26 de marzo de 2017
 

 
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  Antonio Checa
  Los medios de comunicación (Sevilla)
  Medios: la renovación inconclusa
  Los medios informativos sevillanos –la prensa esencialmente, dado el control que el régimen tiene sobre radio y televisión– inician en las postrimerías del franquismo un cambio, paralelo al de la propia sociedad sevillana, abriéndose, con múltiples dificultades, a temas y tratamientos nuevos y arriesgando en la defensa del aperturismo, y en algún caso algo más. Es, no obstante, una prensa tecnológicamente muy atrasada, que pese a ello ha ido ganando en ventas a lo largo de los años sesenta. Salvo el caso del diario granadino Ideal, la prensa sevillana del momento es la única en Andalucía con influencia supraprovincial, fundamentalmente el triángulo Jerez-Córdoba-Huelva. También la radio sevillana en onda media, sobre todo Radio Sevilla y Radio Nacional de España, tiene oyentes mas allá de la provincia.

Vanguardia.
La renovación la inicia sobre todo el diario católico El Correo de Andalucía, en el que mediados los sesenta entran sectores católicos innovadores. Con múltiples alternativas, incluido un fracasado intento de vincular el diario a la cadena La Editorial Católica, más templada, con varios cambios de dirección y frecuentes sanciones. El Correo de Andalucía, sobre todo bajo la dirección de José María Javierre, se convierte en un medio valorado por los sectores más inquietos de la sociedad sevillana y conoce cierto eco nacional, de forma que un diario que en los años cuarenta y cincuenta arrastra una vida lánguida y es un órgano muy secundario en la ciudad, crece en ventas sensiblemente, aunque siempre muy por debajo de un ABC que, en su edición sevillana, se ha consolidado, desde la guerra civil como el más leído de todo el sur español y llegará a alcanzar en vísperas de la Transición casi los 70.000 ejemplares de venta en la comunidad, aunque desciende algo luego. El Correo de Andalucía abrirá su tercera página, la de opinión, a profesores y profesionales que pronto van a ser cualificados dirigentes políticos, algunos de los cuales publicarán conjuntamente en 1975 la antología Apostando a la democracia, título suficientemente explícito. En 1976 superará, por primera y única vez en su larga historia, los 30.000 ejemplares diarios de venta.

También una publicación mensual hasta entonces aséptica, Campo, fundada en 1942, dirigida ahora por Fernando Gelán y José Antonio Garmendia, comienza a publicar algunos artículos y reportajes reivindicativos, lo que le vale varios secuestros.

Y en la radio, la emisora decana, Radio Sevilla, va a conocer una sugestiva etapa de apertura, la que abre la llegada a la dirección de Iñaki Gabilondo, relevado a principios del posfranquismo, pero que aporta cuatro años de un periodismo radiofónico batallador que dejará huella, por ejemplo, en el significativo y rompedor eslogan de aquellos días: “Andalucía es una tierra grande, hermosa, vieja y sabia. Siéntase orgulloso de ser andaluz”.

En el otoño de 1974, en pleno aperturismo, aparece una revista mensual de extraño título, La Ilustración Regional, financiada –modestamente, pues no hay ni campaña de lanzamiento ni promoción relevante– por sectores liberales de la sociedad de Sevilla y el apoyo discreto incluso de algún banquero, y en la que van a confluir un espectro muy amplio de periodistas y futuros políticos, de toda la comunidad, en general más a la izquierda que el grupo promotor. Sólo consigue publicar 16 números, por medio algún secuestro y muchas presiones oficiales por el contenido regionalista de la publicación. La revista, muy deficitaria, conoce tres directores en año y medio –Javier Smith, Concepción Cárceles y Miguel Ángel Agea– y va a morir en enero de 1976, justo al inicio de la transición propiamente dicha, tras la muerte del dictador. Pero en esas páginas, más de análisis que de información, están presentes cuestiones que pronto van a hacer correr ríos de tinta, como la identidad andaluza y el subdesarrollo de la región o temas casi tabúes como el protestantismo en Andalucía. La revista cesa justo al inicio del año que va a ser clave en la reestructuración –fallida, como veremos– del periodismo sevillano.

Tres diarios. En junio de ese 1976 las tres empresas editoras de diarios en Sevilla inician una política de expansión que, sin embargo, y por muy distintas razones, no se verá culminada por el éxito. En la Prensa del Movimiento, que pasa a llamarse Medios de Comunicación Social del Estado, el mortecino y deficitario diario Sevilla, vespertino, pasa a ser en junio el matutino Suroeste, que estrena instalaciones nuevas, en esos momentos las más modernas de Andalucía, con offset y color. El objetivo que se plantea la empresa en el período en que la dirige Emilio Romero es convertir el periódico en un órgano supraprovincial, lo que está difícil porque en las ciudades vecinas, Jerez, Huelva y Córdoba, la misma cadena tiene diarios. Suroeste, que conocerá en pocos años hasta cinco directores –Manuel Benítez Salvatierra, Celestino Fernández Ortiz, Timoteo Esteban Vega, Félix Morales y Mariano Martín Benito–, va a ser siempre un diario sin venta y sin credibilidad, fiel a los gobiernos de turno, aunque sin la intransigencia de otros órganos de la misma cadena en Andalucía, se incrementan sus pérdidas y cierra en febrero de 1983 sin optar siquiera a la subasta como otros de la cadena. No ha llegado a estabilizar siguiera los dos mil ejemplares de venta.

A finales del mismo 1976 aparece Informaciones de Andalucía, editado por la empresa del diario Informaciones de Madrid y realizado en las instalaciones de ABC de Sevilla. En esa etapa Prensa Española, ABC, y Prensa Castellana, Informaciones, comparten accionariado y al diario sevillano le viene bien rentabilizar sus poblados talleres con la realización de otro diario, en este caso vespertino. Pero la prensa de la tarde ha entrado en imparable ocaso en toda España y el periódico, dirigido por Guillermo Medina y con una excelente y renovadora plantilla, lejos de la frivolidad que se supone a la prensa de tarde, no colmará las expectativas forjadas. En pocos meses habrá de renunciar a estar presente, en hora competitiva, en toda la comunidad, y cesa en junio de 1977, justo tras las primeras elecciones democráticas, víctima de sus deudas, pero también de la crisis que comienza a conocer la empresa editora y que llevará a la extinción del diario madrileño dos años y medio después. En 1979 ABC celebra el medio siglo de su edición sevillana; dirigido durante todo el periodo de la Transición por Nicolás Salas, defenderá nítidamente en estos años la autonomía andaluza, no siempre comprendida, más bien al contrario, en la sede central madrileña.

La otra empresa sevillana, la de El Correo de Andalucía, apuesta también por doblar la oferta con un vespertino, éste de bajo costo, Nueva Andalucía, que aparece asimismo en 1976, dirigido por Javier Smith Carretero. No será nunca diario de amplia venta, lo que ya resulta difícil entre la prensa de tarde, aunque en sus mejores años alcanza los 5.000 ejemplares, pero dentro de su modestia se significará por la defensa neta de la autonomía andaluza. Cesa en 1984, cuando la Transición ha quedado atrás, pero cuando caen las ventas del hermano mayor, El Correo de Andalucía, y la empresa editora conoce una profunda crisis, con varios cambios de director, que lleva a un relevante cambio de empresa. En ese mismo año se extingue la veterana Hoja del Lunes de Sevilla, víctima de la generalización de la salida de los diarios los siete días de la semana. Mucho antes, en 1977, lo ha hecho la edición sevillana del diario Pueblo, que conoció antes de la Transición sus mejores momentos y que dirigió en sus últimos tiempos Manuel Lorente.

Dos semanarios.
El año 1976 es también el de la aparición en Sevilla de dos semanarios de ámbito regional, un modelo periodístico hasta entonces prácticamente sin precedentes en la comunidad. Serán Tierras del Sur y Torneo, dos publicaciones muy diferentes aunque unidas por un común problema: la falta de financiación. Tierras del Sur comienza en mayo de 1976, dirigida por José Maria Javierre, con formato de periódico tabloide y buscando claramente un público que se interese por los problemas y las cuestiones de Andalucía. Contribuirá a divulgar la figura y la obra de Blas Infante. Buenos colaboradores, entre los que está el primer presidente de la Junta de Andalucía, Plácido Fernández Viagas, y corresponsales en todas las provincias andaluzas.
Casi simultáneamente –junio– surge Torneo, subtitulado “semanario popular andaluz”, dirigido por Federico Villagrán y con una nómina de entusiastas colaboradores asimismo muy amplia y heterogénea, aunque con alguna inclinación hacia el emergente PSOE. Formato más reducido, impresión precaria, deficiente distribución y ausencia de diseño evidencian un proyecto muy improvisado.

Con ventas modestas, pero sobre todo con muy bajos ingresos publicitarios, las dos publicaciones tendrán corta vida. Torneo desaparece ya en el año siguiente, febrero, antes por tanto de las elecciones de junio, por medio múltiples problemas de todo tipo, incluidos los de destrozos en sus instalaciones por grupos de extrema derecha. Tierra del Sur consigue mantenerse durante un trienio y en 1979 será el origen de la Gran Enciclopedia de Andalucía, intento meritorio pero decepcionante por sus contenidos.

Periódicos políticos.
Al socaire de la “gran prensa” veremos aparecer en Sevilla en estos años una nutrida prensa de ámbito local, y sobre todo regional, editada por los numerosos partidos políticos que afloran y por los sindicatos. Su apogeo será el bienio 1976-1977, luego comienza el declive. Andalucía Socialista, PSOE, Andalucía Libre, PSA, Andalucía Roja, PCE, Realidad, CC OO... son algunos de esos títulos que en su mayoría, pasada la efervescencia de los primeros meses de libertad, languidecen. No obstante Realidad mantendrá su publicación, en distintas etapas, hasta nuestro días, y Andalucía Libre, bajo la dirección de Manuel Prados, mantiene un excelente contenido político-cultural durante casi todo el resto de la Transición. Cesa en el otoño de 1982, tras editar 50 números.
La Transición permite un florecimiento asimismo de la sufrida prensa comarcal sevillana, con títulos como Informativo Nazareno, quincenal de Dos Hermanas, o mensuales como El Diablo Cojuelo, en Écija, o El Cateto, en Osuna, intentos que raramente cuajan, por la debilidad por lo general del respaldo económico y el escaso contenido publicitario en años de recesión económica, pero títulos que demuestran que también las comarcas se mueven en los nuevos tiempos.
En estos años veremos cómo se crean en Sevilla numerosas publicaciones literarias, que se unen a las universitarias y a alguna otra –como Archivo Hispalense, de la Diputación; Cal, Calle del Aire, Separata, Pliego, Cuadernos de la Afrobética, Sopa de ganso...–, pero también estimables revistas pedagógicas –Escuela Andaluza, Escuela 81–. Lástima que los esfuerzos sean discontinuos y los recursos disponibles escasos. Pronto, no obstante, el establecimiento de la autonomía y la democratización de los ayuntamientos aportará ayudas a este tipo de publicaciones, decisivas en muchos casos para su mantenimiento.

Radio libre.
El fracaso de los nuevos diarios y de los semanarios de ámbito regional, y el escaso incentivo para nuevos proyectos periodísticos que brinda la crisis económica y sobre todo publicitaria, explica que los últimos años de la Transición sean para la comunicación sevillana, sobre todo la prensa, mucho menos activos. Pero la radio va a tomar el relevo de la prensa. Desde octubre de 1977 la radio andaluza puede ya ofertar información propia y no ha de conectar obligatoriamente con Radio Nacional de España dos veces al día, si bien ya con anterioridad cadenas como la SER han iniciado informativos regionales matutinos. Como a la prensa, a la radio va a llegar en estos años una nueva generación, los locutores de antaño son sucedidos por jóvenes periodistas. Y aunque desaparece Radio Peninsular, en la primera reorganización de la radio estatal, en 1982 llega la gran eclosión, la revolución de la FM: en sólo un año aparecerán nada menos que cinco emisoras. Antena 3 Sevilla, Radio 80 Sevilla, Radio Triana, Radio Andalucía y Radio16.  Las dos primeras, dirigidas por José Olmedo y Ricardo Ríos, pertenecen a dos nuevas cadenas radiofónicas de ámbito estatal, que acabarán fusionándose, Radio Triana se vincula a la emergente Cadena Rato y la dirige Ricardo Vaca; las dos últimas se vinculan a diarios: Radio Andalucía dirigida en principio por José Holgado Mejías, pertenecerá a la empresa de El Correo de Andalucía, y Radio 16 al Grupo 16, editor de Diario 16, las dos conocerán múltiples avatares que llevarán a la desvinculación de los respectivos periódicos, la última pasa al año siguiente a denominarse Radio Minuto. Con esas emisoras, la radio sevillana gana considerablemente en información local, pero también en contenidos musicales.
En abril de ese 1982 asoma también la edición andaluza de Diario 16, dirigida primero por Román Orozco y luego por Santiago Sánchez Traver, con un periodismo crítico y renovador. Su desaparición, casi tres lustros después, será debida mucho más a los problemas globales del grupo editor que a la propia edición andaluza, que llegará a estabilizar sus ventas por encima de los 25.000 ejemplares y conseguirá autofinanciarse.

Balance.
El año 1976, para la prensa, y 1982, para la radio, son los dos años claves de la transición sevillana en el mundo de la comunicación. Visto en perspectiva, el período, de tan intenso avatar político, apenas consolida grandes nuevos medios, y abunda en demasía en rotundos fracasos, de ahí que aparezca como inconclusa, pero marca un cambio de estilo en el periodismo sevillano y se produce un importante relevo generacional, pues a los grupos críticos del tardofranquismo –Antonio Burgos, Eduardo Chinarro, Juan Teba...– se unen nuevas promociones de periodistas –Ignacio Camacho, Pepe Fernández, Inmaculada Navarrete, Jesús Quintero, Ezequiel Martínez…– con presencia creciente de la mujer –Mercedes de Pablos, María Esperanza Sánchez, Pilar del Río, Lola Cintado…– netamente identificadas con la democracia y la autonomía, donde las posturas antidemocráticas o sencillamente antiautonomistas son escasas. Esas nuevas oleadas incluyen desde humoristas como Rioja a fotógrafos como Carlos Ortega o Pablo Juliá. No hay que olvidar a los más volcados al día a día de las redacciones, como Antonio Lorca o Antonio Mozo. Sevilla, además, comienza a convertirse en polo periodístico que atrae a profesionales de otras ciudades andaluzas –José Luis Ortiz Nuevo, José Aguilar– o, incluso, de fuera de la comunidad. Pocos, pese a la tentación del momento, saltarán del periodismo a la política, muchos más –siguiendo una buena tradición local– compartirán la devoción al periodismo y a la literatura: José María Requena, Manuel Barrios, Manuel Ferrand, Fernando Álvarez Palacios...

El movimiento en los medios facilita que sean éstos unos años, pese a la crisis económica, de mejora social y laboral del periodista. Ciertamente será el de estos años un periodismo muy politizado, y la relectura de los medios impresos, por ejemplo, confirma esa generalizada militancia entre los periodistas sevillanos, lo que por lo demás ocurre en toda España. Hay muy poco periodismo de investigación, pero en compensación mucha mayor autonomía del periodista frente a la empresa que en nuestros días. Se intenta, sin que llegue a cuajar, un sindicato profesional alternativo a la Asociación de la Prensa. Es cierto igualmente que en general la transformación se intenta mucho más con recursos ajenos, es decir, vía empresas no sevillanas y no andaluzas, que autóctonos. Pero ése es un mal que aún arrastramos.


Antonio Checa es periodista
   
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