29 de junio de 2017
 

 
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  Guillermo Jiménez Smerdou
  La Cultura (Málaga)
  Un festival "rojo" en el franquismo
  La irrupción de la Semana de Cine de Autor de Benalmádena en la nutrida agenda de festivales y certámenes cinematográficos españoles fue un aldabonazo no sólo en el mundo del cine, sino en otros ámbitos de la vida nacional, porque desde primera hora se decantó por la apertura hacia cinematografías más avanzadas, tanto en lo político como en lo estético. En lo que se refiere a la libertad de expresión, las limitaciones, en algunos casos, eran similares, porque si rigurosa era la censura española, ¿qué decir de la que se ejercía en los países dominados por la Unión Soviética o la República Popular China?

La Semana se inició bajo un signo muy concreto: difundir el nombre de Benalmádena, oscurecido por el mundialmente conocido de Torremolinos. En 1969, parte del potencial turístico de Torremolinos se desarrollaba en Benalmádena. Hoteles de cinco estrellas ubicados en el término municipal de Benalmádena se anunciaban en Torremolinos. El entonces alcalde de Benalmádena, Enrique Bolín, vio con buenos ojos el proyecto del cineasta malagueño Mamerto López-Tapia de organizar un festiva cinematográfico que llevara el nombre de Benalmádena por el mundo, y le confió la dirección y organización del certamen. López-Tapia acudió a los países menos conocidos desde el punto de vista cinematográfico para darle desde el primer momento un perfil propio: cine de autor o cine no sujeto a las grandes productoras de Estados Unidos, Gran Bretaña, etc.

Desde sus inicios, la Semana de Autor (dos años dirigida por Mamerto López-Tapia, uno por José Luis Guarner y las sucesivas ediciones hasta su extinción por Julio Diamante) se caracterizó por la presencia de un cine marginal por un lado, y cine abiertamente opuesto a los postulados del régimen que imperaba en España, por otro. Primero en el Alay y después en el Palacio de Congresos de Torremolinos se proyectaron películas de todas las procedencias, con imágenes no vistas nunca en las pantallas españolas, películas contra las dictaduras reinantes en Hispanoamérica, de exaltación del régimen maoísta, de cinematografías totalmente desconocidas (Irán, Túnez, Hungría, Checoslovaquia, Holanda, Yugoslavia, Níger, Chile, Israel, Rumanía, Polonia, Bulgaria, Japón, Egipto, Argelia, Líbano…), lo que planteó muchos problemas entre la organización y el poder. Esta apertura a lo desconocido tuvo una espectacular respuesta por parte de los malagueños, quienes atraídos por la curiosidad de lo prohibido acudían en masa al Palacio de Congresos, hasta el punto de colapsar la variante de Torremolinos con largas colas de coches, especialmente el día que se proyectó la película japonesa El imperio de los sentidos.

En Benalmádena-Torremolinos se daban cita cada mes de noviembre desde 1969 a 1988 directores, productores, escritores o críticos de todo el mundo, porque la Semana de Autor ofrecía una oportunidad única: ver cine independiente, cine underground, cine experimental, etc., algo imposible en aquellos años.

Al producirse el fallecimiento de Franco y levantarse todas las barreras, el morbo inicial de acceder a lo prohibido pasó a un segundo plano, y las ediciones post-franquismo no tuvieron la acogida de los primeros años. Todo aquel cine exótico, político, reivindicativo y revolucionario, que hoy podría circular libremente sin cortapisas por los cines y televisiones, interesa a muy pocos, porque si existiera demanda, las distribuidoras lo importarían, cosa que no sucede porque los gustos de la mayoría van por otros derroteros.

Con sus aciertos y sus desaciertos, la Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena fue una de las más importantes manifestaciones cinematográficas que se celebró en España, y fue muy considerada y respetada fuera de nuestras fronteras.


*Guillermo Jiménez Smerdou es periodista
   
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