19 de agosto de 2017
 

 
  botón inicio botón contacta botón mapa web
foto cabecera
titulo cabecera
 
 
menu
PROVINCIAS
MONOGRÁFICOS
- Adiós al Hollywood europeo
- A donde habite el olvido
- Alfonso Canales, cronista cultural de Málaga
- Alfonso Grosso, entre balas y merengues
- Almería en tres miradas
- Antonio Gala no ha sido asesinado en Murcia
- Antonio Mozo, el innovador
- Asunción Andaluza
-
TROFEOS DISPUTADOS ENTRE 1973 Y 1983

- Caídas y más que caídas
- Caídos sin nombre
- Campo de sangre
- Cántico de Córdoba
- Centenario del nacimiento de Juan Ramón Jiménez
- Cerrado ante la justicia, abierto ante la historia
- Del olvido a la gloria
- Deporte, de la jerarquía a la democracia
- Despiertan los medios de comunicación
- Domínguez Ortiz, cita con la historia
- "Donde se vive y se muere fuera"
- Eduardo Chinarro, el periodismo laboral
- El arte al alba
- El Centenario de Vázquez Díaz
- El Correo de Andalucía en Huelva
- El fin de los monopolios
- El flamenco en la Transición
- El islote de Saltés
- El nacimiento del Festival de Cine Iberoamericano
- El reportero Sebastián Cuevas
- El torero que revolucionó las masas
- En el nombre de Jarcha, libertad sin ira
- En homenaje al maestro Ladis
- Entrevista a Antonio Gala

Diálogo del desamor

- ¿Estamos preparados para el cambio?
- Huelva canta libertad
- Huelva y la música
- José Gálvez Manzano populariza el billar
- José Prieto Escaso, arquero olímpico
- Juan Diego borda su venganza
- La creación nunca duerme
- La década gloriosa del Trofeo colombino
- La esquina de Pepe Jiménez
- La herida de Federico Villagrán
- La mirada de Ricardo
- La princesa comunista
- La radio del transistor
- Las voces prohibidas
- La Transición acelera el reciclaje de los periodistas
- La Transición de los periodistas
- La Transición en las librerías malagueñas
- Los interrogantes de Antonio Burgos
- Medios: la renovación inconclusa
- Nadie sabía nada
- Noche de guardia
- Pedro y Pablo en la Tasca del Matías
- Picasso, principio y fin
- Pudo ser un sueño, pero fue realidad
- ¡Que vienen, que vienen!
- "Se hace talento al andar"
- Semblanza/ Manuel Benítez 'El Cordobés'

Un flequillo le leyenda en la España de los 'seìllas'

- Távora en esencia
- Tránsitos
- Una irrepetible complicidad
- Un festival "rojo" en el franquismo
- Un lienzo pendiente
- ¡Viva Andalucía viva!
CIUDADES RELEVANTES
 

INICIO > MONOGRÁFICOS > ¡Que vienen, que vienen!
 
  Manuel Ruiz Romero
  La Represión
  ¡Que vienen, que vienen!
  No fue fácil. La Transición a la democracia, como fenómeno de transformación de un Estado, gracias a un proceso pactado, colectivo, pacífico, y con un cambio de mentalidades añadido, no fue gratuito. Unos más que otros, pero no demasiada gente entonces, dieron la cara para que todos nos beneficiáramos. La agonía del franquismo tuvo distintas y lentas expiraciones que conviene recordar. Incluso, convendría utilizarlas como recurso didáctico para las acomodaticias nuevas generaciones; o si cabe, rememorarla también a quienes demasiado frecuentemente opinan que todo se hizo entre las alfombras y despachos de La Zarzuela y La Moncloa. Y homenajear a tantos hombres y mujeres anónimos que, para nuestra suerte, nunca estuvieron convencidos de que las cosas no podrían cambiar. Muchos no pueden contar hoy qué dificultad supuso y cuánto dolor, soledad e inconvenientes lleva dentro el concepto democracia. Recordando apreciamos las distancias. Sea para todos ellos nuestro homenaje.

Condena ejemplarizante.
Aquella Sevilla la roja de la segunda experiencia republicana gozaba, durante la década de los setenta, de serios problemas de agotamiento en el modelo desarrollista oficial. Esto explica la problemática situación laboral y de muchas empresas, traducida en expedientes de regulación de empleo, cifras de paro y aumento de la conflictividad social. Las huelgas fueron caldo de cultivo para unos sindicatos ilegales, que lideraron las movilizaciones de trabajadores. Asambleas, reparto de propaganda, encierros, concentraciones o manifestaciones, fueron disueltas la mayoría de las veces mediante cargas policiales. Sevilla volvía de esta forma a recuperar una buena parte del prestigio revolucionario perdido llegando a ser uno de los principales focos de contestación al régimen. Especialmente decisiva fue CC OO de la mano del tándem Soto-Saborido, junto a una UGT que lentamente se implantaba más allá de conocidos despachos laboralistas. Ello explicaría la condena ejemplarizante del franquismo con el proceso 1.001 y, a su vez, justificaría las reacciones dentro y fuera de España al caso y la importancia del hito en la historia contemporánea del movimiento obrero.

El aumento del coste de la vida incrementó la situación de crisis y, progresivamente, las reivindicaciones obreras comenzaron a tornarse políticas, por cuanto las soluciones no podían ser puntuales. A medida también que la represión se multiplicaba, las justificaciones contra la Dictadura se manifestaban con más claridad y descaro. Como en otros muchos ejemplos del momento, porque el régimen se tambaleaba, las movilizaciones eran directamente proporcionales a la represión, a la incertidumbre y la esperanza. No en vano el concepto trabajo compartía espacio en eslóganes con los de amnistía y libertad. Así, hasta que el 12 de noviembre de 1976 partidos y sindicatos de clase expresaban su negativa a la reforma suarista con la primera huelga general en Sevilla desde la República. Una mirada a la propaganda impresa, utilizada entonces por partidos y sindicatos, precaria y artesanal, deja claro las empresas desde donde la contestación del movimiento obrero era más activa: Productos Moto, HYTASA, Almedi, Renfe, Construcciones Aeronáuticas S.A., Roca Radiadores, Recalux, Arteferro, Astilleros Españoles, Cros, Dragados, Andaluza de Cementos, Polisur, FASA, ISA,... por citar sólo las más repetidas. Ante el referéndum para la reforma política treinta abogados laboralistas de Sevilla –defensores del movimiento obrero con la ley en la mano pero desconfiando de ella– hacen un llamamiento a la opinión pública, expresando en un comunicado sus convicciones en defensa de la tesis abstencionista de los grupos de la oposición. Suscriben el comunicado los despachos de las calles Adriano, Aire, Alcalde Juan Fernández, Capitán Vigueras, Jiménez Aranda, Placentines, San Jacinto, San Juan de Aznalfarache y Grupo de Letrados Sindicales.

Aparato represivo.
La coincidencia sindical con los movimientos políticos fue cada vez más estrecha, hasta el extremo  de que sería difícil dilucidar dónde comienza un aspecto y dónde acaba otro. Sobre todo, cuando el enemigo al que se enfrentan es común y desproporcionadamente violento y arbitrario. Realmente estamos ante dos caras de una misma moneda. Bajo el liderazgo de un organizado PCE crecerían PSOE y PTE y otros grupos de izquierda: nacería el andalucismo político. Juntos pero no revueltos, hasta que la unidad se hizo más necesaria que nunca, y justo hasta que se vislumbraran las primeras elecciones democráticas donde la izquierda, contrariamente a sectores conservadores, fue incapaz de mantenerse unida por intereses electoreros. Un manifiesto conjunto de la oposición democrática de Sevilla, fechado en agosto de 1974, exigía la desmantelación del aparato de represión franquista y demandaba justicia ante los responsables de los actos criminales que había, a la vez que reclamaba la disolución de los cuerpos represivos. Con mucho sacrificio de sus militantes, poco a poco los partidos políticos fueron apareciendo con más cotidianeidad a la luz, hasta que fueron autorizados tras superar periodos de incertidumbre y alegalidad.

Precisamente por participar en una manifestación no permitida en la Puerta de Jerez resulta expedientado en noviembre de 1976 (además de otras catorce ocasiones) un magistrado independiente: Plácido Fernández Viagas, más tarde primer presidente de la Junta, siendo sancionado en esta ocasión con suspensión de empleo y sueldo durante tres meses. De igual manera, el primer mitin regionalista tras la Guerra Civil –el 20 a las 20 de un febrero de 1976– se celebraba en el Casino de la Exposición y servía de marco para la presentación de la Junta Democrática en Sevilla. Sin embargo, a su finalización, la policía hizo todo lo posible para impedir la cena de confraternización prevista. Muerto Franco, el franquismo quiso perpetuarse tras su memoria, pero su impotencia se volvió rabia y resentimiento. El mismo rencor que prohibió los primeros de los homenajes públicos a Blas Infante en el lugar de su asesinato. El mismo miedo que hizo al gobernador civil de Sevilla interrogar a Nicolás Salas cuando, a instancias de Alfonso Lasso de la Vega, desplegó por vez primera desde la República, la verde y blanca en la Feria Iberoamericana de Muestras la primavera de 1975. Esa bandera andaluza que presidía ocupaciones de finas, manifestaciones y actos públicos también comenzaba a ser peligrosa.

El uso de la libertad nunca se nos regaló. Hubo que conquistarla. En algunos casos, sólo el hecho de informar a los trabajadores, era bastante para sufrir una brutal agresión, tal y como sucedió con Dolores Bascón Baños, joven de Morón herida grave por balas de la guardia civil, cuando participaba en un piquete llamando a los trabajadores a secundar la convocatoria de movilizaciones de la Junta Democrática de Andalucía. Por los propios documentos internos de aquel órgano unitario, descubrimos la valoración política sobre el hecho: sólo a partir de las Jornadas de Lucha de los días 23, 24 y 25 de junio de 1975 es factible hablar de una respuesta coordinada y unitaria en toda la provincia de Sevilla.
Durante los primeros días de la primavera de 1975 constatamos uno de los instantes más agudos del enfrentamiento entre el régimen y los medios informativos hispalenses. Siendo entonces director de El Correo de Andalucía, Federico Villagrán permanece una semana en prisión por editar una información sobre un posible desembarco de siete mil marines norteamericanos en Rota con destino al Portugal revolucionario de los claveles.

Junto a la preceptiva Hoja del Lunes, el mercado de la prensa sevillana del momento se repartía a tres bandas entre Prensa Española (ABC), Editorial Católica (El Correo de Andalucía) y la cabecera Sevilla como superviviente, hasta junio de 1976, de la oficial Prensa del Movimiento, a partir de entonces reconvertido en Suroeste. Quizás ello justificase, junto a la ansiedad informativa del momento y la búsqueda de canales propios de información y opinión, la presencia en el panorama sevillano de la época de numerosas iniciativas empresariales alrededor de la comunicación que tampoco estuvieron exentas de expedientes, procesamientos a colaboradores o retiradas de número. Es el caso de la revista mensual La Ilustración Regional, que nacida en 1974 ve como su sexto número es retirado del mercado cuando contaba sólo medio año de vida, y a causa de un trabajo donde se recogían opiniones de diferentes personalidades bajo el titular Andaluces en Bruselas. La incómoda publicación, primera con perspectiva regional, dejaría de publicarse en febrero de 1976. De estas medidas censoras no se salvaría ni la sevillana revista Campo, nacida en 1942 con el objetivo de ser una revista mensual agropecuaria, la cual padece en dos años siete secuestros y siete expedientes administrativos. Aún se encuentra sin estudiar el intenso y vital papel que los profesionales y medios de comunicación tuvieron para con la llegada pacífica de la democracia. En ningún caso los rotativos –verdaderos parlamentos de papel entonces– quisieron sustituir a las instituciones democráticas como se ha dicho. Más bien, las hicieron inevitables y con ellas la conquista de una autonomía por un procedimiento excepcional a través de unas movilizaciones históricas que sin el impulso de prensa y radio hubieran sido inalcanzables.
 
Movilizaciones universitarias.
La Universidad hispalense prácticamente no emprende movilizaciones propias hasta el mítico año de 1968. Hasta esos instantes, habían primado débiles gestos en solidaridad con otras universidades. En otros casos fueron problemas concretos de los estudiantes sevillanos, los que impulsaron paros, manifestaciones, cierre de facultades, entrada de las fuerzas de orden público en el recinto,... situaciones que hubieran de provocar la dimisión en 1957 de Alfonso de Cossío como decano de Derecho. Por aquellos tiempos, la debilidad de las organizaciones que resistían al franquismo hacía el resto. No obstante, como en otros ámbitos, los grupos contestatarios se habían venido infiltrando estratégicamente en grupos cristianos y vinculados al régimen desde donde mantenían una línea de actuación conjunta pese a sus diferentes percepciones ideológicas ante la realidad. Sólo al hilo del mayo francés, prácticamente desaparecido el oficial Sindicato de Estudiantes Universitarios (SEU), el entorno estudiantil de la Universidad parece organizarse y, con él, la represión que significa el aumento de las movilizaciones. Aquel 68, que en muchos lugares simbolizó una actitud crítica ante el mundo desde la respuesta personal, en España se concretó en un incremento de las argumentaciones públicas contra un dictador que interpretaba todo lo acaecido como obra del contubernio internacional de turno.

Desde entonces la reclamaciones académicas confluyeron con las políticas de la mano de la constitución, con proyección de Estado, del novedoso Sindicato Democrático de Estudiantes. Precisamente, la detención y expulsión de ambientes lectivos de alguno de sus líderes, produjo los primeros actos contestatarios en la hispalense, que acabaron en marzo de 1968, entrando repetidas veces la fuerza pública en el recinto universitario para desalojar estudiantes, detenciones, y con la retirada de tal carné a casi 600 alumnos. Aquellos estudiantes politizados y comprometidos fueron una minoría, pero la inmadurez de las primeras movilizaciones y la dureza de la represión llevaría a la radicalidad del movimiento, su extensión a una mayor complicidad estratégica por encima de diferencias: aparecieron las comisiones de estudiantes, y en 1973 la mítica Joven Guardia Roja. De hecho, la ofensiva desde ámbito universitario nunca desaparecerá en Sevilla, pese a los intento de la dictadura por descabezar el movimiento con numerosas detenciones y expedientes a su líderes. En febrero de 1975, por vez primera en Sevilla, una manifestación de estudiantes iniciada en la antigua fábrica de tabaco pudo alcanzar la Catedral con su protesta, algo que suponía, según la propaganda de la época, todo “un hecho político sin precedentes”.

A partir de 1973 comienzan en paralelo los movimientos de PNNs de bachiller y universidad que se apoyarán, para su lanzamiento, en las manifestaciones estudiantiles, en párrocos para la celebración de asambleas, y en colegios profesionales para su tramitación. El Colegio de Doctores y Licenciados aparecería como el vehículo que aportaría un marco de reunión legal, desde donde canalizar reivindicaciones de tipo profesional, estrechamente vinculadas a las demandas democratizadoras tendentes a erosionar la autoridad incontestable de unos catedráticos, sobre todo, gran parte de ellos identificados y promocionados desde el mismo régimen.

Sacerdotes comprometidos
. Por aquellas fechas el movimiento contra la situación política impregnaba sectores de la Iglesia católica. A finales de febrero de 1975, y al hilo del Vaticano Segundo, un grupo de sacerdotes de la diócesis de Sevilla elaboraba un informe sobre “la grave situación en lo social, económico y político”. Este escrito, llamado de los 96, por ser el número de firmantes, leído como homilía, denunciaba la precaria situación de la sociedad, de forma que, “como ciudadanos, creyentes y sacerdotes”, se consideraban obligados a manifestar su solidaridad con quienes trabajaban por una sociedad más justa, en la obligación compartida de ejercitar “libertades políticas, pedir amnistía y el derecho y deber de proclamar el Evangelio”. En numerosos casos, las parroquias de barriadas populares, Santa Teresa, La Candelaria, Su Eminencia, Cerro del Águila, Pío XII..., acogieron encierros y asambleas de trabajadores ante sus problemas y desde donde los sindicatos clandestinos ejercieron más cómodamente su labor. Muchos sacerdotes abrieron iglesias, sacristías y locales parroquiales a trabajadores en huelga, o en otros casos, fueron estos últimos convertidos en casas de juventud, centro cultural o locales del barrio. En muchos casos, soportaron la incomprensión de la jerarquía eclesiástica que empujó a muchos a secularizarse, y no pocos padecieron traslados forzosos, violentos desalojos, agresiones, detenciones y multas. Es el caso del sacerdote franciscano José Antonio Casasola, detenido en nueve ocasiones, habiendo participado en numerosas huelgas de hambre y recibiendo en uno de sus pies un disparo de arma durante un desalojo de obreros en alguna iglesia de Sevilla. Desde un ámbito más jornalero el también sacerdote Diamantino García Acosta, como un trabajador agrario más, creaba el 1 de agosto de 1976 el Sindicato de Obreros del Campo, con el que participó, a lo largo de su recordada vida en numerosas movilizaciones desde el ejercicio de su ministerio en Los Corrales, la Sierra Sur sevillana, y en general, los campos de Andalucía necesitados de aquella reforma agraria anhelada por el mismo Blas Infante.

Gracias al jesuita Eduardo Chinarro, más tarde secretario provincial ugetista, y a través de la página laboral del católico rotativo El Correo de Andalucía, conocimos puntualmente los conflictos laborales del momento. Sección –en tercera página– que le provocó no pocas amonestaciones y expedientes administrativos. Era entonces director de la cabecera el sacerdote José María Javierre, persona calificada por el Delegado Provincial de Sevilla, en su informe a la Dirección General de Prensa del Ministerio de Información y Turismo, de la siguiente manera: “Posee una buena pluma y gran preparación profesional y teológica. De gran simpatía personal, es, sin embargo, peligroso, tanto por su tendencia progresista democristiana, como por su especial manera de ser: de trato cordial y afable, pero que sabe ir a lo suyo, de cuyo camino no se aparta un milímetro. Se puede calificar como hombre de contrastes por su aparente ductilidad y su efectiva tenacidad, a los que le ayuda su especial habilidad e inteligencia evidente”.
En un plano más discreto, los también sacerdotes José María de los Santos y Enrique Iniesta Coullaut-Valera participaron del impulso regionalista, que hizo posible el primer partido que se definiría como tal en 1976 y como nacionalista en 1979. El primero de ellos, como ideólogo del entonces PSA, el segundo como promotor de El Toro Suelto única librería de tema o autor andaluz. Ambos como divulgadores de un andalucismo histórico que se recupera para todos y, especialmente el último, aún de la obra de Infante. La izquierda y sus pretensiones aperturistas, supo observar a ciertos sectores de la Iglesia militante y confluir con ellos, como uno de sus más estrechos aliados, no obstante, superada la Transición, las distancias se reestablecieron; dando la espalda los partidos progresistas, ahora desde las instituciones representativas, a un sector progresista dentro de la Iglesia cada vez más aislado y reducido en España. La única historia oficiosa de la Iglesia en Sevilla, lamentablemente, elude estos extremos y no olvida, en cambio, la comicidad de los palmarianos de Clemente.

Participación vecinal. Ante la paulatina falta de pulso y liderazgo de las instituciones locales franquistas, como cuestión que les llevaría en la mayoría de los casos a situaciones de interinidad o a gestoras, en la espera de las inminentes municipales democráticas, el emergente movimiento ciudadano de los últimos años del franquismo también aportó un nutriente fundamental a esa capacidad de respuesta y alternancia, encaminada a restaurar la democracia. La participación vecinal, hoy con peligrosos visos de estar casi profesionalizada, partía de unos planteamientos reivindicativos de mayor calidad de vida, seguridad, gestión democrática y transparencia en los servicios municipales, empleo, demanda de servicios ciudadanos y mejoras de la capacidad adquisitiva de los vecinos. Todo ello topaba con una realidad política demasiado acostumbrada a hacer las cosas para el pueblo pero sin el pueblo.
Desde que se creara en octubre de 1970 la Asociación de Cabezas de Familia del Barrio E del Polígono de San Pablo como primera entidad autorizada por el régimen, de la mano de un joven Manuel Fernández Floranes, más tarde concejal de la primera corporación democrática, proliferarán las plataformas y coordinadoras que encuadrarían a su vez a numerosas entidades, desde donde el asociacionismo vecinal, que pasa por los comités de barrio, desarrolla un importante frente de presión contra el régimen y que en muchos casos complementarán las reivindicaciones laborales de las empresas situadas en su territorio: Bellavista, Elcano, San Jerónimo, Cerro del Aguila,... La presencia de vecinos en las calles manifestándose en demanda de una solución a sus problemas crearon numerosas situaciones de enfrentamiento con la policía, casi siempre resueltas con altercados, las habituales detenciones preventivas, apertura de expedientes sancionadores y multas, así como uso indiscriminado de la violencia contra los participantes.
Quizás al socaire de la Europa alternativa llegaron a estas latitudes también los movimientos reivindicativos alrededor de la defensa de la ciudad, la ecología, el antimilitarismo, el feminismo militante, la democratización de las cárceles, la no violencia,... que aportaron su granito de arena a la conquista de la democracia y soportaron los últimos instantes de un régimen que veía como se multiplicaba la contestación y aparecían nuevos argumentos para una respuesta cada vez más difícil de contener y cada vez reprimida de forma más arbitraria. La defensa del ensanche de la calle San Fernando y la conservación del Puente de Triana, el espíritu antinuclear, el impulso al derecho al aborto que se esconde tras el caso de los Naranjos, la detención de antimilitaristas en plena Sierpes cuando reivindicaban el derecho a la objeción de conciencia, los motines en la prisión provincial,... son algunos de los ejemplos de la emergencia de un nuevo estilo, en el disentimiento que pretende la conquista de nuevos espacios de libertad individual y colectiva.

Guardianes del régimen.
Cuando la respuesta organizada más se dejaba notar, algunos ciudadanos identificados con el inmovilismo pretendieron sustituir la labor del aparato dictatorial hasta que los votos les pusieron en su sitio. Los fachas, salían del bunker y al más puro estilo del la calle es mía protagonizaron numerosos altercados los últimos años del franquismo y los primeros de la transición. Con sus ceremoniosos desfiles rojigualdos, estos guardianes del régimen armaron mucho ruido. Protegidos en su zona nacional, solían cebarse con quien llevara el pelo largo, determinada prensa bajo el brazo o, simplemente, vistiese de forma despreocupada. A algunos se le iba el insulto –¡rojo!– cuando el azul volvió a hacer furor en muchas camisas. A otros, en no pocas ocasiones se le iba la mano. Las librerías – Antonio Machado o Proa, entre otras– fueron en principio objeto de sus iras. Más tarde, perfectamente adiestrados, organizaban batidas nocturnas en busca de grupos pegando carteles, o bien manifestándose por distintas causas. No fueron bastante la rotura de cristales, pintadas e intimidaciones. Bajo las siglas de Fuerza Nueva, o amparados bajo el sobrenombre de Guerrilleros de Cristo Rey, la ultraderecha sevillana, con cierta permisividad policial, hizo sangre y correr a más de uno. Por debajo de su vistosa uniformidad paramilitar y su ingenua apariencia de niños bien, escondían parte del imaginario social de la Transición: porras, bates de béisbol, cadenas y el terrorismo de calle. El terror les servía de prestigio, y de la mano de apellidos ilustres (Charo Reina o la familia Del Nido) protagonizaron cobardes agresiones a dirigentes estudiantiles o sindicales; quema de locales o quioscos; contramanifestaciones, enfrentamientos, incluso, en plena Feria de abril; además de marcar el cuerpo de algunas personas como Pina López Gay. Intentaron sin éxito, sabotear las multitudinarias manifestaciones del Día de Andalucía de 1977 y 1979. En Sevilla nunca hubo que lamentar víctimas pero no ocurrió lo mismo en otros puntos de España.

Vanguardia cultural.
Algunos escritores y periodistas como Grosso, Osuna, Barrios, Comín, Ramos Espejo, Requena, Lanzagorta, Nicolás Salas, Burgos, reflejaban la contundencia y actualidad del tema andaluz con obras ya míticas, y mediante un compromiso, a duras penas reflejado en la letra impresa, que busca interpretar la postración de un pueblo y la aportación del país andaluz a la lucha por la democracia. No en vano este último veía prohibida en la ciudad la presentación de su Guía secreta de Sevilla. Y es que la vanguardia cultural andaluza también estaba comprometida y sufría en sus distintas expresiones, hechas líneas o carnes, las medidas censoras del sistema oficial. Los artistas comprometidos realizaban grandes esfuerzos por llegar al público y, entre otras cuestiones, aportar el componente social del cante flamenco. Gerena cantaba en la calle al no serle permitido realizar su concierto en el Lope de Vega. La policía cargaba contra quienes protestaban contra la prohibición y detuvo al día siguiente al cantaor. Cuando unos meses más tarde sacó a la luz su Cantando a la libertad las emisoras recibieron orden de silenciarle. Otro tanto sucedía en La Puebla de Cazalla con Menese tras expresarse en el Olimpia de París como teatro extranjero de la libertades en España. Esto era lo habitual en el desierto cultural para quienes no ejercitaban la patriótica copla española o los debidos cantes regionales, con sus exclusivos temas sobre quereres, ferias, toros y demás primaveras y rocíos. El grupo Gente del Pueblo, desde Morón, intentaría ir más allá enfrentándose al cancionero oficial en la medida que le fue permitido. Muchas conferencias, actos públicos y Semanas de Andalucía serían suspendidas como la que iba a celebrarse en febrero de 1976 en el Colegio Mayor San Juan Evangelista a resultas de lo cual, quedó clausurado el local de la Asociación de Cultura Popular y Folclore La Carcelera, que tenía como fines “investigar y divulgar la cultura popular andaluza”. Pese a dificultades de todo tipo también nacerían nuevas entidades: Averroes que impulsaría en el verano de 1977 la realización de la Semana por la Autonomía que más tarde, con el respaldo de partidos y parlamentarios daría lugar a los hechos del primer Día de Andalucía; o el caso también del Club Gorca, que junto a otras desde distintos puntos de Andalucía concretarían en 1978 el ambicioso Congreso de Cultura Andaluza.
Camelamos naquerar, de José Heredia Maya (dirigida e interpretada por Mario Maya); Persecución, de El Lebrijano, o el primer Quejío con el que abría boca La Cuadra de Távora. Tantos y muchos anónimos que sería imposible nombrarlos a todos. Tantas veces aplaudidos que, tuvieron que ser reconocidos oficialmente antes fuera de su tierra que dentro de ella. Demasiada pandereta travestía lo sevillano, y casi vestidos de corto por el imaginario oficial, vibrábamos aquellos veranos compartiendo con Quilapayun o Los Calchaquis los últimos oficiales Festivales de España en pleno corazón del parque de María Luisa. Recitales que no en pocas ocasiones culminaban con gritos contra la dictadura y alguna que otra carrera ante los grises.
Lo dicho: sólo algunos ejemplos para representar las mil caras de una represión que invitaba a la comodidad, ejemplaridad y al seguidismo como valores sociales de una paz arrancada a golpe de Estado. Retirada de pasaporte, certificados de penales y de buena conducta, eliminación de prórrogas para el servicio militar y destinos punitivos lejos de la residencia habitual, torturas, jurar fidelidad a los Principios del Movimiento, suspensos arbitrarios en asignaturas, coacciones, cierre de Facultades, suspensión de exámenes, multas, suspensión de recitales, conferencias, y todo tipo de jornadas culturales, malos tratos, secuestros de libros y revistas, censura, consignas institucionales a los medios de comunicación, destierros, suspensiones de empleo y sueldo, despidos por faltar al trabajo estando detenido, son sólo algunos ejemplos. Y a veces, como también se relata en esta obra, la muerte llegaba sin mayores explicaciones o derechos. No fue fácil. Conviene no olvidarlo nunca.


*Manuel Ruiz Romero es investigador de la Transición andaluza
   
  pagina anterior pagina siguiente
 
 
   
 
  Inicio | contacto | mapa web   Transición