Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
30 de abril de 2017
 

 
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  Augusto Delkáder
  La Transición en Cádiz
  En los últimos tiempos, algunos conspicuos parlotean sobre la segunda y verdadera transición política española, tratando de negar ese carácter a los acontecimientos ocurridos entre 1975 y 1981 y concediendo esa dimensión a la llegada al poder del Partido Popular.
Aunque esta defectuosa mercancía no se ha abierto camino, sí pone al descubierto el irrefrenable instinto de protagonismo monopolístico de personajes, dispuestos a reescribir la historia reciente, para mejorar su posición en esa foto. En España, el tránsito de la dictadura a la democracia comienza con la muerte de Franco y termina con la promulgación de la Constitución.
En aquellos momentos, ese cambio de las estructuras políticas en nuestro país fue impulsado por militantes y fuerzas políticas de izquierda y derecha. Por hombres y mujeres que combatieron al régimen de Franco y otros que formaron parte de su clase política.

Por eso, la Transición fue una obra que, demandada por la propia estructura socioeconómica de España, tuvo resistencias de sectores fanáticos o reductos de privilegios de poder que se resistían a perderlos y que, en ocasiones, actuaron con sanguinaria violencia. Había también, como en el resto de España, capas sociales –fuertemente enraizadas en la Falange y en el franquismo– que se oponían pacíficamente a la restauración de la democracia parlamentaria.
Un ejemplo lo personificaba entonces José María Aznar, con constancia escrita de sus planteamientos políticos que vivaqueaban en los presupuestos de la Falange auténtica. No deja de resultar curioso que ahora se haya instituido como el auténtico homologador de demócratas y patriotas.
Traigo ahora estas reflexiones porque en la vida política de nuestro país se han deteriorado algunos de los valores fundamentales de aquella época, como la tolerancia y el consenso.

La Transición fue posible porque una sociedad como la española de mediados de los años setenta no podía vivir encorsetada en las estructuras políticas del franquismo. El miedo y la necesidad fueron factores, al mismo tiempo, catalizadores y atemperadores del proceso. La Transición en Cádiz no fue muy diferente a la del resto de España. Tuve la oportunidad de ser testigo en nuestra provincia durante mis dos etapas de subdirector y director de Diario de Cádiz. Probablemente sea indicativo de que un cambio se avecinaba en España, el que ocupara esos puestos con 24 años.
Los últimos años del franquismo fueron en Cádiz tristes y sombríos. La incertidumbre por el futuro, golpeada por una crisis económica sin precedentes, llevaba mayoritariamente a los ciudadanos a experimentar una sensación de temor, no exenta del deseo de cambios profundos en la organización política y las normas sociales.
La resistencia tradicional al franquismo estuvo marcada fundamentalmente por el Partido Comunista, el sindicalismo de CC OO y los movimientos campesinos de las zonas rurales.
El régimen carecía de respuestas para gobernar el país a la muerte de Franco y sus dirigentes provinciales capeaban los acontecimientos de manera contradictoria y con respuestas desiguales, en ocasiones terriblemente brutales.

En aquellos aos, el poder lo ejercía de manera casi absoluta el gobernador civil, que contaba con amplísimas atribuciones. Antolín de Santiago y Juarez, un franquista sin lugar a dudas, poseía un talante pragmático y dialogante que evitó algunos enfrentamientos absurdos y nunca enconó las ya difíciles circunstancias de aquellos años.
La muerte de Franco fue una explosión y la improvisación de las fuerzas democráticas, perseguidas durante lustros, era directamente proporcional a la incapacidad de la derecha para adaptarse con eficacia al juego democrático.

Una de las iniciativas más integradoras y renovadoras la constituyó el Grupo Drago. Muchos de sus miembros desempeñarían posteriormente con la democracia importantes cargos en todos los partidos del arco parlamentario, a nivel nacional, autonómico y municipal. Sus artículos, conferencias y pronunciamientos públicos fueron creando un tejido social interpartidista y multiideológico que sirvió a muchos para el aprendizaje democrático.
Hubo otras instituciones sociales que sirvieron como centro de encuentro alternativo a las prácticas de la política oficial y las moribundas instituciones.
El Diario de Cádiz, impulsado por Federico Joly, fue convirtiéndose en una plataforma abierta y sus páginas recogían con total libertad la compulsa información de la época.
El punto de inflexión de toda aquella época fueron las elecciones generales del 15 de junio de 1977.
Los ciudadanos, ante más de 30 opciones diferentes, concedieron un triunfo arrollador e indiscutido al Partido Socialista Obrero Español, que obtuvo cuatro de los ocho diputados. Castigaron a la derecha (el Partido Popular, entonces Alianza Popular, quedó como fuerza extraparlamentaria); la izquierda consiguió otros dos diputados (uno el Partido Comunista y otro los socialistas de Tierno Galván en coalición con los andalucistas). La UCD, el partido en el poder, se conformó con dos escaños.

La provincia de Cádiz votó mayoritariamente a la izquierda, que consiguió el 75% de los escaños. La jornada electoral produjo la euforia de la izquierda, recién salida de la clandestinidad, y la perplejidad y la desolación en la derecha gaditana.
¿Cómo unos individuos Manuel Chaves, Ramón Vargas Machuca, Rafael Román, Luis Pizarro, Alfonso Perales, etc., prácticamente desconocidos, habían conseguido para el PSOE un triunfo tan espectacular?
La respuesta no es simple, pero los ciudadanos identificaron al PSOE como la mejor opción para que les representara eficazmente en sus deseos de un cambio político profundo y verdadero.
La gran sorpresa de la sociedad gaditana fue descubrir a los socialistas. Personas preparadas, con formación intelectual y fuerza vital para modernizar la vida cotidiana de los ciudadanos. Su extracción social era el crisol de la nueva España deseada, como se demostraría, por la mayoría de los votantes.
Los triunfadores del cambio político en Cádiz carecían de hipotecas del pasado y heredaron, además, muchos de los votos libertarios de las zonas rurales de la provincia. Los socialistas gaditanos contaron con el permanente apoyo de su líder Felipe González quien, con Carmen Romero, mantenía fuertes vínculos personales con nuestra provincia y, particularmente, con la ciudad de Cádiz.

La perplejidad de la derecha gaditana ante el resultado de las urnas de junio de 1977 hizo caer a sus partidos políticos en un ajuste de cuentas y facilitó la entrega de confianza al PSOE como la única organización política, capaz de vertebrar y sacar del marasmo a Cádiz. La derecha, fragmentada en varios siglos, confundida por los intereses puntuales y con evidentes carencias de pautas democráticas, sacrificaron algunos activos que para regresar al poder tuvieron que violentar, prácticamente, los usos y costumbres de la Transición, generosamente cedidos por los perdedores de la guerra civil e impulsados activamente en Cádiz por Manuel Chaves, en el año 1977, con la finalidad de construir un territorio común de convivencia.
En aquel tiempo, la derecha gaditana sacrificó al cabeza de lista de UCD, Fernando Portillo Scharfausen, ex presidente de la diputación provincial, de la que fue desalojado por iniciar la reforma desde el régimen. Sus impulsos modernizadores y en ocasiones visionarios pudieron hacerse realidad con el advenimiento de la democracia y los años de gobierno del PSOE. Verdadero impulsor y creador de la Universidad de Cádiz supo avizorar con anticipación el final de un modelo económico, basado en el monocultivo industrial-naval y pesca

Dramáticamente la llegada de las libertades trajo a Cádiz el final de ese modelo económico autárquico, basado en industrias obsoletas. El ajuste se cebó en Cádiz de manera brutal y hoy comienzan a vislumbrarse las soluciones.

Probablemente, el mejor ejemplo de toda la provincia para superar esa crisis destructora lo protagonice Chiclana, tradicionalmente una población excedentaria de mano de obra y hoy receptora de nuestros mejores activos personales.
En aquella época resultaba difícil imaginar esta realidad, pero an más la unión de todos los andaluces en un proyecto común. La manifestación de diciembre de 1977 constituyó el arranque del autogobierno, posteriormente pilotado por Rafael Escuredo con inteligencia y arrojo.
Los gaditanos, los andaluces, tenemos en el siglo XXI una de las empresas más ilusionantes: conquistar nuestro futuro. Desde 1977 a 1981 hemos avanzado como nunca lo hicimos en toda nuestra historia. Aquí y ahora deben demostrarse los comportamientos cívicos.
   
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