tener importante significado en diferentes manifestaciones artísticas, sociales y públicas de la ciudad; en 1965 se crea la Galería La Pasarela, que hasta 1971 y bajo la dirección de Enrique Roldán, contando como colaboradores o asesores artísticos como Carmen Laffón, Teresa Duclós y Pepe Soto, nos va a permitir ver en Sevilla obras de Canogar Millares, Mompó, Lucio Muñoz, Tapies, Gerardo Rueda, Fernando Zobel, Equipo Crónica,... ; Alfonso Carlos Comín publica, en 1965, en la Editorial Tecnos La España del Sur con prólogo de Ramón Tamames; en el año de la Ley de Prensa, 1966, el Premio La Pasarela lo recibe José Ramón Sierra, y en 1967 Gerardo Delgado; sale a la calle el nº 1 de la revista Alfar (alumnos de la facultad de Filosofía y Letras) y entre su Consejo de Redacción encontramos a Francisco Díaz Velázquez, Luis Núñez Cubero, Julio M. de la Rosa, Alberto Fernández Bañuls,...; en el mismo año Claudio Guerín, un joven realizador de Alcalá de Guadaíra, que había colaborado en Cuadernos Universitarios de Cine (1963) con Carlos Gortari, Josefina Molina, Alfonso Guerra, Guillermo Galeote..., rueda para TVE diferentes capítulos de la serie Conozca usted España; son años de éxito en el Cine Club Vida, el Gorca o el Universitario con personajes como Manuel del Valle, Romualdo Molina, Eduardo Benítez, José María Aguilar, Francisco Casado... También en ese año se crea el Club Tartessos, al igual que había nacido el Club Larra, de Granada, o el Círculo Juan XXIII de Córdoba. En su boletín número 0, de 1968, nos anuncian desde su sede de Álvarez Quintero que tienen trescientos socios y en su Consejo Editorial están, entre otros, Francisco Vélez Nieto y Julio M. de la Rosa; podemos leer en este primer índice tres poemas de Luis Cernuda con notas de Miguel García Posada o una amplia reseña del libro de Carlos Fuentes Cambio de Piel, realizada por Fernando Álvarez-Palacios. Los catedráticos Miguel Rodríguez Piñero, Manuel Giménez Fernández y Jaime García Añoveros van aglutinando alrededor de sus cátedras a jóvenes discrepantes con el franquismo, que tendrían un gran peso específico en los cambios políticos que cristalizan en los setenta. 1966 fue un año de conflictos sociales, en Hispano Aviación comienza a actuar CC OO y Eduardo Saborido es detenido; se monta el primer despacho laborista con Adolfo Cuéllar, José Rubén de Célis, Alfonso de Cossío, José Julio Ruiz Moreno.

En abril 1967 se inaugura, con lluvia, la I Feria del Libro, con cuarenta y una casetas, por el director general de Información, Robles Piquer, en presencia de todas las primeras autoridades civiles y militares, firmaron libros durante los seis días que duró la Feria, entro otros, Francisco Aguilar Piñal, Manuel Barrios, Alfonso Grosso, Alberto García Ulecia, Santiago Montoto, Manuel Mantero, Julio M. de la Rosa...

En estos años sesenta el movimiento teatral, que capitaneaban los TEU, entra en crisis. Con la desaparición de la Secretaría del SEU, en Sevilla se reconvierten unos, desaparecen otros y comienza su andadura el T.U. Tabanquem, del que se escinde Esperpento en el 68; y el TEL (Teatro Estudio Lebrijano) comienza su camino en ese año. Estos tres grupos, con la incorporación de gente nueva, van a marcar los años de la transición política.

¿Páramo cultural?
Cuando se habla de este periodo –el franquismo– hay dos frases que sistemáticamente se utilizan. Una de ellas es “ocaso del franquismo”, hay discrepancias sobre dónde situarlo; y otra, referida a la cultura que había o se realizaba durante este largo periodo, la consabida “el erial cultural del franquismo”, ambas frases tienen sus inexactitudes porque pretenden concretizar en tres o cuatro palabras procesos múltiples y complejos y, como sabemos, es prácticamente imposible y solamente responden, mal que bien, al lenguaje coloquial. “En sus últimos años de vida, Franco supo que la transición hacia un nuevo régimen político había comenzado ya. De hecho, se había iniciado a raíz del asesinato del almirante Carrero...”. (Ramón Pi). La segunda frase, además de no ajustarse a la realidad, es totalmente injusta. “El calificativo es inadecuado; ciertamente la emigración en el orden exterior, la censura y otras cortapisas en el interior dañaron enormemente la cantidad y calidad de la producción literaria y científica... No puede llamarse erial a un territorio donde brotan figuras como Cela, Buero Vallejo, Torrente Ballester, Zubiri, Laín, Delibes, Carande, Vicens Vives y otros, sin contar con un buen puñado de excelentes poetas, músicos, cineastas y artistas” (Antonio Domínguez Ortiz).

En el caso de Sevilla, al igual que en los demás, esta frase no reconoce la realidad de una serie de creadores y organizadores que continuando sus carreras, iniciadas en algunos casos en “los momentos más gratificantes” de la República, nos unían a la llamada Edad de Plata de la Cultura Española, que tuvo en Sevilla uno de sus puntales; es el caso de Rafael Laffón, Juan Sierra, José Mª Izquierdo, Romero Murube, Bacarisas, Gonzalo Bilbao, La Niña de los Peines, Martínez de  León, Manuel Halcón ... o gente que, nacida en los años veinte-treinta, son los que, claramente, nos van a unir con las generaciones de los años setenta, es el caso de creadores como Aquilino Duque, Manuel Mantero, Manuel Castillo, Julia Uceda, Miguel Pérez Aguilera, Alfonso Grosso, Manuel Barrios, Rafael Montesinos Francisco Cortijo, Santiago del Campo, Juanito Valderrama, Antonio Mairena... “Enormemente injusto y erróneo sería identificar como –franquista– a la literatura que se produjo durante el Régimen del General Franco” (Andrés Amorós). Son importantes, en estos años cincuenta-sesenta, instituciones como el Club La Rábida, en cuyas salas comienzan a exponer los jóvenes pintores de la época y donde se pueden ver algunas exposiciones del tipo Cuatro Maestros de la pintura española actual (1954) Vázquez Díaz, Ortega Muñoz, Benjamín Palencia y Zabaleta. Esta institución tenía un premio de pintura interesante para la época y lo consiguen Diego Ruiz Cortes (1958), Carmen Laffón (1959), Pepe Soto (1961). Ya en la década de los sesenta exponen en sus salas, entre otros, Juan Romero y Luis Gordillo (1962), Manuel Salinas (1962 y 65), Nicomedes (1962). También de interés fue la Casa Americana, situada en la calle Laraña, en los altos del cine Álvarez Quintero, que permitió que en su biblioteca se conociesen los escritores y artistas americanos del momento como Dos Passos, Faulkner, O’Neill, Rothko, y en Atlántico, revista de cultura contemporánea, editada por la institución a nivel nacional, pudiésemos leer, en el nº 16 (1960), desde un artículo de Aquilino Duque sobre El Festival de la Pañoleta y otro de Fran O’Hara, curator del Museo de Arte Moderno de New York, titulado Pintura y Escultura Española de hoy que nos contaba la gira americana y la exposición en New York de Canogar, Cuixart, Luis Feito, Manuel Viola, Antonio Saura... y los escultores Chillida, Oteiza, Chirino y Serrano, así como un análisis pictórico de esta época en España.

Las revistas literarias de esta década de los cincuenta nos hacen de puente con las famosas de los años veinte como Bética, Grecia o Mediodía y la gran eclosión que vamos a tener en los años setenta; es el caso de la revista Aljibe (1951-55) en la que firmaban, entre otros, Antonio Gala, Bernardo Víctor Carande, Ricardo Molina, Joaquín Romero Murube; Ixbiliah (1953-59) dirigida por María De los Reyes Fuentes; La Muestra (1962-64) de Rafael Laffón; o La Trinchera: frente de poesía libre (1962) que publicó tres números, el primero en Sevilla, dirigido por José Batlló, quien también hizo teatro, y en la que firmaron Gil de Biedma, Félix Grande, José Agustín Goytisolo... En su primer número, dedicado a cuatro poetas estadounidenses, verían poemas de Ginsberg y Ferlinghetti, padres del movimiento beat e iniciadores del movimiento de la contracultura.

Divulgación minoritaria. En función de lo expuesto, que obviamente no recoge todo lo sucedido, no es fácil mantener el calificativo de esta época como erial o páramo cultural del franquismo y tampoco pensar que los años setenta, años fundamentales de la Transición. Son una burbuja que se autogenera y no está enlazada con décadas anteriores. Ahora bien, si es cierto que “al final de los sesenta, el arte sevillano ofrecía un panorama más variado y maduro que en los años anteriores. El afán investigador alcanzó, hacia el año 1970, un momento de plenitud y difusión, hasta entonces solo minoritario ... los cine-clubs, los grupos de teatro, las nuevas librerías, la Feria del Libro, los recitales de música nueva, las conferencias sobre los movimientos artísticos contemporáneos, charlas y viajes de gente importante, etc, contribuyeron a remover el antes semidormido ambiente sevillano” (Antonio Bonet Correa). El periodo señalado, desde la perspectiva de la cultura, lo podríamos analizar como tres quinquenios, con ciertas características homogéneas: el primero 1968-1972, años de consolidación de personas, equipos e instituciones emergentes, así como inicio de nuevas actividades y de una cierta movilización social de nuevo cuño, tanto en lo cultural como en lo social-participativo y lo político; el segundo 1973-1978, se daría la gran eclosión de la sociedad civil que toma el protagonismo en lo cultural y en lo político; y en el tercero 1979-1983, comenzaría el llamado desencanto en lo cultural, empieza la cuesta abajo de lo social-participativo, pues los líderes pasan claramente al campo político y a su vez el gran auge de lo político por las sucesivas elecciones y periodos electorales la cultura se va ligando a las instituciones, y las primeras elecciones democráticas municipales de 1979 y el proceso autonómico van a cambiar el panorama de actuación y organización de la cultura.

De estos años que narramos, quizás todavía no tengamos una clara perspectiva histórica y los juicios de valor que hagamos no sean totalmente objetivos y no hayan perdido una cierta provisionalidad, pero sí es verdad que de alguno de los hechos han pasado más de veinte años y este tiempo hace que cuando cuentas momentos en los que has estado inmerso la sensación de rabia o placer para analizarlos se ha relativizado y aunque la historia va marcando indeleblemente lo vivido, el tiempo lo aplana un poco.

El periodo anual de las actividades culturales, al igual que los cursos escolares, se mueve por las llamadas temporadas, que van de septiembre a junio, que anteriormente tenían tres fechas claves de estreno o inauguración: Otoño, Navidades y Domingo de Resurrección. Esto se fue perdiendo y quedan, fundamentalmente, los estrenos de inicio de temporada y las navidades. En el caso de nuestra ciudad esto es más acusado, pues el Domingo de Resurrección da pie al cambio de Fiestas Tradicionales y al comienzo del ciclo anual de corridas de toros y a la temporada de la Feria de Abril; las temporadas 69/70 y 70/71, con el año 1970 en el centro, serían las claves de la transición sevillana desde la perspectiva de la Cultura.

El año 1969 finaliza con el cierre definitivo del Teatro San Fernando y su pronto derribo y con la apertura de un concepto de Festival que va a responder a las motivaciones de la nueva época que está emergiendo, en la Facultad de Derecho, Aula Magna, y en el Teatro Lope de Vega, Esperpento junto con el Aula de Cultura, organizan el I Festival de la Cultura, retomando el nombre que Jean Vilar le daba como subtítulo al de Avignon cuando lo fundó, en el que intervienen Pí de la Serra y Ovidi Montllor (cantando en catalán), Smash y Esperpento con tres obras de teatro: Antígona de Sófocles, Brecht, música en directo de Smash; Estudio Dramático sobre poetas españoles del 27 y Farsa y Licencia de la Reina Castiza de Valle Inclán.

En 1969, Sevilla ha celebrado sus XV Festivales de España en el Teatro Lope de Vega y la Plaza de España con conciertos, ballets y teatro, destacando el London’s Festival Ballet y la Compañía del Teatro Español de Madrid, que puso en escena Las mujeres sabias de Moliere, Medida por medida de Shakespeare y El sí de las niñas de Moratín, con dirección de Miguel Narros. La Feria del Libro, organizada por el INLE, se va consolidando en la Plaza Nueva, y en su III Edición, sus libros más vendidos fueron Madre de los Pobres (biografía de Sor Ángela de la Cruz) de José María Javierre, Recuerdo de Fernando Villalón de Manuel Halcón y El nombre unidimensional de Herbert Marcuse. Habían comenzado las Decenas Musicales, coorganizadas por la Comisaría de la Música, Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Educación y Ciencia y el Ayuntamiento de Sevilla, se celebraban en septiembre-octubre, inmediatamente después de los Festivales de España, en el Lope de Vega, Reales Alcázares, Torre de D. Fabrique, iglesias, como la Catedral o El Salvador. El Ayuntamiento de Sevilla mantenía, en estos primeros años de la década, una paupérrima actividad cultural y, además de las colaboraciones con los Festivales de España y la Decena Musical, programaba el Mayo Musical Hispalense, que había comenzado en 1967 y que duró hasta 1979, algunas exposiciones monográficas en el Apeadero o en el Pabellón Mudéjar y el Certamen de Primavera. También mantenía el Ayuntamiento su servicio de publicaciones y en 1970 publicó el Inventario de su Patrimonio Monumental y Artístico, que había realizado Francisco Collantes de Terán.

Hermanos Bécquer. En el año 1970 se constituye una Comisión Sevillana de Homenaje a los hermanos Bécquer de la que actúa como secretario Francisco López Estrada. Entre los actos que se programan podríamos destacar la lectura poética que se dio al pie del monumento, en el parque sevillano de María Luisa, el 24 de mayo, por los poetas Rafael Laffón, Joaquín Caro Romero, Vicente Aleixandre, Aquilino Duque, Manuel Mantero, María de los Reyes Fuentes, Julia Uceda, y que recogió, en un primoroso libro titulado Corona Poética a Gustavo Adolfo Bécquer, el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Sevilla en 1971. En el Ateneo hispalense, con motivo del homenaje al autor, dan conferencias, entre otros, José María Pemán, Joaquín Caro Romero y Juan de Dios Ruiz Copete. El Ayuntamiento coloca, en diferentes lugares alusivos, azulejos de homenaje al poeta con textos redactados por Santiago Montoto.

En 1970 se producen varios hitos importantes que van a marcar el Arte Contemporáneo en Sevilla, quizás el más importante sea la creación del Museo de Arte Contemporáneo, en la actual Sala San Hermenegildo, con el impulso de Florentino Pérez Embid, Director General de Bellas Artes y con Víctor Pérez Escolano al frente como director, con José Ramón Sierra y Paco Molina como colaboradores. Se inaugura con una exposición de Alberto, posteriormente se exponen obras de la Vanguardia Española 1931-1966, El Cómic, Arte Actual Valenciano, Gráfica Española Actual... En 1972 se traslada a la calle Santo Tomás, a la Cilla del Cabildo. El museo programó dos temporadas 70/71 y 71/72 en su primitiva ubicación organizó conciertos, sesiones de estudio, conferencias y representaciones teatrales: Oratorio (Teatro Lebrijano), Quejío (La Cuadra) y Cuentos para la hora de acostarse (Esperpento).

Juana de Aizpuru.
Otro hito es la inauguración de La Galería Juana de Aizpuru, que se va a convertir en la primera que tiene Sevilla con un concepto moderno del papel de la galerista como creadora de mercado y apoyo a jóvenes artistas plásticos en sus comienzos, colaboraron artistas como Paco Molina, José Ramón Sierra, Juan Suárez y Gerardo Delgado; pudimos ver exposiciones de Chillida, un homenaje a Marcel Duchamp (1971), Zobel, Pop Americano (1974). Esta galería comienza una edición de obra gráfica, para suscriptores, que permite acercar a la gente joven la nueva pintura; instituye la Beca Juana de Aizpuru de la que disfrutaron Ignacio Tovar, Gonzalo Puch, y Juan F. Lacomba, entre otros, y también edita una serie de fichas coleccionables con motivo de las exposiciones, con artículos de fondo sobre el artista, la número 1 fue de Francisco Molina con motivo de su exposición en marzo de 1975 con texto de Vicente Lleó.

También se dan dos experiencias de corte teórico y plasmación escrita, ligadas con el Arte, una de corta duración, pero con gran influencia, fue la publicación de las Páginas de Arte de El Correo de Andalucía al frente de las cuales estaba  Antonio Bonet Correa. La otra, desde la Escuela de Arquitectura, desde el Departamento de Estética, Composición e Historia, publica Cuadernos, dirigidos por un colectivo: Jaime López Asiaín, Rafael Manzano y Rafael González Sandino, teniendo a Mariano Peñalver como redactor jefe y del Consejo de Redacción a Manuel Trillo Leyva, José Ramón Moreno García, Víctor Pérez Escolano, Gabriel Rebollo y Guillermo Vázquez Consuegra. El número apareció en febrero de 1970 y el número 7 (julio de 1971) estaba dedicado a seis charlas de Nuno Porta sobre metodología del diseño.

Como la San Francisco española.
“En Sevilla hay un libro que escribir. Un libro difícil de que viera la luz, que nos hablaría de la más insólita aventura generacional vivida en la España de este Siglo. Un libro referido tan solo a un lustro o quizá menos, pero que nos llevaría a considerar, sin ninguna duda, a la Capital Andaluza como la San Francisco Española” (Ángel Casas). Estas palabras recogen una parte del espíritu de la Sevilla de inicios de los setenta aunque están dirigidas a enmarcar el trabajo de Smash, grupo de rock, básico en estos años, que edita su primer LP en 1970 Glorieta de los Lotos con letras de Pipo Clavero y fotografías en la carpeta de Agustín Rodríguez y Falo Moreno con Gonzalo García Pelayo de productor, publican el Manifiesto de lo Borde, que, junto con la versión teatral de Esperpento, titulada La estética de lo borde va a dar lugar al primer texto teórico de la contracultura española.

En los años finales de los sesenta y comienzos de los setenta, a los teatros clásicos como el Álvarez Quintero, San Fernando o el Lope de Vega (todos con vida cansina y alicorta) se les unieron otros con pequeños escenarios que daban fundamentalmente espectáculos de música o variedades, es el caso del Emperador, en el que los domingos por la mañana actuaban grupos de rock locales y donde actuaba Los Canarios; o el Cine Los Remedios, donde cantaron Mari Trini o Víctor Manuel; en el Cine Rochelambert se organizaban conciertos y galas con Lola Flores, Juanita Reina, Rocío Jurado, Pastora Vega ... Beni de Cádiz; el Cine Apolo organiza festivales de rock, al igual que lo había hecho de música moderna el Coliseo a principios de los sesenta; se organizaban conciertos y baile en el Casino de la Exposición y en el Polideportivo Macarena, triunfa el Club Yeyé, comienza Don Gonzalo y club-discotecas como Aladín, Dunia, Raveis o Alegría, que servían de escenarios para el rock.

En 1970, debido al cada vez mayor estado de deterioro del Museo de Bellas Artes, el antiguo Convento de la Merced, se encarga por D. Florentino Pérez Embid a D. José Hernández Díaz la puesta en marcha de una obra de adaptación y reestructuración de fondos, se adquieren obras de Juan Sánchez II y Zurbarán, se logró el depósito de los únicos Velázquez La imposición de la Casulla de San Idelfonso, posteriormente levantado por el Ayuntamiento y el Retrato de D. Cristóbal Suárez de Ribera, de Soto al Museo; se habilita una sala de exposiciones temporales. Se inauguran las obras en diciembre del mismo año. También se hicieron, en este año, obras de mejora de fábrica y restauración de fondos en el Museo Arqueológico. El Ateneo de Sevilla otorga a Florentino Pérez Embid el primer premio Joaquín Romero Murube por su labor en defensa y fomento de los valores artísticos sevillanos.

En 1971 la Universidad pone en marcha su exitosa colección de bolsillo, dependiente del Secretariado de Publicaciones, con la aparición del número 1, Universidad 1969-1970. Retornos de Alberto García Ulecia, el número 2, El Intelectual y el toreo de Rafael Ríos Mozo, el número 3, Ese difícil mundo del flamenco de Manuel Barrios... Se instala en el Pabellón de la Madrina la Hemeroteca Municipal.
Esperpento, desde 1970 hasta 1973, además de realizar espectáculos, va a continuar organizando actividades culturales en colaboración con otras entidades, como la presentación, en la Escuela de Arquitectura, de un recital de María del Mar Bonet o El retablillo de Don Cristóbal de Lorca, por el grupo Tábano, la actuación del Piccolo Teatro de Milano, con Ferruccio Soleri, que dio un pequeño taller de Comedia dell’arte, en Sevilla, en colaboración con la Asociación Dante Alighieri, o las actuaciones de los cantantes Raimon, Manuel Gerena, Paco Ibáñez, Bárbara Dane o Pete Seeger, después en el cine Rocío, de Triana, tanto en el interior como en el patio, también organizaba algunas actividades, tanto propias como ajenas. Tabanque también continúa con su actividad teatral y programa, en el Lope de Vega, La Sesión sicodrama de Pablo Población Knappe; El Joc de Els Joglars, Historia del Zoo de Albee por el TEI, en el Pabellón de Uruguay.

Producción literaria
. Uno de los indicadores culturales más valorados para el estudio de una época es la producción literaria, ya sea en revistas o libros, y en esta década la producción fue abundante, y nos posiciona bien con las décadas más brillantes del siglo XX en Sevilla. Las que se publican en estos años son diversas y sólo citaremos aquellas que tengan una sección cultural que refleje la realidad del momento y aquellas otras puramente culturales.

Entre las primeras tenemos La Ilustración Regional, cuyo primer número aparece en septiembre de 1974 y el último, el número 16, en enero de 1976; fue secuestrado el número 6 y en la carta que recibieron los suscriptores se decía: “El Ministerio señala que diversos artículos en torno a la región andaluza, su presente y su futuro y, en general, el contenido todo entero de la revista tiene un marcado acento regionalista que se presta a confusión”. Fueron directores Javier Smith Carretero, Concepción Cárceles Laborda y Miguel A. Agea Amador; entre sus colaboradores estaban Antonio Burgos, Eduardo Chinarro, Víctor Pérez Escolano, Aurora León, Alfonso C. Comín, Fernando Ortiz, Carmen Jiménez, Francisco Díaz Velázquez, Juan Tamarit, Antonio Miguel Bernal, Ignacio y Pedro Romero de Solís, Camilo Tejera, Fernando Villanueva, Soledad Becerril, Juan Ruesga, Ana Suárez, José Aumente. En mayo de 1976 aparece el primer número de Tierras del Sur, con formato de periódico, que se mantuvo hasta febrero de 1979 en que aparece su número 108. Fue su director José María Javierre, y entre sus colaboradores estaban Antonio Guerra, Plácido Fernández Viagas, Manuel Naranjo, Manuel Rico Lara, José Antonio Garmendia, José Luis Ortiz Nuevo, Manuel Barrios, Juan Bosco, González Ruiz ... Al poco tiempo, en junio 1976 aparece la revista Torneo, semanario popular andaluz, fundamentalmente deportivo pero con secciones de política y cultura. Su director fue Federico Villagrán y entre sus colaboradores estaban Manuel Ramón Alarcón, Iñaki Gabilondo, Tomás Iglesias, Juan Teba, José Rodríguez de la Borbolla, Pablo Juliá, Santiago Sánchez Traver, Pilar del Río, Juan Padra Delgado, Isidoro Moreno, Tomás Feret, José Luis López Rioja, José María Romero, Luis Baquero, Joaquín Salvador, Emilio Parejo, Ricardo Pachón...
Dentro de las revistas puramente culturales, las que más abundan en esta época son las literarias y más concretamente las de poesía, existiendo algunas de arte y miscelánea, entre ellas, en 1977 aparece Sopa de Ganso, cine, cómics, música, poesía, relatos, dibujos, etc. Entre sus promotores, Luis Clemente, Emilio González, Ramón Gotor, Manolo Olmedo y Paco Ramos, su número 1, casi un fanzine, con un dibujo de Nazario en la portada. En 1978 aparece una de las revistas más interesantes de la década, Separata, revista de Literatura, Arte y Pensamiento que dirige Jacobo Cortines, con diseño de Roberto Luna, teniendo en su Consejo de Redacción a Gerardo Delgado, Vicente Lleó, Diego Romero de Solís y José Ramón Sierra. Entre sus colaboradores estuvieron Andrés Trapiello, Fernando Savater, Alberto González Troyano, Kevin Power y contiene dibujos de Carmen Laffón, Luis Gordillo, Fernando Zobel, Ignacio Tovar, Félix de Cárdenas y Soledad Sevilla. En 1980 aparece Albahaca, revista trimestral de crítica de cultura internacional, es su director Héctor M. Fernández y en el Consejo Asesor, Manuel Barrios, Rafael de Cózar, Francisco Díaz Velázquez, Abelardo Linares, José Luis López López, Fernando Martín Martín.

Eclosión de revistas.
“Al principio de los setenta se produce una eclosión de revistas y grupos poéticos en gran parte de Andalucía y, desde luego, en Sevilla, como es natural no todas las revistas o colecciones han tenido la misma influencia o repercusión en el panorama poético” (José Cenizo Jiménez). Por orden cronológico quizá la primera sea la revista Cal de poesía, que con sus 36 números, desde 1974 a 1979, con dirección de Joaquín Márquez, se dedicaron cuatro números monográficos: Rafael Laffón; Poetas Sevillanos; Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. En 1977 aparece la revista Pliego, diseño de Roberto Luna, del Departamento de Literatura de la Universidad de Sevilla, tuvo en sus cinco números como Consejo Editorial a José María Barrera, Rafael de Cózar, José María Capote, Juan Collantes de Terán y Pablo del Barco. También aparece este año la revista que más prometía Calle del Aire, con dirección de Abelardo Linares y Fernando Ortiz, y que dedico su espléndido y amplio número 1 a Juan Gil Albert y, posteriormente pasó a una estupenda colección poética de la mano de Renacimiento y Abelardo Linares. También, el primer número de la revista Albatros, con poemas de Miguel A. Villar, Manuel Jurado López y dibujos de I. Aguilar.
En este año 1978 aparece también Operador, revista de literatura dirigida por Antonio Fuentes, preocupada por las vanguardias, dedica su primer número a Carlos Edmundo de Ory. Cuadernos Abiertos, poesía que publica la Secretaría de Prensa de la Unión General de Trabajadores con poemas en su número 1 de Emilio Durán, Santiago Sánchez Traver, Fernando Ortiz y Francisco Vélez Nieto, diseño de Emilio Rioja. Cuadernos de la Afrobética, cuyo director es Francisco López Barrios, publica su primer número en Sevilla en 1978 con portada del pintor Rafael Zapatero y subtítulo Una reflexión sobre Andalucía veintiséis poemas y trece ilustraciones, el segundo número apareció en Málaga, edita la Cooperativa Andaluza de Escritores; en febrero, de este año, aparece la revista de poesía Nombre (ciclostil) siendo sus redactores Verónica Pedemonte, Antonio Pérez, Jesús Holgado, José María Algaba, Juan Pinto Maestre, Leonor Pedemonte, Juan Troncoso y Gonzalo Bilbao.

La revista Spring 1975, International poetry review de la Universidad Central de Michigan publica un número con poetas de diferentes grupos y revistas españolas recogiendo varios de Aldebarán y Cal. Se publican, además, algunos boletines, como El Heraldo de Padilla (1978) con periodicidad en función de las ganas de su editor o director Rafael de Cózar. Entre sus colaboradores están Fernando Ortiz, Juan Teba, Miguel Mata, Francisco del Río, Antonio Rodríguez Almodóvar o Capela, (2ª época) Boletín de información personal de un hombre que vive en el campo, aunque editada en Badajoz se podría considerar sevillana por su director Bernardo Víctor Carande y sus colaboradores Manuel Barrios, Aquilino Duque, Ramón Carande, además publicaba una Separata llamada los Encuentros de Capela o Capela news que se editaba en Sevilla-Almendral.

Se editan, a su vez, colecciones de poesía como son Ángaro 1971, que en 1979 saca la colección Nudo Sur, Ediciones Hispanoamericanas de Ángaro; Aldebarán 1972; Algo Nuestro 1972, a partir de este movimiento nace la Colección Azulejos vinculada al Grupo Poético Gallo de Vidrio; Tema Sur 1973, del Grupo La Canícula; Entregas de poesía (1978) y Cuadernos de Laraña (1979, Padilla Libros); Dendrónoma 1980; en este año la Cooperativa de Autores Andaluces edita Catálogo donde se recogen poemas, entre otros, de Juan A. R. Tous, Fernando de Juan, Guillermo Sanchís, Francisco Blesa; Edisur 1981, Colección abierta. También hay grupos poéticos de índole local con gran tradición como Noches del Baratillo o más recientes como Zéjel.

Los centros escolares publican revistas o boletines como Etapas (1971) del Instituto Murillo; Bitácora (1974) del Instituto Bécquer, Taracea (1978) del Instituto San Isidoro, Arte Menor (1980) del Instituto Polígono de San Pablo o El Cuervo (1980) del Colegio Aljarafe.

En 1982 aparece Revista del Arte Sevillano con dirección de Manuel Rodríguez Buzón, subdirección José Miguel Serrera, secretario Alfredo Morales y en el Consejo de Redacción Enrique Valdivieso, Carlos Álvarez Santaló, José María Benjumea Fernández de Angulo, Gerardo Delgado, Antonia Heredia, Francisco Morales Padrón y Alfonso E. Pérez Sánchez; se editan tres números en un año. En este mismo año aparece Figura, revista de arte, casi antítesis de la anterior, con sus principales inspiradores, Guillermo Paneque, Rafael Agredano y Concha Ollero, al que se irán uniendo personas como Pepe Espaliú o Mar Villaespesa que hicieron posible hasta el número 7/8 de 1986 en que finaliza su primera época. Vuelve a aparecer la revista con el nombre de Figura Internacional en el número 7 (1988) de la Revista Sur-Express que dirige Borja Casani, y el número 12 de la misma revista anuncia su desaparición definitiva cuando ha sacado su número 3 de Internacional. En estos diez números pasó de ser un intento furioso de unos estudiantes en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla a tener importancia en el panorama nacional y conocimiento en el internacional. Rafael Agredano en su número 0 decía “Dejadnos abrir las ventanas para que entre la contaminación artística y dejadnos ser frívolos, eclécticos, didácticos: que conciliemos el internacionalismo con el localismo, la tradición con la innovación” y Guillermo Paneque, en su último número “Figura dio cuenta de lo que nosotros vivíamos como euforia y eclosión de principio de los ochenta en el arte español”.

Escritores andaluces.
A mediados de los sesenta “se puede decir que se consolida la nueva literatura andaluza; entre ellas Sevilla, frente a las líneas oficiales y dentro del contexto de la Literatura Nacional, volviendo a ocupar, progresivamente, esta zona un papel protagonista, al principio en el ámbito poético, pero también en la narrativa (...). Es preciso citar el inicio de la Narrativa Andaluza que tuvo especial incidencia en la crítica de entonces con narradores como Manuel Ferrand, Ortiz de Lanzagorta, Manuel Barrios, José María Osuna, Federico López Pereira, José María Requena, Julio Manuel De la Rosa o José María Vaz de Soto” (Rafael de Cózar).

A partir de esos años gran número de escritores andaluces van a ser premios, accésit o finalistas de diferentes concursos o galardones que hay en España: Joaquín Caro Romero Premio Adonáis de Poesía 1965; Manuel Mantero, Premio Fastenrath de 1966 con Misa Solemne; Manuel Ferrand Premio Elisenda de Montcada 1966 con El otro bando y el Premio Planeta 1968 Con la noche a cuestas; José Luis Núñez, Accésit del Premio Adonáis 1970 con Los motivos del tigre; José Manuel Laffón, Premio Hora XXV 1971 con La Oportunidad; Alfonso Grosso, en 1971 Premio de la Crítica por Guarnición de Silla y Premio Alfaguara 1973 con Florido Mayo; Julio Manuel De la Rosa, Premio Sésamo 1971 con Fin de Semana en Etruria y en 1979 Premio Ateneo de Sevilla de Cuentos por Signo; en 1972, José Leyva es Premio Biblioteca Breve con La Circuncisión del Señor Solo; Domingo Manfredi, Premio Hernani con El Regalo; José Luis Ortiz de Lanzagorta, Premio Ciudad de San Fernando con El Aplazamiento; José María Requena, Premio Nadal con El Cuajarón; Bernardo Víctor Carande, finalista del Nadal con Suroeste; en mayo de este año el Alcalde, Juan Fernández-Rodríguez, declaraba “Ahora son escritores que se llaman andaluces los que resucitan el ya desaparecido señorito y al cacique y nos catalogan de tercer mundo o en el mundo colonial ¡Qué le vamos ha hacer; allá ellos!”; Antonio Burgos, Premio Ciudad de Marbella 1973 con El contrabandista de pájaros; José María Vaz de Soto, finalista Ateneo 1974 con El Precursor; Aquilino Duque, finalista del Ateneo 1970 con La rueda de fuego, Premio Fastenrath de la Real Academia de la Lengua 1971 por su obra De palabra en palabra, finalista del Nadal 1974 con El mono azul, Premio Nacional de Literatura en 1975; José Antonio Moreno Jurado, Premio Adonáis 1973 con Ditirambo para mi propia burla y Manuel Barrios, Premio Ateneo de Sevilla 1972 con Epitafio para un señorito, en 1976, Premio Ciudad de Barcelona con El paso alegre de la paz; José Luis Núñez, Premio Guipúzcoa-Poesía 1973 con S.O.S. Sur; Joaquín Márquez, Premio Ciudad de Barcelona-Poesía 1974 con La casa navegable; Julio Martínez de Velasco, Premio Aguilar de Teatro 1975 y Premio Ateneo de Sevilla 1981 con La Hermosa Hembra. En 1977 Manuel Barrios y José Manuel Lara mantienen una agria polémica por la denuncia de que el Planeta está dado –a priori– y acaban en los Tribunales. En 1978 Rafael Montesinos obtiene el Premio Nacional de Literatura con Bécquer, biografía e imagen.


Locales variopintos. Los espacios que la cultura usa, en estos años, tienden a lo público, ya sean cubiertos o al aire libre. Los locales cubiertos de la transición sevillana fueron muy variopintos y aunque algunos son objetivamente claros y de importancia general, otros están ligados a experiencias más personales o de colectivos concretos. Uno de estos locales claros de la transición cultural sevillana “son las librerías, debido al cierto anquilosamiento aún existente en las organizaciones públicas y parapúblicas, las que mueven de algún modo la vida literaria andaluza” (Jorge Urrutia), como lo fue la librería Montparnasse que había abierto sus puertas en los últimos meses del mítico año 68 y que, con aportaciones de sus más de cien socios y Andrés Duval al frente, se convirtió en un elemento de referencia y aglutinador de los años difíciles, funcionó también como Sala de Exposiciones y expusieron gente joven como Amalia Cansino, Ignacio Tovar, Miguel Moreno, la colectiva Sobres, Nicomedes... Una de las más activas, en estos años de la transición, es Padilla-libros, al frente de la cual se halla José Manuel Padilla Monje, actor que había debutado en las galas juveniles del San Fernando y del Álvarez Quintero y era un agitador cultural, en su casa, además de vender libros, se hacían todo tipo de manifestaciones artísticas como la representación de Títeres Libélula con la Historia de Mingo o las presentaciones de libros como Aire de Roma Andaluza de Aquilino Duque; Libertad de impresión de Eduardo Chinarro; Primera despedida de Fernando Ortiz; ¡Oh, es él! de Maruja Torres; exposición de Libros de Arte; lecturas poéticas (Jesús Fernández Palacios y José Ramón Ripoll); espacio-ambiente de A. San Martín, Pepe G. Díaz y J. Fernández Molina; o la presentación, junto con el club Gorca, de la revista Calle del Aire por Juan Gil-Albert. La librería Fulmen situada, en esos años, en la Cuesta del Rosario, con un sótano aprovechable para actos, punto de reunión del movimiento feminista, organiza presentaciones de libros, conferencias como el ciclo sobre Herman Hesse, con una ambientación adecuada, exposiciones o el concierto de Chicle, Caramelo y Pipas; la librería Al-Ándalus, con su tradición de tertulias, presentaciones de libros y exposiciones de pintura, organiza, en su cercana placita de Mariana Pineda, a finales de 1972, durante dos días, un festival llamado Sevilla en Rock donde actúan los Bríos, Julio y la Cooperativa, Marcos, Los Solos, Blue Matter... . Otras librerías con espacios más reducidos, como Lorenzo Blanco, en cuya trastienda se almacenaban los clandestinos libros de Ruedo Ibérico, Losada o Fondo de Cultura Económica; Antonio Machado, centro de reunión cultural y política; Reina Mercedes, especializada en diseño, arte y arquitectura; Taller, dentro del Club Gorca; Seminario; Proa...

Teatro. Las que podríamos llamar primeras tribus urbanas eran partidarias de los espacios al aire libre que solían estar ligados a la música y se utilizaban como zona de tertulia, relación y ensayo; eran el caso de la Glorieta de los Lotos, en el Parque de María Luisa, o las praderas del Instituto Murillo, las escalinatas del Archivo de Indias o las de San Fernando en la Plaza Nueva.

Sevilla está viva, como vamos viendo, y el teatro de nuestra ciudad, a finales de los sesenta, como hemos dicho, tiene tres grandes líneas que con el inicio de la década de los setenta, se van a romper y van a proliferar gran cantidad de grupos, varios de los cuales van a tener continuidad en la década y otros van a seguir activos hasta la época actual. Existía otra línea, cuyo representante más cualificado es la Agrupación Álvarez Quintero, fundada a finales de los años cuarenta, que sería la del teatro aficionado. Se da un fenómeno, en estos años setenta, que es la explosión de la actividad teatral, no sólo en Sevilla sino también en la provincia y vamos a tener grupos de teatro en Lebrija-Lebrijano; La Algaba-Algabeño; Puebla de Cazalla-Adagio; Dos Hermanas-Estrella; Arahal-Teatro Popular del Arahal; Alcalá de Guadaíra- Taller de Teatro; Olivares-Teatro del Aljarafe; Osuna-Joven Labranza; Morón de la Frontera-diferentes montajes de Alfonso Jiménez. Varios de estos grupos van a organizar festivales y muestras, de gran interés, en sus pueblos, en la I Semana de Teatro de la Puebla de Cazalla, diciembre 1971 actuaron Esperpento, Quimera (Cádiz), Teatro Algabeño, Adagio y Teatro Lebrijano. Algabeño monta en La Algaba distintos ciclos de teatro y cante jondo en la Torre de los Guzmanes, participando en los primeros, Algabeño, Adagio, Esperpento, Teatro Lebrijano, Tábano, Formas, La Cuadra, José Meneses, Manolo Brenes...; diferentes empresas, como Telefónica, Galerías Preciados o CASA, tenían sus agrupaciones teatrales

Teatro Universitario.
En estos años setenta se produce un bajón en el Teatro Universitario que había sido el más fuerte en la década anterior y, prácticamente, con la desaparición de Crótalo, grupo de estudiantes de Filosofía y Letras, no específicamente universitario que montan El Adefesio de Rafael Alberti con dirección de Miguel Mata y en el que actuaban Juan Antonio Maesso, Encarna Vaquero, Paco Aguilera, Luis Periáñez, Pedro Alfajeme..., hasta 1979 que se consolida Títeres Teatro Universitario con el montaje Las Galas del Difunto de Valle-Inclán, dirección de Ernesto Marín y en 1981 El Dios de Woody Allen, con dirección de Pedro J. González, actuando, entre otros, Francisco Sánchez, Consuelo Trujillo, Gema López..., por lo que, lo único que hace la Universidad es fomentar cursos de interpretación para sus alumnos impartidos por Francisco Díaz Velázquez o Juan Carlos Sánchez y organizar funciones o festivales desde sus Centros de Estudios, como los citados en Arquitectura o el Aula Magna de Derecho o el I Ciclo de Teatro de Cámara y Ensayo de Sevilla en 1973 en la Escuela de Ingenieros Industriales o el Encuentro de Teatro de Andalucía en 1978 en la Facultad de Bellas Artes y las funciones que organizaban en los Colegios Mayores como el de Médicos, Hernando Colón o Fernando III El Santo.

De los teatros convencionales de la ciudad, ya sólo quedaba el Álvarez Quintero, el Cervantes hacía tiempo que no programaba teatro, y el Lope de Vega, uno privado que solía traer, en la temporada, dos o tres obras de teatro y el otro municipal, prácticamente cerrado y que el Ayuntamiento lo abría previo pago de un canon municipal para campañas comerciales y para las “culturales” se reducía porque no se cobraba ni consumo de luz ni calefacción, pero sí los gastos de funcionamiento (acomodadores, taquillero, técnicos, autores y menores) .En enero de 1974 D. José Jesús García Díaz declaraba a El Correo de Andalucía: “El Ayuntamiento piensa crear una Compañía Municipal, estando allí donde no llegan los particulares: Porque Sevilla ha de tener teatro” y la situaba en el Lope de Vega, teatro cuya gestión, en conversaciones mantenidas en 1975 con Mario Antolín, director general de Teatro del Ministerio, se trata de que pase al Ministerio no llegándose a un acuerdo hasta 1977 en que, en el mes abril y coincidiendo con el Domingo de Resurrección, abre sus puertas como Teatro Nacional. En este año el alcalde de la ciudad, Fernando Parias, decía: “Ha preocupado durante 1976 la situación del Teatro Municipal Lope de Vega, el cual constituye, como se sabe, una instalación de extraordinaria calidad, pero de escasa rentabilidad práctica”

Teatro independiente.
Sevilla se convierte en los años setenta en uno de los lugares de España, junto con Madrid, Barcelona, Zaragoza, Bilbao, Valencia y Murcia, donde se desarrolla el Teatro Independiente. “Nacido en los años sesenta y desaparecido –en su formulación original– con la dictadura, constituyó un impulso decisivo en la absoluta transformación que surgió en la escena española (...) los modos de producción, la factura del teatro actual, su marchamo son claros deudores de aquel trayecto feliz que, como tantas veces se dijo en aquellos años, fue una bocanada de aire fresco que se coló por las rendijas del desvencijado edificio del poder” (Roberto Quintana).

En estos años setenta, los grupos de teatro en Sevilla, además de numerosos, son variados y es difícil darle una catalogación de profesionales o aficionados por la dificultad de trabajo existente en la época, sobre todo para una franja media de grupos que se inician en estos años, siendo muy jóvenes, y se van a consolidar en la siguiente como profesionales. El caso más claro de aficionado era la Agrupación Álvarez Quintero, fundada en 1946 y que ha ido representando teatro costumbrista, no exclusivamente, de los Hermanos de Utrera o la Compañía Andaluza de Comedias, escindida de la anterior en 1975, que tiene en su elenco a Idilio Cardoso, que en los ochenta se va a convertir en uno de los actores fijos del cine y el teatro profesional andaluz.

Un caso singular era Tabanque, que había nacido en las postrimerías de la década anterior y con dirección de Joaquín Arbide, uno de los hombres que más había significado en el teatro sevillano. Esta compañía centró su práctica teatral en Sevilla capital, aunque solía hacer giras con las Campañías de Teatro Popular del Ministerio de Información y Turismo, por este grupo pasaban actores que después actuaban en otra compañía o se marchaban al teatro comercial de Madrid. Tabanque montó obras como Tiempos del 98 de J. A. Castro, El Retablo del Flautista de Jordi Teixidor, en 1973 dentro del VII Mayo Musical Hispalense, y junto con la Filarmónica de Sevilla El Retablo de Maese Pedro de Falla, con motivo del cincuenta aniversario del estreno en Sevilla, su último montaje es de 1976 y está dedicado a la figura del cantonalista gaditano Fermín Salvochea. Otro grupo de finales de los sesenta que se consolida en 1972 es el TECH (Teatro Ensayo del Círculo Hispalense) cuando monta El desván de los machos y el sótano de las hembras de Luis Riaza que recibe el Premio de Interpretación del Festival Nuevo de Sitges en 1973 y cuando empiezan a ser solicitados para actuar fuera de Sevilla la censura le prohíbe la obra. El grupo Formas, nacido en 1970 en la escuela de aprendices de Hispano Aviación montó El Escorial de Michel de Ghelderode, Vida y muerte de Severina de Cabral y Los Antropófagos de Martín Elizondo. Tinaja 7 nace en un club parroquial en 1970, en 1973 estrena su primera obra Los Esclavos, versión del grupo sobre Cuatro farsas contemporáneas de Martínez Ballesteros. Con esta obra hace sus primeras actuaciones en diferentes barrios, en 1974 monta Cantata de la Conformidad de Bertolt Brecht y en 1976 De la lucha del pueblo Vit contra el invasor de J.A. Hormigón. El TES (Teatro Estudio Sevilla) formado en 1978 alrededor de dos antiguos profesionales dedicados, en ese momento, a la enseñanza: Carlos Álvarez y Linos Fidalgo, monta La Mecedora de Carlos Álvarez y El Dragón de Schwartz, aparte de los ensayos en el horario nocturno funcionaban también como escuela. En estos últimos años aparece el grupo Tiempo, dirigido por Ramón Resino, profesor de dramatización del Colegio Aljarafe, que monta La Casa de Bernarda Alba y la estrena en 1980 con éxito en el Lope de Vega. Entre sus actrices están Trinidad  Durán, Concha Salazar, Carmen García Calderón, Isabel Rodríguez, Alejandra del Campo, Concha Martínez, Diana Peñalver... Estos dos últimos grupos se unen y, a finales de 1981, presentan en el Lope de Vega Luces de Bohemia de Valle Inclán, dirigido por Ramón Resino y el personaje de Max Estrella representado por Carlos Álvarez. Actuaron Sofía Aguilar, Sergio Aroca, Isabel Delgado, Sara Fernández, Carmen García Caldera, Ambrosio Gassols, Vicente Palacios, Diana Peñalver... Otro grupo nacido en 1977, Siroco, se plantea su trabajo para distribuirlo por fábricas, barrios y pueblos, montó Campanadas a muerte de José Solano, basada en los hechos de Vitoria de 1976 y la estrenó en la Asociación de Vecinos La Unidad del Polígono San Pablo. Teatro Circo La Plaza que nació en 1976 y en 1978 con El Paro de Eugenio Fernández se plantea la profesionalización, montando posteriormente El charli, el currito y el empollón de Alvarito, componían el grupo Eugenio Fernández, Antonia Gavilán y Carmen Fernández (Meli) que posteriormente se dedicaría profesionalmente a las marionetas.

Esperpento.
En 1975 se crea Teatro Laboratorio con Ginés Sán-chez y Ana Aguilar al frente, en 1976 monta Sapiens e inicia una gira que les va a tener fuera de Sevilla unos años. Y La Jácara teatro de vanguardia, al que solo es necesario que pasen unos años, desde su primera unión en 1974 para que se conviertan en profesionales y, sobre todo, su director Alfonso García Zurro sea hoy uno de los directores de éxito a nivel nacional y reputado autor. Después de diversos tanteos en 1979 estrenan La Balada del Gran Macabro de Michel de Ghelderode que es la que les abre las puertas de la profesionalidad. Hemos venido haciendo una escala de grupos de aficionados a profesionales

La profesionalización de los grupos sevillanos llega con la década y el primero que lo hace es Esperpento con la obra Cuento para la hora de acostarse de Sean O’Casey con dirección de José María Rodríguez-Buzón, escenografía de Juan Ruesga y actores como Mariana Cordero, Antonio Andrés Lapeña, Roberto Quintana, Juan Carlos Sánchez, el grupo lo formaban diez personas más que no actuaban en esta obra, además de gira por Francia, Suiza, Alemania, Holanda y Bélgica, hicieron más de 200 funciones con exitosa temporada en el Teatro Capsa de Barcelona, después fue prohibida y multada. Inmediatamente después aparece La Cuadra que toma el nombre del lugar de ensayos que ha prestado Paco Lira, en la Calzada de Santo Domingo, este grupo es herencia del éxito de Oratorio del Lebrijano en Nancy. El primer espectáculo es Quejío con letras de Alfonso Jiménez y Salvador Távora y puesta en escena de este último, colabora Pepe Monleón. Este montaje supone un rompimiento con la forma de trabajar, en ese momento, en el Teatro Español y hace que, desde el estreno, principios de 1972, hasta finales de 1974 realizasen más de 400 actuaciones en Europa y América Latina. A finales de 1973 se constituye Teatro del Mediodía, partiendo de una escisión de Esperpento, y estrenan su primer montaje en 1974 Farsantes y Figuras de una comedia municipal, dramaturgia de A. Andrés a partir de entremeses del Siglo de Oro, dirección de José María Rodríguez-Buzón, escenografía de Juan Ruesga, música de Miguel Mata y Paco Aguilera y con la actuación de Antonio Andrés, Adela Abad, Roberto Quintana y Justo Ruiz, con este montaje se realizan más de 200 funciones y giras por la emigración económica europea.
En 1977, se había creado la Compañía de Teatro Infantil de Sevilla con dirección de José Pablo Ruiz, estrenan en el Lope de Vega y en temporada Atila toma tila, de Julio Martínez de Velasco y, en 1978 Asamblea General de Lauro Olmo. También en 1978, un grupo de actores que habían pertenecido a diferentes grupos como Esperpento, Mediodía o Tabanque, Luis Alfaro, Juan Tamarit, Paloma Suárez, Josefa Cabello y Francisco Sánchez, montan la Cooperativa de Actores Sevillanos y estrenan Un Cuento de Madrugá versión libre y andaluza del texto de O’Casey.

Artistas plásticos.
La nómina de pintores en Sevilla, en los años setenta, es amplia, con representantes de varias generaciones: Alfonso Fraile, Joaquín Sáenz, Teresa Duclós, Claudio Díaz, Rolando Campo, Paloma Benítez... Es esta una ciudad que tiene Facultad de Bellas Artes, con profesores tradicionales, en la cual solo la impronta de algunos como Miguel Pérez Aguilera, la muy breve estancia de Carmen Laffón o la del teórico Sureda, influyó en el desarrollo de los jóvenes que eclosionaron en los años ochenta. Fue determinante el contacto, más que los profesores, con pintores de fuera de Sevilla, como Fernando Zobel, que pasaba temporadas en esta ciudad, en la que tenía casa y estudio, y se reunía con todo tipo de artista como el arquitecto y diseñador Manuel Alonso o el músico Paco Aguilera que le enseñaba a tocar la flauta travesera; también Paco Molina, al cual pudimos ver sirviendo copas en La Cuadra de Santo Domingo, viviendo en el Museo de Arte Contemporáneo de San Hermenegildo, tener sitio reservado en la Cantina de Madre Rafols, tomar ponche en las madrugadas del Bar Santiago y recibir en su casa-estudio a primeros de año al Todo Sevilla, en la calle Santo Ángel, con motivo de su cumpleaños: Trasgresor y animador del movimiento pictórico en la ciudad tuvo la gran virtud de enseñar senderos, prácticamente desconocidos, no solo a los pintores sino al público en general.

A principios de 1971 se había inaugurado la Galería Vida, en el Centro Cultural de los Jesuitas, que dirigió, durante cuatro años, Roberto Reina, exponían, fundamentalmente, a pintores locales: Pajuelo, Chonín Navarro, Cuadrado, Montes, Fernández Lacomba... o exposiciones de homenajes a Miguel Pérez Aguilera o al Surrealismo; en 1972 Casa Damas, histórico comercio dedicado a la venta de partituras musicales, discos e instrumentos y lugar de tertulias de flamencos cabales, situada en la calle Sierpes desde 1853, inaugura una nueva tienda en la calle Asunción, con diseños de Agustín Rodríguez y, en ella, se instala una sala de audiciones que pronto se va a convertir, más que nada, en galería de arte; la muestra inaugural reúne a ocho pintores: Gerardo Delgado, Equipo Múltiple, Fernando López, Francisco Molina, Agustín Rodríguez, José Ramón Sierra, José Soto y Juan Suárez. A lo largo de más de cinco años pudimos ver, en sus salas, exposiciones de la Familia Carande, Amadeo Gabino, Colectiva El Cepillo, Dámaso Ruano, Carles Pujol, Cerámicas de Paco Cortijo, Exposición de Grabadores (Cortijo, Cuadrado, Márquez, Castaño, M. De la Gala, Félix de Cárdenas...), dirigía la sala Agustín Rodríguez y José María Mellado se encarga de las audiciones, tanto grabadas como en vivo, entre las cuales podemos recordar a Marcos Mantero cantando a Brassens o recitales de piano de Manito Narváez; de Isidoro Carmona a la guitarra.

En 1974 van a abrirse en Sevilla dos galerías diferentes pero con gran trascendencia: la primera, a medio y largo plazo, Galería Melchor, que va a dirigir a los pocos años de su inauguración Rafael Ortiz, y en la que vamos a poder ver, a finales de los años setenta y primeros de los ochenta a Pedro Simón, Rafael Zapatero, Antonio Sosa, Patricio Cabrera ...; y, la segunda, Centro de Arte M-11 que restaura para su instalación la casa natal de Velázquez y se dota de una magnífica biblioteca y hemeroteca de arte contemporáneo con un equipo al frente de Kiko Rivas, Diego Carrasco y Manuel Salinas, se realizan exposiciones de Saura, Gordillo, Millares, Equipo Crónica, Alberto, Manolo Quejido, Paco Reina..., y, además, presta locales de ensayo a grupos de teatro como Mediodía, en la calle Jesús del Gran Poder, encima de la discoteca Holiday en el cual también ensaya el grupo Goma al cual le prestan equipo y ayuda en la producción del disco 14 de Abril, presentado en sus locales dicho día de 1975 con una audición, los músicos eran: Alberto Toribio, Antoñito Rodríguez, Pepe Sánchez, Manuel Rodríguez, Pepe Lagares y Pive, la portada de este disco, al igual que los antológicos catálogos, fueron diseñados por Alberto Corazón y los textos son de J. M. Bonet. Esta experiencia dura poco más de un año y el centro cierra.

Grabadores.
A finales de los años setenta los grabadores sevillanos montan Litografía y Calcografía Sevillana en un almacén de un singular patio sevillano en la calle Sor Ángela de la Cruz, 3, alrededor del magisterio de Paco Cortijo se reúne Félix de Cárdenas, Manolo Castaño, Mercedes de la Gala, Maria Manrique, Paco Reina, Rosa Ricca, José Pedro Ruiz y Margarita Sierra; este local servía de taller de impresión, lugar de venta y de enseñanza. Otras galerías sevillanas de estos años fueron Álvaro (1973), Amplitud (1975), Haurie (1976), Murillo (1977), Magdalena Mesa y Múltiple (1978)... ; también hay que tener en cuenta las salas de exposiciones del Banco Occidental en Plaza Nueva, Pablo Serrano o Juan Francés; el Club Gorca: Juan Manuel Rodríguez Arte actual de Sevilla o Cerámica Popular de Sevilla, también estaban la de instituciones privadas como la Caja de Ahorros San Fernando, en la calle Imagen, 2; el Colegio Oficial de Arquitectos en Imagen, 12, y la de los Colegios Mayores, Ateneo, Labradores, Mercantil ...

Transición flamenca.
En el flamenco la década de los setenta es una década de transición, pues si bien se realizan gran cantidad de actividades en los diferentes ámbitos, todas ellas son continuación o consolidación de movimientos que han nacido en las décadas anteriores. El inicio del momento de transición, al igual que en las otras artes, se da en la mitad de los sesenta y lo marca la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla que preside José Núñez e Castro y la formaban Manolo Barrios, Rafael Belmonte, Antonio Mairena, Luis Caballero, Juan Sánchez Bernal (Naranjito de Triana), José Cala (El Poeta) y que tuvo como colaboradores a José Romero, Pepe Pinto, Manolo Mairena, Antonio Núñez (Chocolate), La Sayago, Matilde Coral... Apoyaba la Tertulia y también participaba en ella Manuel Alonso Vicedo, su día de emisión eran los martes a las nueve de la noche, y como decía Naranjito de Triana “no tenía duración fija, como Manuel Alonso Vicedo era el que mandaba allí, pues si el programa era interesante lo alargaba y si no lo era, cortaba antes”.

En 1966 se había realizado la Misa Flamenca, y se grabó, pero la Tertulia impuso que se cantase en la Parroquia del Polígono San Pablo, (el 29 de junio de 1978) por Antonio Mairena, Naranjito de Triana y Luis Caballero, con El Poeta a la guitarra. En julio de 1971 en Florencia, en la Iglesia del Santo Espíritu, dentro del Congreso Europeo de Juventudes Musicales; en 1972 la llevaron, en Navidades, a Puerto Rico. La Tertulia Flamenca promovió el monumento a la Niña de los Peines que fue inaugurado en 1968 y también promovió que nuevas calles del Polígono San Pablo llevasen por nombre los diferentes palos del flamenco. La Tertulia recibió el Premio Ondas en 1971 por la Misa Flamenca e instituyó el Premio Yunque de Oro. Se consolida lo que se llamó El Flamenco en la Universidad, en 1969 la Tertulia Flamenca, con el Aula de Cultura de Derecho, había organizado una conferencia-audición con Rafael Belmonte comentando y Antonio Mairena al cante y José Cala a la guitarra en el Aula Magna. Posteriormente, Antonio Mairena pone en marcha una iniciativa que se llamó La Casa de los Mairena en la que actuaban Antonio, Manolo y Curro Mairena, que interpretando diferentes palos actuaron por las Facultades: Ingenieros, Filosofía, Medicina...

Peñas y festivales.
Son, estos años, de nacimiento de las Peñas Flamencas en Sevilla, la primera de las cuales es Las Torres Macarena en julio de 1974 en la calle Torres, 18, y la inaugura y bendice con vino, Antonio Mairena. La Peña La Fragua se fundó en abril de 1975 en Bellavista, barrio natal del guitarrista flamenco Isidoro Carmona, ya en 1977 se fundó la peña El Chozas en la barriada Su Eminencia, como homenaje al cantaor José Antonio Muñoz, que ayudó mucho a su peña en los inicios. En 1978 la peña flamenca El Niño Ricardo (guitarrista) que se había constituido hacía poco, organiza en el Lope de Vega un recital de guitarra flamenca y clásica donde actúan los dúos Yagüe-Calero y Rodríguez-Carmona. En este mismo año se constituye la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas. Los años setenta son también momentos de auge, cantaores con letras y vinculaciones políticas: Manuel Gerena (Alberti), José Meneses (Moreno Galván), El Cabrero, Pepe Suero...; los dos primeros actúan en el año 1974, en el Palau de la Música de Barcelona y en el Olimpia de París, respectivamente.

Los Festivales Flamencos son también otra actividad con gran desarrollo en los años setenta y ochenta, se habían iniciado, tímidamente, en décadas anteriores: Potaje de Utrera (1957), Mairena del Alcor (1962) Cante Grande de Écija (1962), Gazpacho de Morón (1963), Caracolá de Lebrija (1966), Guitarra de Marchena (1967), Reunión de Cante Jondo de la Puebla de Cazalla (1967). En las décadas posteriores llegan a ser más de veinte en la provincia de Sevilla. Todos los aficionados y críticos comentan a finales de los ochenta que la fórmula está agotada, aunque antes ya se había puesto en primer plano la crisis artística, y José Luis Ortiz Nuevo dice en 1984: “No creo que sea justo que haya artistas que estén cantando las mismas letras, los mismos cantes, el mismo repertorio de hace veinte años”. En Sevilla capital, el primer Festival se celebra en 1976 en el Cortijo El Cuarto, de Bellavista, organizado por la Peña La Fragua, con su correspondiente concurso. En 1974 se había celebrado, en Sevilla, en el Parque de los Príncipes (pista de exhibición) una Semana Cultural Flamenca, con las actuaciones de Diego Clavel, Pansequito, Gabriel Moreno, Manolo Mairena, Camarón, Gabriela Ortega...  En 1981, en Triana, Chiquetete organiza Pasando el Puente con las actuaciones de Camarón, Fosforito, Turronero; Juanito Villar Pansequito, El Cabrero, Nano de Jerez, Manuel Mairena, al cante; la Tati y Angelita Vargas, al baile, y Tomatito, Paco Cepero, Rafael Heredia y Manuel Domínguez, a la guitarra.

Copla.
Los años setenta son también años de copla, no bien tratada en ciertos ambientes progres, pero con defensores como Vázquez Montalbán o Antonio Burgos. La más joven, dentro de las famosas, es Isabel Pantoja, que comienza sus éxitos a mitad de estos años y que en 1977 monta el espectáculo Ahora me ha tocao a mí. Junto con Paco Cepero y Raúl Sender lo estrena en Sevilla en el Álvarez Quintero en 1978, se unen a Gracia Montes, Marujita Díaz o Carmen Sevilla, que ya habían triunfado en los años anteriores, o a una Estrellita Castro bastante anterior pero que todavía actúa de vez en cuando. De los escritores de la Copla hay que recordar a Rafael de León, sevillano que todavía compuso para Rocío Jurado e Isabel Pantoja algunos temas en los años setenta, aunque sus grandes éxitos a trío con Quintero y Quiroga corresponden a las décadas anteriores de los sesenta y cincuenta.

A finales de los años setenta Joaquín Arbide, que llevaba unos años de retiro después de su último montaje de Salvochea con Tabanque, vuelve y monta una serie de espectáculos de café teatro, en diferentes lugares de la ciudad: en el Michel, prolongación de Santa Cecilia; antiguo cine Chaplin; discoteca Holiday, en Jesús del Gran Poder o en el barco Margarita II, en el Muelle Delicias. Las obras que monta son La muñeca de goma, de Manuel Barrios, El caso del lunar en el pompi, de Agustín Embuena, El sexto, no comer carne, de Emilio Durán, La señorita cortijera y el aperao de José Antonio Garmendia ... Esta experiencia ya la había realizado a principios de la década en que montó, en la Sala de Fiestas Oasis, Mujeres, flores y pitanzas, de María Aurelia Capmany. También, a finales de esta década, Miguel Mata administra y programa, en la calle Monte Carmelo El Bluesville donde programa, aparte de música, espectáculos: Marionetas Historia de Mingo de Libélula o Teatro del Mediodía con El Bello Adolfo.

Lope de Vega y Álvarez Quintero.
Como hemos dicho, en abril de 1977 el Teatro Lope de Vega reabrió sus puertas como Teatro Nacional, con una programación estable y diversa y así se mantuvo hasta 1985 en que volvió a cerrar para que fuese rehabilitado dentro de los programas que puso en marcha el MOPU y la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía. En este tiempo estuvo dirigido por José Javier Ortiz, funcionario de Teatros Nacionales y Festivales de España, al cual ya conocíamos, tanto por ser sevillano como por su responsabilidad en los Festivales que se organizaban en Sevilla. En estos años de 1977 a 1983, la media de compañías, que venían a representar anualmente en el teatro, era de 32 con alrededor de 500 representaciones por temporada, la programación era muy variada y actuaban cantidad de compañías andaluzas, no sólo de teatro, sino también de danza. La temporada inaugural, abril de 1977, programó el I Festival de la Ópera de Sevilla, con la Compañía de la Ópera del Teatro Nacional de Praga, puso en escena la Così fan tutte y El rapto del Serrallo de Mozart y la Compañía de Ópera del Teatro Nacional de Ostrava La novia vendida de Smetana, y Las bodas de Fígaro de Mozart. Realizó estrenos nacionales de gran éxito como La hija de Aire de Calderón, puesta en escena del Centro Dramático Nacional con interpretación de Ana Belén y dirección de Lluís Pascual, o Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las Flores de Federico García Lorca, con Nuria Espert y dirección de Jorge Lavelli, o programó, con gran éxito, un proyecto propio que fue la Quincena de Flamenco y Música Andaluza, en diciembre de 1979; y dio paso a programaciones de Teatro Infantil en horario para niños. A finales de noviembre de 1980 el entonces director general de Música y Teatro, Juan Antonio García Baquero, sevillano y ligado al Teatro Aficionado en Sevilla en los años cincuenta y sesenta, propuso que el teatro volviese al Ayuntamiento cosa que no se realizó hasta su reapertura en 1988.

El Teatro Álvarez Quintero seguía, como siempre, programando de vez en cuando teatro que abarcaba todos los géneros como Sencillamente un burgués de Dorín, por la Compañía de Arturo Fernández; Yerma de Víctor García y Nuria Espert; Cándido de Moliere por el TEI; el musical Hair o Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca de Martín Recuerda con dirección de Marsillach, actuación de Concha Velasco, coreografía de Mario Maya y, al cante, Enrique Morente.

En la Casa Natal de Velázquez se reabre otra institución sevillana, que no va a tener tampoco larga vida, y es la Sociedad de Bibliófilos Andaluces que realiza ediciones facsímiles como el álbum Sevilla 1851 del Vizconde de Vigier (1977) y Compendio Histórico Descriptivo de Sevilla de Fermín Arana de Varflora con prólogo de Alfredo Morales (1978), Relación Histórica de la Judería Sevillana, de José María Montero de Espinosa con estudio preliminar de Antonio Collantes de Terán (1979). En 1978 reabre sus puertas el Ateneo Popular, después de un paréntesis desde 1936, al frente de él Pedro Ruiz Berdejo. En 1979, en San Hermenegildo, se pone en marcha la I Feria de Antigüedades, Numismática y Filatelia con la colaboración de la Asociación de Anticuarios y la Delegación del Ministerio de Cultura.

Paco Lira.
Al igual que me refería a dos pintores por su importancia en Sevilla, tampoco se puede uno olvidar de Paco Lira ¿Quién es y qué representa Paco Lira? Difícil respuesta que sólo se podría responder después de ver y conocer la historia de sus locales de estos años. Tuvo otros anteriormente, La Cuadra, de la calle Santo Domingo; El Faro Azul, de la calle Amor de Dios, y La Carbonería, de la calle Levíes, probablemente algo de esta pregunta la pueden responder mejor dos buenos literatos sevillanos, refiriéndose más a su último local que a él mismo, pues lo uno no se explica sin lo otro. La Carbonería es según Rafael de Cózar “la versión moderna y sevillana de la Institución Libre de Enseñanza o una especie de ONG Cultural que se mal financia gracias a las costumbres tabernarias y a la fidelidad de tantos habituales enganchados a la casa”. Las actividades durante años de La Carbonería las resume Fernando Ortiz: “Se han dado cita, desde antes de la transición, reuniones de asociaciones y partidos democráticos, lecturas poéticas, exposiciones de jóvenes pintores, escultores... Ha habido cante flamenco y publicaciones y mil cosas más, y sobre todo, un ámbito, una especie de convivencia, sin otra premisa previa que no fuese una cierta tolerancia con los demás”.

Libros en Plaza Nueva.
La Feria del Libro, que como hemos dicho, se inauguró en Sevilla en 1967, se va a mantener, durante toda la década, en la Plaza Nueva, con incursiones a El Salvador y va a ser en la década de los ochenta, con motivo de las obras del metro, cuando inicie su peregrinar por diferentes lugares hasta que vuelve a Plaza Nueva a finales de los noventa, durante estos años oscila entre las 40 y 50 casetas. En 1975 el Comité de la Feria del Libro organiza una serie de actividades paralelas a celebrar en los salones del Banco Occidental de Plaza Nueva y son suspendidos por la autoridad gubernativa. En 1976 el INLE decide duplicar las cuotas y después de tiras y aflojas se celebran dos ferias, una la oficial, en la Plaza Nueva, y la otra, llamada Feria en Librerías que contó con 20 de las 35 librerías que se estimaba habían en la ciudad: Antonio Machado, Beethoven, Cernuda, Concilio, Cultural, El Rosario de Oro, Fulmen, Heliópolis, Internacional, Itálica, Montparnasse, La Mandrágora, Nervión, Olivam, Pretil, Reina Mercedes, Seminario, Sur, Tallier, Vértice. A estas librerías se les prohibían los actos de divulgación, no sólo en Sevilla sino también en los barrios y pueblos hacia los que se extendió: San Diego, La Algaba, Castilleja, Morón.... En 1977 se mantuvieron las dos ferias y los libreros paralelos organizaron la Tercera Reunión de Escritores, Libreros y Enseñantes Andaluces. En 1978, y ya con el Ministerio de Cultura creado, se superaron los problemas y se celebró la XII Feria del Libro, del 7 al 16 de abril en la Plaza Nueva. La Feria se dedicó a la Generación del 27 y tuvo variedad de actividades paralelas de un buen nivel.
Ligado al fenómeno de la lectura está la problemática de la Biblioteca Pública de Sevilla, que había cerrado sus puertas en 1972 por venta y derribo del edificio que la acogía, en la calle Rioja, La Sociedad Económica de Amigos del País; lugar en que se celebraron las jornadas del Homenaje a Góngora en 1927, que no volvió a abrirlas hasta 1979 en la calle Alfonso XII, inaugurada por D. Manuel Clavero, ministro de Cultura, y Javier Tusell, director general de Bellas Artes. Ambos, después de la inauguración y con motivo de la visita al Museo de Bellas Artes, opinan de éste: “Su estado es penoso” y “Eso más que un Museo es un almacén de cuadros”, respectivamente.

¿Existe o no un cine andaluz?
En el año 1967 la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica Sevillana (Francisco Gaitán, J. M. Holgado, M. A. Yáñez Polo, ...) organiza el Certamen de Cine Amateur Giraldilla que durante nueve años consecutivos va a celebrar su Festival en los formatos de S-8mm. y 16 mm. La Unión Sevillana Independiente de Cineastas Andaluces (USICA), que podía considerarse heredera de la anterior, se fundó en 1978 como Asociación y participa en 1979 en la I Semana de Cine de Andalucía que había organizado la Coordinadora de Cine Club, puso en marcha el I Festival de Cine Amateur en el cual se concedieron los premios Ciudad de Sevilla y USICA 1980; en el Salón de Actos de la Facultad de Bellas Artes, en el mes de marzo, con llenos diarios y entre los filmes proyectados destaca Antoñito José se va a la mili del Colectivo Cinematográfico El Bodrio, con un joven Antonio Cuadri en sus filas. El Cine-Club Vida pone en marcha a principios de los años setenta una escuela de cine dirigida primero por Rafael Bohigues y después por José Ramón Díaz Sande, se conceden títulos de Monitores de Cine, otorgados por el CECIJ (Centro Español de Cine para la Infancia y la Juventud) desaparecía en 1978.

Los años setenta son los años de la pregunta: ¿existe o no un cine andaluz?, y de los matices: cine de temática andaluza, cine hecho por andaluces, cine hecho en Andalucía, Andalucía en el cine ...  Hay que tener en cuenta que la industria del cine se sostiene en, por lo menos, tres pilares: los empresarios de cine, los distribuidores y los productores, y de éstos algunos no existían y otros no estaban ni asociados. También son años de producción y Juan Fabián Delgado dice: “En la segunda mitad de la década de los setenta, coincidiendo con el postfranquismo inicial y con la tímida reestructuración socio-política del país, se dan por primera vez en Andalucía las bases para una producción cinematográfica propia”. Manuela de Gonzalo García Pelayo (1975), sobre una novela de Manuel Halcón, producida por Galgo Film que después produjo en 1976 La Espuela tomando como base una novela de Manuel Barrios, con Pancho Bautista como guionista y Roberto Fandiño en la dirección. De este último director y con la productora Films Bandera es María la Santa basada en una obra de teatro de Fernando Macías-Campanadas, sin eco. En el mismo año 1978 Gonzalo García Pelayo monta su propia productora Za-Cine y rueda Vivir en Sevilla, con guión de Javier y Gonzalo García Pelayo, y después Frente al mar (1979) con guión de José María Vaz de Soto. Ya en los años ochenta se rueda el primer largometraje de otra productora, Triana Films, con la dirección de Pancho Bautista, Se acabó el petróleo (1980), con las actuaciones de Pepe Da Rosa, Paco Gandía y Josele; este mismo director va a dirigir en 1981 una especie de continuación, aunque no temática, de la anterior: Los alegres bribones con la actuación de Pepe Da Rosa, Paco Gandía y Antoñita Colomé, y en 1982 un largometraje documental titulado La saga de los Vázquez. Gonzalo García Pelayo dirigirá, en 1982, Corridas de Alegría, y luego Rocío y José (1983). En este año debuta como directora de largometrajes Pilar Távora con Nanas de Espinas basada en la obra de teatro del grupo La Cuadra del mismo nombre.

En los años finales de la década de los setenta hay tres películas de temática andaluza que tienen interés por motivos distintos y que alguna ni se rueda en Andalucía, como es el caso de Ocaña, retrato intermitente (1978), basada en la vida y más en la experiencia barcelonesa del pintor de Cantillana, con dirección de Ventura Pons. Rocío (1980) de Fernando Ruiz Vergara, documental que dio pie a grandes polémicas, y Tierras de rastrojo (1980) de Antonio Gonzalo, basada en la novela de Antonio García Cano. En ésta se trata la problemática del campo andaluz, los actores la hicieron en cooperativa y actuaba Manuel Gerena. Son años en que una serie de directores van a trabajar en 16 milímetros, realizando cortometrajes, algunos como Nonio Parejo y J. S. Bollaín van a comenzar sus experiencias en video, b/n carrete abierto, es el caso de Víctor Barrera con La reina de las isla de las perlas y El terrorista; J. L. Bollaín La Alameda, Soñar en Sevilla, C-A-79, un enigma del futuro junto con Nonio Parejo, que también es autor de Fin de Meridiano y 28-F producido por la cooperativa ECA; Francisco Rodríguez de Paula El Modulor, Sombra negra, Ese toro solitario; Pilar Távora Sevilla, Viernes Santo Madrugada, Andalucía entre el incienso y el sudor. En 1979 se crea ECA –Equipo de Cine Andaluz– que se da a conocer en el Festival de Cine de Huelva de ese año y presenta el proyecto de un informativo andaluz.

Comenzamos el año 1980 con un Festival de Cine Amateur y lo cerramos con el I Festival Internacional de Cine de Sevilla, ambos no duraron  ni una década, parece que es el sino de los festivales de cualquier signo y especialidad artística, cuando ya lleva una serie de años y parece que se han consolidado se les suprime, sin pena ni gloria y como la sociedad no suele protestar, enterrados están. Este Festival Internacional, de vida aciaga, celebró cuatro ediciones con equipos de dirección diferentes en cada una de ellas y con resultados tanto en taquilla como de público dispares, la cuarta edición que fue la de cierre se celebró en 1983, siempre fueron en otoño y durante las cuatro ediciones se les prestó interés al Cine Andaluz en las tres primeras, un Certamen de Cine y en la cuarta una exhibición de los producidos, pues había que templar desajustes anteriores. Fue un Festival que estuvo a punto de tener su sitio en el Concierto Nacional e Internacional de Festivales, tanto por el apoyo de las Mallol Americanas como por la crisis en la que estaba San Sebastián, pero no pudo ser, veremos si otra vez será.

El Rock.
Hemos visto cómo, a principios de los setenta, la música progresiva que se realizaba en nuestra ciudad marcaba el paso en España, ahora bien, también teníamos desfilando por nuestros dispares escenarios la música que se hacía y que estaba de moda, tanto los cantautores de los más diversos estilos como los llamados populares. Por el Lope de Vega, desde principios de la década, pasaron los unos y los otros: Paco Ibáñez, Miguel Ríos, Jorge Cafrune, Patxi Andión, Mocedades, Facundo Cabral, Sisa, Hilario Camacho, José A. Labordeta, Serrat, Música Urbana, Jordi Sabater. Por los Festivales de España: Mª Dolores Pradera, José Luis Perales, Mari Trini, Soledad Bravo, Quilapayum. Por las Facultades o Asociaciones de Vecinos: Rosa León, Elisa Serna, Luis Pastor, Jarcha. Hay diferentes conciertos que marcan hitos, como el de Benito Moreno y Carlos Cano, en el Lope de Vega en diciembre de 1975, o el que se llamó Primer Encuentro de Música Andaluza, en 1977, en el Colegio Mayor San Juan Bosco, donde actuaron Triana, Gualberto, Diego de Morón, El Joselero, Gente de Pueblo, Carlos Cano, Benito Moreno, El Pali, Camarón ...; o el celebrado en el campo de fútbol de los Salesianos, en 1979, titulado Un detalle con Julio Matito que se había matado en la carretera, en ese año, y que juntó, en el escenario, a prácticamente todos los músicos y bandas de música sevillanos.

El rock sevillano va a tener desde mediados de la década diferentes nombres propios, uno de gran influencia nacional y que va a marcar normas, como es el caso de Triana, al que seguirán Alameda y Guadalquivir o, de otro estilo, Lole y Manuel y, más tarde, Los Montoya y otros más singulares y variados, como Storm, Veneno, Imán, y después, en 1978, los hermanos Amador con Pata Negra. Desde los años sesenta, entre los muchos músicos que pasan de un grupo a otro, destacan dos que van a dar continuidad a la música sevillana durante décadas estos son: Silvio y Gual-berto.

El retorno de García Mato. En la música clásica, la ciudad también tenía su vida, aunque no tan rica como en las otras músicas, no obstante, asociaciones como Sevillana de Conciertos o Juventudes Musicales, con su infatigable presidente, Julio García Casas al frente, organizan ciclos de conciertos como Podium de Jóvenes Artistas o Tribuna de Jóvenes Interpretes; o ciclo de grandes maestros que nos permitió ver en 1971 a los Niños Cantores de Viena; en 1972, la Orquesta de Cámara de Leo Janacek; en 1973, Arthur Rubistein; en 1974, Agustín León Ara y la Orquesta de Cámara de Bucarest; en 1976, Alexis Weisemberg; en 1979, Gorostola al violonchelo y Manuel Castillo al piano... La Cátedra Cristóbal de Morales, de Extensión Universitaria, que dirigía Enrique Sánchez Pedrote también organizaba ciclos de conciertos.

En 1976 vuelve del exilio el músico Manuel García Mato que había sido pianista de La Bética de Cámara, fundada por Falla; la Coral San Felipe Neri, dirigida por Fernando España, da su primer concierto y también se funda el Coro de Cámara del Ateneo, que junto con la Asociación Coral de Sevilla y el Coro de la Universidad de Sevilla que vienen de finales de los años cincuenta, conforman el panorama coral de la ciudad. La Orquesta Bética Filarmónica va a ser la pieza clave de la música clásica en Sevilla durante estos años, con todas sus luces y sombras. Se refundó, en 1964, sobre la idea de la Bética de Cámara de Falla de 1923 y, al frente de ella, es contratado Luis Izquierdo; en los años setenta contó con gran ayuda de la Obra Cultural de la Caja de Ahorros San Fernando, esta Orquesta estaba formada por profesores del Conservatorio, la Banda Municipal, alguna banda militar y becarios; esto permitía malvivir a una orquesta que, en sus mejores años, no superó los veinticinco millones de presupuesto y sus profesores solían cobrar veinte mil pesetas (años setenta) brutas por concierto. Los conciertos los solía dar la Bética en el Lope de Vega o en el Salón del Conservatorio, de la calle Jesús del Gran Poder o, también, en la Iglesia de El Salvador o La Anunciación; contaba, la orquesta, con una pequeña ayuda del Ayuntamiento de Sevilla y del Ministerio de Información y Turismo. Además del titular de la Orquesta, la dirigieron en estos años Gesllard Winberger, Enrique García Asensio, Elmer Bernstein, Manuel Gandulf; actuando como solistas Rafael Orozco, Rosa Sabater, Jacinto Matute y Ángeles Rentería ...; el número de músicos que pasaron por esta orquesta en estos años sería cercano a cien, con una plantilla aproximada de sesenta profesores. Francisco Muñoz Conde, presidente de la Asociación Orquesta Bética Filarmónica de Sevilla, en declaraciones a El Correo de Andalucía, en 1980, decía: “Respecto al dinero conseguido a través de los diferentes organismos e instituciones que colaboran con la Orquesta, parece que se dispondrá de algo más de quince millones de pesetas, siendo la aportación principal la efectuada por la Dirección General de Música y Teatro del Ministerio de Cultura que asciende a diez millones”. En 1978, Jesús Aguirre, duque de Alba, director general de Música del Ministerio de Cultura, en una visita a Sevilla, hizo unas declaraciones en apoyo a la Bética pero también diciendo que le gustaría plantear las bases de una Orquesta no con carácter provincial sino regional.

En estos años en Sevilla se celebraban diferentes ciclos anuales de música clásica, como fueron El Mayo Musical Hispalense (1967 el primero, 1979 el trece y último), organizado por el Ayuntamiento de Sevilla que también organizaba el ciclo Conciertos de Otoño; la Comisaría de la Música de la Dirección General de Bellas Artes, del Ministerio de Educación, organizaba la Decena Musical, que se solía celebrar en otoño, la primera fue en 1969 y en 1975 pasó a quincena y desapareció. También los Festivales de España, que habían comenzado su actividad en los años cincuenta, programaban conciertos de música clásica y óperas, pero estos Festivales desaparecieron en Sevilla en el año 1978.


La sociedad civil. En la década de los años setenta el peso cultural de las instituciones públicas es pequeño, como hemos podido entrever, y es, fundamentalmente, la sociedad civil, organizada en sus colegios profesionales, asociaciones culturales o de vecinos, aulas de cultura, colegios mayores..., las que llevan el peso de la organización junto con los creadores, sean profesionales o no. Hay una excepción en estos años que es una institución semipública, La Caja de Ahorros San Fernando, con su Obra Cultural, que va a ser el eje de la organización en Sevilla de actividades culturales en el periodo que demanda esta publicación 1973-1983. La Obra Cultural desarrollaba su actividad en Sevilla capital y mas de cincuenta pueblos de la provincia de Sevilla y Huelva, estaba organizada con un pequeño equipo administrativo de empleados de la Caja y un equipo asesor, especializado por actividades artísticas, un equipo de colaboradores fijos, como fotógrafos y diseñadores, y otro por programación, así como un equipo de delegados en los pueblos. Al frente de la obra se encontró, durante estos años Manuel Rodríguez-Buzón. En una reciente Memoria, publicada en 2000 con motivo de una exposición homenaje al director, se hacían exhaustivas listas de colaboradores, conferenciantes, participantes, asesores, y se podían contar más de cuatrocientos, entre los cuales se encontraba lo más granado de la cultura española de la época: Vidal Beneyto; Francisco Umbral; Eugenio Trías; Mercedes Sampietro; Juana Palou; Xavier Rubert de Ventós; Isabel Mateos, Arcadio Larrea; Cristóbal Halfter; Victoria Combalia; Carlos Castilla del Pino; se organizaron múltiples cursos y seminarios y, entre ellos, las Jornadas de Arte Contemporáneo y Medios de Comunicación desde 1975 a 1982, que coordinaba Pedro Tabernero, y en las que participó gran número de periodistas, tanto de Sevilla como del resto de España: Pilar del Río; Mercedes de Pablos; Juan Teba; María Esperanza Sánchez; Sáenz de Buruaga; Javier Oliva; Rosa Montero; Xavier Domingo; El Cubri; Juan Cueto; Juan Luis Cebrián; Antonio Burgos… Los grupos de Teatro Independiente pasaron, casi todos, por los diferentes escenarios que se usaban: Lope de Vega, Escuela de Arquitectura, Colegio de Médicos, Salesianos de Triana. Los ciclos de música abarcaban desde los homenajes a Beethoven o Bach a las Jornadas de Música Contemporánea.

En una entrevista con Enrique Iniesta en Tierras del Sur, en 1977, decía Manuel Rodríguez-Buzón, con motivo de un balance al finalizar los cuatro primeros años y presentándose el programa del quinto: “Cuatro años de labor, ciento seis mil asistentes en los pueblos de Huelva y Sevilla, cincuenta y tres mil de la capital sevillana, treinta pueblos y once delegaciones en las cabeceras de la comarcas... No queremos lo fácil para llenar salas, sino una acción difícil, nada efectista ni llamativa. Creemos estar haciendo una labor honesta... A través de las cuatro secciones de música, teatro, exposiciones y cine, pretendemos llenar vacíos, no tocar frentes ya cubiertos, hacer ciclos enteros y no cositas sueltas...” Con respecto al programa del curso 78/79 decía: “Un programa de casi 600 actos se desarrollará en Sevilla capital y en más de treinta pueblos de las provincias de Sevilla y Huelva. Con motivo de la apertura del curso se ha editado un catálogo general que proporciona la información necesaria sobre el mismo”.

En un artículo que publicó Alberto Marina, en Diario de Sevilla en junio de 2000, con motivo del homenaje a Manuel Rodríguez-Buzón, decía: “A lo largo de diez años y en un contexto social y político, no precisamente favorable, su proyecto llegó a convertirse, por extensión y calidad, en uno de los más fructíferos e ilusionantes periodos de cuantos ha conocido la historia cultural de Sevilla durante las últimas décadas; una referencia obligada como modelo de organización y programación del que todos somos deudores, y de tal trascendencia que casi todo cuanto, con posterioridad, se ha realizado en este ámbito puede considerarse continuación de lo que, en aquellos años, se llevó a cabo”.

La década de los setenta acaba, desde el punto de vista cultural, de la forma tradicional de la época, con un cotillón en el Lope de Vega, que interrumpe la función del Ballet Español de María Rosa. Participan en el homenaje a la bailarina Matilde Coral; Rafael El Negro; Farruco; Carmen Albéniz; Isabelita Bayón; Manolo Mairena; Jesús Heredia; Chaquetón; Curro Fernández; Manolo Domínguez; Juan Moya; Manolo Sisón; Marotillo. Esta tradición, que va unida a la de dos funciones diarias y al concepto de teatro comercial, se va perdiendo y en el final de la década siguiente ya no la tenemos en Sevilla.


Intervienen las instituciones. Decía al principio que el año 1979 va a marcar un cambio sustancial en la cultura en Sevilla, pues comienzan las instituciones públicas a ser protagonistas de la organización cultural. Esto nos lleva, o debería llevar, a hacer el análisis de forma diferente y, prácticamente, a dar esta década, y periodo de estudio, por concluida. No obstante, dado que el tiempo a estudiar es hasta 1983, citaré los grandes programas que se ponen en marcha; a partir de la constitución de las Administraciones Locales, después de las elecciones de 1979, Ayuntamiento y Diputación van a constituir Delegaciones o Áreas de Cultura, las van a ir dotando de personal técnico-especializado y destinando presupuestos a ellas. A esto se le une que el ente preautonómico Junta de Andalucía ha comenzado a organizar algunas actividades a finales de este año, que la Delegación del Ministerio de Cultura también organiza su equipo de cultura y que la Obra Cultural del Monte de Piedad se reestructura en 1979 con Francisco Pérez al frente. En 1980 descubrimos, en un primer plano, la cara de la Giralda, gracias a una foto de Carlos Ortega que publica ABC; la Obra Cultural de El Monte, al año siguiente organiza una exposición del proceso de restauración de la Torre y exhibe la copia, en poliester, de El Giraldillo, publica un catálogo con el proceso de restauración de la Giganta, posteriormente publica un opúsculo; Sevilla en Fiestas; en el que se recoge el engalamiento de la Giralda con motivo de la visita de Juan Pablo II, el cual se hace siguiendo como modelo el grabado de Matías de Arteaga (1672). El director de este trabajo fue Paco Molina, que contó con la colaboración del arquitecto-restaurador de la Torre, Alfonso Jiménez; se colocaron 26 gallardetes, 10 banderas y 2 tapices representando a la Inmaculada y a Sor Ángela de la Cruz. La realización de los tapices fue de Paco Molina, Gonzalo Puch, Ricardo Cadenas y Javier Buzón. En el primer mandato municipal, el Ayuntamiento de Sevilla pone en marcha la Bienal de Flamenco, la Sala de Cultura San Hermenegildo, la Fiesta del Títere, Carmen en la Plaza de Toros de la Maestranza, la colección de bolsillo Biblioteca Popular Sevillana, la Diputación de Sevilla pone en marcha el Instituto del Teatro, la Muestra de Teatro Latinoamericana, el Festival de Cine, el Festival Internacional de Jazz, la Escuela de Música en diferentes municipios de la provincia, la Exposición en la Casa de Pilatos El Poder y el Espacio, la escena del Príncipe Florencio y la Toscana de los Médicis en el 500 Europeo.

En 1983 se instala en Sevilla la sede local de la Universidad Menéndez Pelayo, cumpliendo un compromiso de su rector Santiago Roldán. Los lugares donde se realizaron los cursos, este primer año, fueron la Casa de los Pinelo y la Casa Museo de Murillo, y fueron los directores Pedro Romero de Solís y Antonio García Baquero.

Jesús Cantero es escritor. Director de la Casa dela Provincia
   
  pagina anterior pagina siguiente
 
 
   
 
  Inicio | contacto | mapa web   Transición