17 de octubre de 2017
 

 
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  Antonio Checa
  Medios de Comunicación (Córdoba)
  Despiertan los medios de comunicación
  La Transición supone para los medios cordobeses la recuperación de la libertad, escasean los proyectos ambiciosos –prácticamente limitados a la creación en 1981 de La Voz de Córdoba, primer diario aparecido desde 1936– pues las primeras emisoras de FM pertenecen todas a cadenas y empresas de ámbito estatal, a cambio florece una prensa menor lo mismo en la capital que en las principales cabeceras comarcales. Algo queda también claro: son años de profunda renovación generacional en los medios cordobeses.

Cambios en la prensa.
El franquismo fue para Córdoba un largo periodo de monolitismo impuesto que en el ámbito de la Comunicación contrasta fuertemente con el pluralismo de los años de la II República –cuatro diarios, por ejemplo– y que dejó la ciudad con un único diario, Córdoba, un órgano oficialista y adormecido que pese a ser solitario cotidiano en una ciudad que en 1970 bordea los 250.000 habitantes, nunca alcanzará en esa etapa los 10.000 ejemplares de difusión efectiva. Durante la mayoría de ese tiempo dirigirá el periódico –que con sus ocho columnas de 45 milímetros es uno de los diarios de más tamaño de España– Pedro Álvarez Gómez, un zamorano con aspiraciones literarias que llegó a la dirección del diario cordobés en 1944 y se mantuvo en ella hasta 1973, casi 30 años. Si en sus inicios el periódico planteó algunos problemas a la dirección madrileña de la cadena, luego durante largos años será un balsa. Lejana y sola, como en el poema lorquiano, con un periódico sin conflictos y rentable, queda Córdoba.

En 1973 la llegada de Federico Miraz a la dirección inicia inevitablemente una nueva etapa en la vida del diario, llegan también nuevos redactores –Juan Ojeda, Francisco Solano Márquez– y los contenidos ganan en diversidad. El periódico además estrena nuevas instalaciones en 1975, con buen edificio en el Polígono de La Torrecilla, y pasa del formato sábana al tabloide. Buen edificio, pero vieja rotativa, procedente del diario Marca, que obliga a realizar varias tiradas y embuchar.

Pero, paradojas, ese periódico con más paginación y mejores temas –aunque nunca sea un periódico crítico– pierde rentabilidad. El diario que en 1970 o 1972 ganaba los 12 o 14 millones de pesetas, pasa a ser desde el año de la muerte del dictador, 1975, un diario deficitario, y cada vez más, de forma que en 1983, el último año que pertenece a la cadena de Prensa y Radio del Movimiento, luego –desde 1977– Medios de Comunicación Social del Estado, pierde 59 millones de pesetas de la época. En los años de la Transición esa difusión se estabiliza y se sitúa entre los 8.000 y los 9.000 ejemplares.

En 1981 a Federico Miraz, con delicada salud, sucede Juan Ojeda, que se inicia el día en que dimite Adolfo Suárez, estará en la dirección hasta los días de la privatización en 1984. El periódico se muestra defensor de la reforma política primero –justo cuando se aprueba en referéndum esa reforma política se produce un atentado contra el popular quiosquero de Las Tendillas, Matías Camacho, de conocidas simpatías socialistas y pronto senador por el PSOE–, y entusiasta de UCD después.

Pero en mayo de 1981 asoma La Voz de Córdoba, un nuevo diario, modesto en efectivos humanos y en recursos económicos, pero innovador y crítico en contenidos y planteamientos. A su frente, Francisco Solano Márquez. Es el primer diario provincial andaluz de la democracia, pronto le seguirán otros en distintas ciudades. La competencia obliga a ampliar y renovar la redacción también al diario Córdoba. Por primera vez desde 1938 tendrá la ciudad dos diarios, situación que sólo dura hasta 1984, cuando se privatiza Córdoba. La subasta del veterano diario es competida, es un diario goloso, porque nadie duda de que, bien administrado, será un medio muy rentable, como demostrarán pronto los hechos. Esa subasta la ganan un grupo empresarial y profesional cercano a La Voz, de forma que en ese 1984, iniciando una nueva etapa en el periodismo cordobés, cesa el diario joven (muy deficitario y por el que han pasado tres gerentes en tres años) y queda el diario con mejores instalaciones y ventas, Córdoba, que incorpora prácticamente a toda la plantilla de la Redacción de La Voz, además de algunos redactores jóvenes de la cabecera histórica. En definitiva, entran nuevos profesionales y otros salen de la profesión hacia destinos en la Administración del Estado. La ciudad vive un periodo de renovación a fondo en prensa y radio.

La prensa menor.
La prensa no diaria del tardo-franquismo es modesta, aunque Córdoba, con todo, será una de las provincias andaluzas que mantengan una mejor prensa comarcal durante el franquismo –Tambor en Baena, La Opinión en Cabra, Lucería en Lucena, El Cronista del Valle en Pozoblanco–. Cabeceras de información general no diarias apenas el Semanario Córdobés (1971-1975), que anima Manuel Sánchez Rojas. De esa debilidad es muestra la extinción de la Hoja del Lunes de Córdoba años antes de que, con la democracia, se inicie la práctica de editar los diarios los siete días de la semana. Efímera también, como no, la prensa clandestina, con intentos como Libertad, órgano del Comité Provincial del PCE, con varios números desde 1972, y Discusión, órgano de las Juventudes Comunistas. Algo posterior, Córdoba Socialista, del PSOE. No faltan algunas meritorias publicaciones literarias, como Antorcha de Paja, que asoma en 1973.
 
La Transición cordobesa aporta pocos títulos de información general, entre ellos La Parroquia –luego LP y Nuevo LP–, periódico que anima Rafael Galisteo Tapia, y que ofrece una curiosa evolución de periódico esencialmente religioso, cuando comienza en 1971, a periódico de información general y talante progresista, y Tendillas 7, semanario de información local, que comienza en 1977 dirigido por Juan Ojeda y es pionero en la ciudad en prensa de bolsillo. Se mantiene hasta 1984.

Por el contrario, y en llamativo contraste, la Transición trae un estimable abanico de publicaciones culturales en Córdoba: Kabila, Desde la Palabra, dos revistas de poesía aparecidas en 1977; el boletín Gaceta de Encuentros con la Cultura y Zubia, ambas de 1978. Posteriores serían títulos como Pneuma (1981) o Catarsis (1983), auspiciada por el Círculo Cultural Juan XXIII. Incluso en 1983 asomarán las publicaciones de talante ecologista con Alternativa. Ello sin olvidar las publicaciones universitarias, que crecen en esos años, académicas –como Apotheca o Alfinge– o estudiantiles, como Juzgado de Guardia, de los alumnos de la Facultad de Derecho, creada en 1980.

La recuperación de la democracia permite un cierto resurgimiento de la prensa local, como evidencian la creación en 1977 de El Egabrense, en Cabra, incluso El Popular, en la misma ciudad, ya en 1983, o en su vecina Lucena la aparición en 1980 de La gaceta lucentina, entre otros títulos menores. En Priego reaparecía Adarve además de crearse Fuente del Rey, revista cultural. Palma del Río ve nacer primero Quejío, en 1979, luego La voz palmeña, en 1982. Incluso en poblaciones pequeñas aparecen modestas pero meritorias publicaciones como El Jardal (1979), en Villaralto o en Villanueva de Córdoba Fuente Agria (1979).

La radio. Cuando termina el franquismo, Córdoba mantiene tres emisoras de radio en la capital, una en Cabra y otra, de forma casi milagrosa, La Voz de los Pedroches, en Pozoblanco, municipal. La decana es Radio Córdoba (1933), que todavía se vincula a la pequeña cadena de Radio Intercontinental, de Madrid. La dirige su propietario, Federico Algarra Añón. Sus tarifas son las más elevadas de la ciudad, una cuña de 15 segundos vale 250 pesetas, patrocinar un programa de media hora las 1.600. Más jóvenes son Radio Popular de Córdoba, 1966, y La Voz de Andalucía, perteneciente a la REM, que dirige Fernando Bajo Moreno, en tanto la emisora de la COPE está a cargo de Francisco Hidalgo.
En Cabra La Voz de Córdoba, más conocida como Radio Atalaya, es emisora sindical, que en 1978 se integra en Radiocadena y que dirige el inquieto Francisco Carmona Roldán, a quién sucederá Adolfo Molina Guardón y, posteriormente, Carmina Alcázar.

La radio cordobesa tiene en la Transición dos fechas decisivas, una 1977, cuando en el otoño cesa la obligatoriedad de conexión con el diario hablado de Radio Nacional de España a las 14.30 y a las 22.00, con el nacimiento por tanto de la radio verdaderamente informativa que da paso a una nueva generación también en la radio, otra 1982, cuando asoman las nuevas emisoras de FM, como Antena 3 Radio de Córdoba, dirigida por José G. Serrano Portero, y  Radio Mezquita, perteneciente a la Rueda Rato, que pone en marcha Manuel Guzmán Martínez. No son, pues, emisoras de capital local sino estaciones pertenecientes a las nuevas cadenas de ámbito estatal que entonces se forman.


* Antonio Checa es periodista y profesor de la Universidad de Sevilla
   
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