Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
30 de abril de 2017
 

 
  botón inicio botón contacta botón mapa web
foto cabecera
titulo cabecera

 
 
menu
PROVINCIAS
MONOGRÁFICOS
- Adiós al Hollywood europeo
- A donde habite el olvido
- Alfonso Canales, cronista cultural de Málaga
- Alfonso Grosso, entre balas y merengues
- Almería en tres miradas
- Antonio Gala no ha sido asesinado en Murcia
- Antonio Mozo, el innovador
- Asunción Andaluza
-
TROFEOS DISPUTADOS ENTRE 1973 Y 1983

- Caídas y más que caídas
- Caídos sin nombre
- Campo de sangre
- Cántico de Córdoba
- Centenario del nacimiento de Juan Ramón Jiménez
- Cerrado ante la justicia, abierto ante la historia
- Del olvido a la gloria
- Deporte, de la jerarquía a la democracia
- Despiertan los medios de comunicación
- Domínguez Ortiz, cita con la historia
- "Donde se vive y se muere fuera"
- Eduardo Chinarro, el periodismo laboral
- El arte al alba
- El Centenario de Vázquez Díaz
- El Correo de Andalucía en Huelva
- El fin de los monopolios
- El flamenco en la Transición
- El islote de Saltés
- El nacimiento del Festival de Cine Iberoamericano
- El reportero Sebastián Cuevas
- El torero que revolucionó las masas
- En el nombre de Jarcha, libertad sin ira
- En homenaje al maestro Ladis
- Entrevista a Antonio Gala

Diálogo del desamor

- ¿Estamos preparados para el cambio?
- Huelva canta libertad
- Huelva y la música
- José Gálvez Manzano populariza el billar
- José Prieto Escaso, arquero olímpico
- Juan Diego borda su venganza
- La creación nunca duerme
- La década gloriosa del Trofeo colombino
- La esquina de Pepe Jiménez
- La herida de Federico Villagrán
- La mirada de Ricardo
- La princesa comunista
- La radio del transistor
- Las voces prohibidas
- La Transición acelera el reciclaje de los periodistas
- La Transición de los periodistas
- La Transición en las librerías malagueñas
- Los interrogantes de Antonio Burgos
- Medios: la renovación inconclusa
- Nadie sabía nada
- Noche de guardia
- Pedro y Pablo en la Tasca del Matías
- Picasso, principio y fin
- Pudo ser un sueño, pero fue realidad
- ¡Que vienen, que vienen!
- "Se hace talento al andar"
- Semblanza/ Manuel Benítez 'El Cordobés'

Un flequillo le leyenda en la España de los 'seìllas'

- Távora en esencia
- Tránsitos
- Una irrepetible complicidad
- Un festival "rojo" en el franquismo
- Un lienzo pendiente
- ¡Viva Andalucía viva!
CIUDADES RELEVANTES
 

INICIO > PROVINCIAS > > INTRODUCCIÓN
 
botón introducción botón crónicas botón conversaciones botón artículos botón epílogo botón fotos  
  Fernando Arcas Cuberto
  Ganarse la libertad
  Paul Preston ha calificado de asombroso el cambio político producido en España tras la muerte de Franco en 1975 y ello puede aplicarse a la historia de la Transición en Málaga, donde las secuelas de la Guerra Civil habían sido tan profundas y la crisis que la acompañó dotó al proceso de una fuerte conflictividad social. El desarrollo económico de la década de los sesenta impulsó unos cambios sociales que facilitarían paradójicamente la crisis del franquismo y la Transición a la democracia, con el despegue turístico de la Costa del Sol, un débil sector industrial, la modernización del sector agrario a costa de la emigración a Europa o a regiones desarrolladas de España y la penetración de hábitos culturales y mentales que chocaban con la España del nacionalcatolicismo.

Síntomas del cambio.
A finales de los años sesenta se manifiestan en Málaga los síntomas del cambio político y social, aunque nadie podía pensar entonces en un desenlace favorable dada la fortaleza del régimen y la persistencia de una represión selectiva pero dura y eficaz. El protagonismo de la lucha por la democracia reside entonces en el movimiento sindical –con la fundación de las CC OO y su participación en las elecciones sindicales del vertical–, el movimiento de profesores y estudiantes  nacido con la creación de la Facultad de Económicas y más tarde potenciado tras la creación de la Universidad de Málaga, o en la actitud crítica de amplios sectores  de  la Iglesia Católica, alejada  del franquismo por la influencia del Concilio Vaticano II y simbolizados en Málaga en José María González Ruiz o Ramón Buxarrais. La aparición de espacios culturales críticos con la creación del Ateneo o la Semana de Cine de Autor de Benalmádena y el nacimiento de  medios de comunicación independientes de la Prensa del Movimiento como el diario Sol de España (1967), contribuyeron a la transición cultural, y la lucha clandestina de los partidos políticos y en especial de las organizaciones comunistas como el PCE y sus escisiones como Bandera Roja, al que se irán uniendo  otros partidos de la izquierda como el Partido del Trabajo, el PSOE y los primeros grupos andalucistas como el PSA y el MSA, reflejan el fuerte activismo político que caracteriza la Transición. A principios de los setenta la provincia da muestras también de una recomposición dentro del franquismo con la aparición de una nueva generación de jóvenes políticos  que reflejaban las contradicciones del régimen y los estrechos márgenes para su evolución. Frente a ellos, un grupo reducido pero muy activo e intransigente de franquistas recalcitrantes y reacios a cualquier evolución, que permanecían incrustados en la administración, las fuerzas del orden público, el ejército, las organizaciones paramilitares (excombatientes, Guardia de Franco), el Frente Anticomunista Español o Fuerza Nueva.

El movimiento obrero. El incremento de la conflictividad social pone el marco y condiciona de forma decisiva la Transición a la democracia en Málaga. El protagonismo fue de las CC OO, que habían nacido a principios de los años sesenta como resultado de una convergencia entre trabajadores de distintas procedencias ideológicas y políticas, comunistas y cristianos progresistas principalmente, con un carácter asambleario y con la táctica de aprovechar los cauces de los sindicatos verticales del franquismo –elecciones, enlaces sindicales, convenios colectivos– para hacer avanzar la organización, mejorar las condiciones laborales y salariales de los trabajadores, y combinar la acción sindical con la lucha política por las libertades. En un medio dominado por la represión, que desarticuló en varias ocasiones la naciente organización, condenando a la cárcel a sus principales dirigentes y afiliados, las luchas obreras fueron heroicas y determinantes para la deslegitimación del régimen de Franco, que había utilizado profusamente la paz y las políticas pretendidamente sociales como sustitutivos de la democracia y la libertad sindical. El reciente estudio sobre la historia de las CC OO en Andalucía señala a Málaga como el segundo foco de importancia del movimiento obrero andaluz durante el franquismo y la Transición después de Sevilla. Málaga presenta rasgos diferenciales en cuanto a la fuerte presencia de sindicalistas de origen cristiano en las CC OO, aunque el origen de las mismas fuese una iniciativa de militantes comunistas, y la labor del PCE determinante en la vida del movimiento. La influencia cristiana vino de la mano de la presencia en Málaga de Alfonso Carlos Comín a principios de los años sesenta, y de la posterior creación de la Organización Comunista Bandera Roja, que llevará una línea prácticamente independiente y dividirá las CC OO.

La reaparición del movimiento obrero –salvo algunos episodios anteriores– se produjo en la década de los años sesenta, con el inicio de una cierta conflictividad y la creación de las CC OO. Las características de este movimiento obrero son su precariedad ante la fuerte represión de la policía y la Guardia Civil, la novedad de su estrategia, basada en la lucha semiclandestina y el uso de las elecciones sindicales y las estructuras del sindicato vertical franquista, la progresiva politización del movimiento, y la búsqueda de alianzas sociales dentro de los sectores progresistas del clero y de la sociedad malagueña. El método organizativo y de lucha recuerda la tradición asamblearia del movimiento obrero malagueño de raíces anarquistas y sindicalistas, que era el predominante en la capital malagueña antes de la Guerra Civil.

La represión, apoyada en una estricta vigilancia e información policial que ha dejado sus huellas en los Archivos del Gobierno Civil, desarticuló en varias ocasiones –especialmente en 1968 y 1970– al movimiento obrero malagueño. El  temor a las detenciones y a las torturas a los detenidos –especialmente en los calabozos de la Aduana y en el tristemente famoso cuartel de la Guardia Civil de Natera– hacían muy dura la labor sindical y política, aunque los testimonios de los trabajadores detenidos niegan la tortura física como una práctica habitual. Sin embargo, en el citado estudio sobre la historia de las CC OO de Andalucía se cuenta como en el Cuartel de Natera los detenidos (políticos y comunes) “salían torturados de sus celdas –de unos dos metros de largas– y eran vistos por los hijos de la Guardia Civil que jugaban en el patio” y “había gente atada a una moto, otros salían por el patio echando sangre”. Las celdas del Cuartel de Natera “estaban llenas de sangre, mantas llenas de sangre seca y algunas argollas para detener a la gente”. La larga duración del régimen de Franco es inexplicable sin la existencia de esta represión, que llevó en el caso de Málaga a 173 personas al Tribunal de Orden Público entre 1964 y 1976. La muerte aún no esclarecida de José Manuel García Caparrós en la manifestación del 4 de Diciembre de 1977 por disparos de la Policía Armada es la expresión de la persistencia represiva y los costes humanos de la Transición española.

Desde la perspectiva histórica, este sindicalismo de nuevo tipo, desempeñado por trabajadores jóvenes, conectaba con la historia obrera de Málaga, en la que el sindicalismo ugetista era minoritario. La UGT, como en realidad ocurrió con CC OO, también nació a impulso de su partido hermano, en este caso el PSOE, pero más tardíamente –hacia 1975– y por tanto en situación de debilidad respecto al sindicalismo representado por Comisiones. En sus orígenes la UGT hubo de aplicar una estrategia defensiva frente a la de CC OO de lograr una Central Sindical Única, dada su debilidad numérica, mientras iba implantándose en el movimiento obrero y logrando un espacio propio.

La Transición en Málaga discurre como se ha dicho en medio de una fortísima conflictividad social derivada de la coyuntura crítica de los setenta, que se manifiesta especialmente desde 1973 y se agudiza fuertemente a partir de la muerte de Franco. El papel del movimiento obrero fue determinante para impulsar la marcha del proceso democratizador ante la fortaleza de sus acciones y la politización de las mismas en el sentido de ligarlas a la lucha por las libertades democráticas y la amnistía. En esos años los conflictos dejan de ser puntuales y económico-sociales, para convertirse en movimientos de solidaridad entre los trabajadores y de los trabajadores con otros sectores de la sociedad malagueña. Sin embargo, debe precisarse que los límites de la influencia del movimiento obrero vienen marcados por el fracaso de la estrategia que confiaba en una Huelga General Pacífica como paso previo al cambio político y a la caída de la Dictadura. Fueron más eficaces pues las movilizaciones obreras como generadoras de condiciones para el cambio –necesidad de un nuevo marco legal para las relaciones entre trabajadores y empresarios y libertad sindical–, que como agentes del cambio en sí mismas. Por otra parte, la fortaleza del movimiento obrero sí era la razón más poderosa para que dentro del régimen franquista nadie pudiese pensar que fuese posible dar marcha atrás en el camino hacia la democracia. Esa doble realidad es la que hace repetir a los protagonistas de aquellas luchas un cierto sentimiento de frustración por unos resultados que no se correspondieron a los esfuerzos realizados.

El renacimiento de la política democrática. Si el protagonista colectivo de la Transición es el mundo obrero, las decisiones se tomaron en el ámbito de las organizaciones políticas. En Málaga durante el final del franquismo la mayor actividad política clandestina era desempeñada por organizaciones comunistas, especialmente el Partido Comunista de España y sus distintas escisiones como Bandera Roja (de componente cristiano-marxista) o el Partido Comunista Internacional (maoísta, luego bautizado como Partido del Trabajo de España). El PSOE o la CNT, que habían sido mayoritarios durante la II República en la capital y la provincia, tuvieron una actividad muy dispar durante el franquismo, aunque en algunos períodos conservaron con gran dificultad su estructura organizativa, disuelta una y otra vez por la policía, en torno a figuras de la II República como el socialista Francisco Román Díaz. Como en el aspecto sindical, la búsqueda de estrategias de cercanía a la sociedad española por la organización del PCE y un fuerte activismo fueron determinantes frente al mayor alejamiento de la realidad de la dirección exterior del PSOE.
El PCE era pues la fuerza más activa y mejor organizada –con una gran implantación en la juventud estudiantil, los profesionales e intelectuales además de los trabajadores del campo y la ciudad–, y también la fuerza más temida por el franquismo, cuya propaganda había englobado con el término “comunista” cualquier actividad opositora o disidente –hasta de las que no lo eran en absoluto–, dificultando así que en la época se pudiesen percibir otras fuerzas políticas no tan organizadas pero existentes. En general puede decirse que la actividad política antifranquista en Málaga estaba protagonizada en exclusiva por las organizaciones de izquierda mayoritariamente marxista, y que la militancia pertenecía  a las generaciones de veteranos de la Guerra Civil que habían sobrevivido a la represión de los tiempos duros del franquismo, pero sobre todo a las jóvenes generaciones de trabajadores, profesionales y estudiantes nacidas en la época del desarrollo y enfrentadas por razones generacionales, ideológicas, religiosas, sindicales, culturales o políticas con un franquismo corrupto y decadente al que rechazaban por completo. Pese a conservar el control de algunas parcelas sociales –la Sección Femenina, actividades deportivas y de ocio de la juventud y los sindicatos– de hecho el Movimiento había perdido cualquier posibilidad de ascendiente sobre la población y sus fieles se reducían a las anquilosadas y caducas estructuras de la organización.

El Partido Socialista Obrero Español arranca su reorganización a principios de los años setenta gracias a la actividad de los militantes históricos y de un grupo de jóvenes profesionales y estudiantes, que trataron de recuperar la memoria histórica del socialismo malagueño –la fuerza política mayoritaria de la República en Málaga- y aglutinar en torno a sus siglas la diversidad de grupos socialistas existentes en España (PSP, PSOE histórico y renovado, PSA, MSA, etc.). La renovación del Congreso de Suresnes y el paso de la dirección al interior de España, personalizada por un liderazgo joven y ajeno a la Guerra Civil, fueron determinantes del fuerte impulso de organización y militancia, y de la rápida conversión del PSOE en la alternativa más potente de la izquierda española frente a la más favorable situación de partida del PCE, lastrada sin duda por su fidelidad al liderazgo histórico de su dirección en el exilio.

Los partidos a la izquierda del PCE (ORT, LCR, MCE, PTE, PCOE, etc), muy activos y con arraigo desigual entre la juventud estudiantil, resultarían diezmados en las primeras elecciones democráticas. Su aportación a la Transición se inscribe en la consideración de la misma como un proceso social en el que organizaciones políticas clandestinas, movimientos sociales y vecinales fueron decisivos, y cuyos protagonistas –como el líder del PTE Florián Calvo– pese a ser anónimos para la historia, resultan fundamentales para comprenderlo. Desde 1974 la oposición democrática converge en organismos unitarios como la Junta Democrática de España (inspirada por el PCE) y la Plataforma de Convergencia Democrática (inspirada por el PSOE), que se unificaron en 1976 para formar Coordinación Democrática, también denominada “Platajunta”.

La Transición como “consenso” tiene un proceso paralelo al de las luchas sociales y clandestinas de la izquierda malagueña en la formación de las organizaciones sociales empresariales y de los partidos políticos del centro y de la derecha. En el ámbito de la derecha democrática malagueña el franquismo había borrado por completo el pasado de las fuerzas liberales o republicanas de centro, de tanta tradición en Málaga durante la República. Sólo quedaba la Democracia Cristiana, en torno a algunos sectores profesionales ligados a la actividad del Ateneo de Málaga. Pero la nueva derecha y el centro políticos no saldría de ahí –como esperaba la izquierda–, sino desde dentro del franquismo, en torno al intento de liberalización tras la muerte de Carrero Blanco (1973), con la puesta en marcha de las llamadas Asociaciones Políticas, que darían lugar a las dos fuerzas más importantes: Alianza Popular y Unión de Centro Democrático, es decir, una derecha respetuosa con el legado franquista aunque dispuesta a jugar en la nueva coyuntura y un conglomerado de partidos de ideología diversa aglutinados por el poder y la personalidad de Adolfo Suárez, que resultarían claves en el desmontaje del franquismo desde dentro, con la ayuda del rey Juan Carlos y la presión ejercida por la oposición democrática. Pese a que en Málaga triunfó el sí al Referéndum de la Ley para la Reforma Política de Suárez en 1976 y la oposición logró sólo el 19,8% de abstenciones, las primeras elecciones democráticas devolvieron a la provincia el signo de izquierdas de la época republicana, con una mayoría socialista y un diputado comunista, el dirigente histórico del PCE Tomás García.

La rebelión estudiantil.
Si las CC OO y la conflictividad deslegitimaron toda la obra social del régimen de Franco, la conflictividad de estudiantes y profesores alejaron a éste de las clases medias malagueñas a las que pertenecía la práctica totalidad del estudiantado malagueño. Paradójicamente había sido el franquismo el creador de las universidades de provincias, primero con la Facultad de Económicas y más tarde con el Colegio Universitario y la universidad. La izquierda se había planteado ocupar “parcelas de libertad” durante el franquismo, y la Universidad era una privilegiada por sus posibilidades para el debate y la movilización social. Los protagonistas del movimiento estudiantil señalan la importancia del mismo y la preocupación del régimen de Franco por la rebelión protagonizada por estudiantes y profesores, y la manera casi natural con la que los estudiantes inquietos desembocan en el Partido Comunista en el proceso de intentar reformar las estructuras antidemocráticas de la institución y encontrarse con la policía que les acusaba de serlo por esa razón. La universidad se rebeló contra Franco, estableció vínculos con el resto de los sectores sociales y apoyó sus luchas, forzó a las autoridades académicas a tomar partido a favor o en contra del movimiento estudiantil, y resultó fuertemente reprimida por la policía –en ocasiones ayudada por la autoridad académica– con detenciones, encarcelamientos, suspensión de prórrogas militares de estudios, expulsiones de estudiantes y profesores. La vigilancia fue ejercida por los “chivatos” –policías, estudiantes o bedeles– que pasaban al Gobierno Civil información exacta del movimiento universitario, como se comprueba en el Archivo de la Subdelegación del Gobierno. Sin embargo que la Universidad había dejado de ser fiel al franquismo en su última etapa lo demuestra en Málaga la mayoritaria actitud de las autoridades académicas a favor de la democracia y la práctica ausencia de organizaciones de extrema derecha en su seno, así como el reclutamiento de las organizaciones políticas juveniles de izquierda –Juventudes Comunistas, Joven Guardia Roja, Juventudes Socialistas– entre sus estudiantes.

Una cultura comprometida. Los años sesenta fueron también decisivos en el cambio cultural de la provincia de Málaga, con la aparición de los signos de una nueva cultura democrática caracterizada por una mayor participación de las clases medias y por el hecho decisivo de la creación entre 1965 y 1972 de los primeros centros universitarios malagueños. Profesores y estudiantes –los primeros en su gran mayoría jóvenes titulados provenientes de la Universidad de Granada– se convirtieron en una nueva élite intelectual  productora de cultura y al mismo tiempo consumidora de la misma, que venía a unirse a la reducida élite cultural malagueña que había mantenido la actividad cultural desde el fin de la Guerra Civil con su labor editorial, su trabajo en instituciones como la Casa de la Cultura, el Archivo Histórico Provincial o la Biblioteca Provincial, los museos de Bellas Artes, de Artes y Costumbres Populares y el Arqueológico, los cursos para extranjeros, la Sociedad de Ciencias o la Sociedad Económica de Amigos del País, y las corporaciones locales.

El cambio de los sesenta se aprecia en la vinculación de la cultura con la lucha por las libertades, una cultura comprometida y arriesgada a verse sometida a la represión y la censura, pero al mismo tiempo realizada aprovechando el mayor nivel de tolerancia existente en el país. En esta década aparecen nuevas instituciones llamadas a ser el eje de la cultura democrática en Málaga, especialmente el Ateneo, en torno a un grupo de intelectuales y profesionales de ideas progresistas –algunos procedentes de la élite intelectual republicana como Modesto Laza Palacios–, que con habilidad para sortear la vigilancia del Gobierno Civil y de los sectores franquistas, establecieron en la Plaza del Obispo un espacio  abierto a la cultura y al debate político democráticos. La precariedad cultural, que Javier Tusell ha denominado con acierto “tiempo de incertidumbre”, puede apreciarse en que en una de las conferencias del Ateneo a cargo del historiador Manuel Tuñón de Lara, el conferenciante fue llevado desde el aeropuerto a la Comisaría, donde se le retuvo varias horas. Todas las conferencias eran informadas por escrito al Gobernador, analizándose hasta la entonación de las mismas. En una de Juan Antonio Lacomba, el confidente, que no puede encontrar nada sospechoso en el análisis histórico pero que ha encabezado su informe definiendo a Lacomba como “filocomunista”, concluye que “el tema de la conferencia, en conjunto, pretende ser totalmente objetivo, pero el conferenciante, ya por medio de una entonación despectiva o en otros casos por un deje irónico muy sutil, procura acentuar los párrafos de ataques al Régimen español o de exaltación de sus oponentes”. Todo ello lleva al servicio de información de la policía a señalar al Ateneo como un centro cultural en el que “se había estado atacando al Régimen en muchas de las conferencias que se han dado”, con el consiguiente rechazo en los medios franquistas por realizarse con subvenciones del Ministerio de Información y Turismo.

Los hábitos culturales habían cambiado profundamente con la llegada de la televisión y la creación de teleclubs por la provincia, y el cine introducía en el imaginario colectivo nuevos hábitos sociales que rompían la rigidez del nacionalcatolicismo. El cine de vanguardia, sin embargo, llegaría a través de la Semana de Cine de Autor de Benalmádena, con numerosas películas Ángeles Rubio Argüelles, jóvenes actores y directores se incorporaron al teatro independiente con grupos como Cascao, Tespis Pequeño Teatro, Aguarrás, Dintel o Toná. El mismo papel renovador cumplió en las artes plásticas la sala de exposiciones de la Diputación en la Acera de la Marina, la reaparición en 1968 de Litoral de la mano de José María Amado, la creación de la revista Jábega o la puesta en marcha de nuevas bibliotecas por la provincia. La cultura de masas se apreció en la llegada a Málaga del movimiento de los cantautores, con conciertos al aire libre o en los recintos universitarios, para los cuáles era necesaria la presentación de las letras previamente a la censura gubernativa.

En los medios de comunicación la actitud abierta de algunos directores de prensa y radio permitió a algunos profesionales abrir ventanas a las nuevas inquietudes sociales y  culturales de Málaga, aunque hasta la llegada de la democracia se corriese el riesgo de la sanción o el cierre. Pese a todo, a finales de los años sesenta existía un nuevo clima informativo más abierto, coincidente en la prensa con la ley de 1966. El ejemplo de su aplicación en Málaga fue el nacimiento del diario Sol de España en 1967, cuya sola existencia al margen de la Prensa del Movimiento era el signo de un cambio de coyuntura informativa. Sol de España fue amonestado en varias ocasiones por la autoridad gubernativa, y cerrado quince días en 1975. La evolución del primer diario provincial, Sur, es en cambio un ejemplo de las inercias franquistas en la Transición a la democracia.

El papel de la Iglesia.
El cambio experimentado por la Iglesia católica tras el Vaticano II supuso la más espectacular transformación de la historia del franquismo, cuya legitimidad se había basado en el respaldo católico incondicional. La rebeldía de los curas fue pésimamente tolerada por el régimen, que pasó a vigilar también a los párrocos de la diócesis malagueña, sus homilías los domingos, las reuniones en las sacristías y locales parroquiales, las publicaciones parroquiales y las conexiones de la Iglesia con el movimiento obrero representado por las CC OO, las JOC o la HOAC, como demuestra la abundantísima información policial al respecto en los archivos policiales. Así, en 1975, el Servicio de Información de la Guardia Civil informaba al Gobernador Civil de que “los sacerdotes de la localidad de Coín de esta provincia se vienen desplazando con frecuencia a esta capital, reuniéndose en Sindicatos con obreros de Citesa y de otras empresas, con motivo de las elecciones”. La policía también se interesaba por las letras de los cantos religiosos de las misas, en las que se incluía por ejemplo el Canto a la Libertad de José Antonio Labordeta, o canciones de fuerte contenido social con estrofas como ésta destinadas al momento de la comunión de los fieles:
“Algunos lo tienen todo
otros no tenemos nada
malditos capitalistas
nos vais a robar hasta el alma”

En Casabermeja, el día de la muerte de Franco la Guardia Civil informaba que el alcalde tuvo que llamar a la Guardia Municipal para que doblaran las campanas en señal de duelo “ya que ni el sacerdote ni los jóvenes seguidores de este lo efectuaban”. La policía ya había informado al gobernador también de que el párroco de Benamargosa, al morir Carrero Blanco, había dicho en el bar del pueblo que “dicho asesinato se esperaba porque una dictadura de cuarenta años tiene que tener estos resultados” y que “el coche fue a parar donde tenía que ir”.

En Málaga, además de la labor realizada por numerosos sacerdotes comprometidos con la lucha democrática y social, que abrieron sus locales a la oposición clandestina por toda la geografía provincial, hay que señalar obligadamente el papel del canónigo José María González Ruiz –también el menos conocido pero importante de su hermano Manuel–, con su producción intelectual y publicística, sus actividades de animador de la oposición democrática y sindical, su acercamiento dialogante al marxismo, su labor ateneísta y como conferenciante, que le llevaron a ser vigilado por el Gobierno Civil y finalmente multado por una homilía en la Catedral en 1975. Era un tiempo en el que incluso los obispos tomaban partido por los trabajadores con un lenguaje prudente pero cargado de contundencia. Con motivo del conflicto en Citesa, Ramón Buxarrais escribía en Sur en 1974: “Es una verdadera desgracia y expresión evidente de una sociedad desequilibrada, el hecho de que las mejoras conseguidas en la mayoría de las empresas casi siempre son fruto de gestos arriesgados del obrero, y pocas veces expresión del interés a favor de obrero por parte de la empresa. Si los dirigentes de cualquier empresa quieren actuar como cristianos, de ellos debe partir la preocupación por la situación de los obreros, que en estos días son las primeras víctimas de las alzas del coste de la vida”.
   
  pagina anterior pagina siguiente
 
 
   
 
  Inicio | contacto | mapa web   Transición