Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
17 de octubre de 2017
 

 
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  1973
  Juan Teba
  Sevilla por autopista
  ¿El año de la muerte? Al menos, el año de numerosas muertes de destacados ciudadanos. En 1973, la nación española logra doblar sus expectativas de vida con respecto a las registradas al comienzo de la centuria, en 1901, lo que se celebra por todo lo alto por el Régimen a través de sus medios de comunicación y propaganda. En Sevilla, concretamente, se pasa de una esperanza de vida al nacer de 34,76 años a 72,40 de media en este 1973. Sin embargo, la primera muerte ilustre, valga la expresión, corresponde a un joven deportista, menor de treinta años, llamado Pedro Berruezo, futbolista profesional del primer equipo del Sevilla C. F. (Sevilla, Fútbol Club, en la actualidad) al fallecer repentinamente cuando disputaba un partido oficial con su equipo en el estadio del Pontevedra el día 9 de enero de este año. Más de diez mil personas acuden al sepelio del malogrado deportista, desarrollado en un ambiente altamente emotivo.

El dólar.
La equivalencia del dólar era de 58 pesetas y dos
céntimos, y la ciudad se muestra, como casi siempre a lo largo de los tiempos, ensimismada, reduccionista y complaciente con sus fiestas y tradiciones. Salvo algunos cinéfilos, muy pocos sevillanos se interesan por conocer los pormenores que lleva a la Academia de Ciencias Cinematográficas de Hollywood a premiar con el Oscar a la mejor película extranjera a la cinta de Luis Buñuel, El discreto encanto de la burguesía. Una ciudad con sus clases instaladas, sumidas en un cierto fatalismo histórico, pero ya dividida administrativamente en barrios, lo que provoca el nacimiento, en principio dubitativo, de un inundante movimiento ciudadano radial, cuyos líderes más significativos militarán años después en partidos de izquierda, como el delegado de Barriadas, Cayetano Domínguez, posteriormente dirigente del PSOE, o, entre otros, Alonso Balosa, quien llegará a ser candidato a la Alcaldía de Sevilla por el PCE en las elecciones municipales de 1979. Este movimiento ciudadano es la primera brecha local que encuentra la clase política clandestina para comenzar a dejarse sentir y notar ante la casi inexistente opinión pública local. Cayetano Domínguez fallece prematuramente y Alonso Balosa es militante socialista en la actualidad. El 21 de enero la ciudad se estremece de horror. Seis personas mueren abrasadas en un incendio que se produce en el interior de una whiskería de alterne llamada La Vaquita, en pleno barrio maldito del casco antiguo. El autor, un cliente del establecimiento que se sintió engañado.

Frustraciones. Por estas fechas, como recuerda el periodista Nicolás Salas en su libro Sevilla. Crónicas del Siglo XX, la ciudad luce un amplio temario de frustraciones originadas por grandes proyectos urbanísticos y de infraestructuras de comunicaciones que los poderes de la época jamás iniciaron en la mayoría de los casos, o se abandonaron casi al comienzo de las primeras actuaciones. Como referencias de tanto vocerío hueco, hay que recordar que el proyecto del Metropolitano de Sevilla es de aquel año, o el Canal Sevilla-Bonanza, otro proyecto que jamás vio la luz pese a ser el gran tema de recurrencia propagandística que permanentemente esgrime el gobernador Utrera Molina, el más paradigmático de los gobernadores civiles franquistas en la ciudad. Un hombre complejo, de una fidelidad franquista acrítica y terca más propia de una mente infantil que de un burócrata azul (falangista) con ambiciones. El paso de Utrera Molina por la ciudad deja secuelas durante trienios, amigo de los amigos y allegados ideológicamente, exquisito y solícito con las señoras más deslumbrantes de la época pero implacable con los desafectos al Régimen; ejerce su notable poder desde una concepción personalista y providencialista de la política, y reparte pisos de protección oficial, puestos de trabajo en instituciones públicas o concede licencias para abrir quioscos en la vía pública de la forma más peregrina, aleatoria y venal imaginables, valiéndose de su íntimo amigo Félix Moreno de la Cova en su época de alcalde de Sevilla (1966/69), nombrado por el propio Utrera a indicación de Gregorio López Bravo.

En el mes de febrero muere en accidente de tráfico el cantaor de flamenco Manuel Ortega Caracol, cuando se desplaza desde su domicilio, en una urbanización cercana a Madrid, al tablao de su propiedad en la calle Barbieri en el centro de la ciudad. De las circunstancias del accidente muy poco se sabe, como es norma en la época cuando se trata de la muerte de un ilustre o conocido. Y en la figura de Ortega se da la circunstancia, además, de ser una persona muy apreciada por el general Franco y su entorno familiar y político. Y de aquella relación se cuenta que el genial y heterodoxo cantaor tuvo que rogarle al general que intercediera a su favor para poder inaugurar el tablao, al negarse reiteradamente el Ayuntamiento madrileño a concederle la licencia de apertura ante las protestas de unos vecinos que contemplan con toda clase de prevenciones la existencia de un local de aquellas características. Cuentan que al día siguiente de interceder ante el jefe del Estado, dos motoristas de la policía municipal de Madrid, haciendo sonar sus sirenas, le llevan a Ortega la correspondiente licencia de apertura. Según testimonios de algunos allegados del cantaor gitano, que nunca trascienden a la opinión pública, Manuel Ortega fallece víctima de un infarto de miocardio y no como consecuencia de lesiones producidas por el vuelco del automóvil. Es decir, Caracol no sufrió golpe o colisión alguna, pero es tal su impresión al ver cómo da vueltas su automóvil que su cansado corazón se detuvo para siempre. La memoria de Manuel Ortega, un hombre que revoluciona el entorno de la copla y del cante gitano-andaluz, permanece viva en una ciudad que rinde culto sin desfallecimiento ni olvido a artistas propios o de su entorno más cercano.

En 1973, la media de coches matriculados en la ciudad no alcanza el 20% por mil habitantes y el Ayuntamiento facilita la circulación rodada por el centro para evitar que la ausencia de automóviles ofrezca “una imagen pobre” de la ciudad, según un comentario del responsable municipal de tráfico. Por lo demás, los mismos problemas, a escala, que en la actualidad: una ciudad oficial al margen de la Sevilla real, una policía municipal ineficaz y escasamente respetuosa con el ciudadano, destrucción del patrimonio arquitectónico, un poder municipal negador contumaz de los déficits de la ciudad, una ordenación urbana irracional en la que se refleja la especulación del suelo y cogestión del tráfico, entre otros entrañables problemas que empobrecen y siguen empobreciendo la calidad de vida de los sevillanos. A finales de este mes de febrero un incendio destruye la Virgen del Patrocinio, estremeciendo a la Sevilla cofrade; sin embargo, al ser la Virgen de la Hermandad del Cachorro, cuya talla resulta dañada también por el fuego, por utilizar los términos populares al uso, el Crucificado más venerado e impresionante de la espléndida y universal Semana Santa local, hay capacidad de reacción y la Junta de Gobierno de la hermandad puede encargar sin mayores traumas colectivos una nueva imagen, inspirada abiertamente en la destruida. La hermandad pasará dos años sin poder realizar su estación de penitencia.

En los primeros días del mes de marzo se inaugura la primera autopista que conoce la tierra andaluza: la autopista Sevilla-Cádiz, y al ceremonial oficial del acontecimiento asiste el ministro del ramo, Gonzalo Fernández de la Mora, autor de frases inolvidables como “España es un estado en obras”, e igualmente autor del ensayo muy celebrado por la jerarquía franquista y la España inmovilista que lleva el título de El crepúsculo de las ideologías, con el que el singular hombre público pretende archivar definitivamente la llamada lucha de clases. Durante muchos años, la autopista Sevilla-Cádiz, de peaje desde el mismo día de la inauguración, es la única existente en toda Andalucía, mientras que en el norte del país, en el País Vasco y Cataluña, concretamente, desde los primeros años ochenta, por situarnos en una fecha concreta, los ciudadanos de aquellos espacios disponían de varias autopistas, o autovías, cuando menos, para sus desplazamientos, en algunos tramos de peaje pero, igualmente, otros liberados. Casi treinta años después de la inauguración por Fernández de la Mora de la autopista Sevilla-Cádiz, los ciudadanos siguen obligados a pagar.

Periodista en la cárcel. Cinco días después, el 7 de marzo, se produce el relevo en la dirección del periódico decano de la ciudad, El Correo de Andalucía. El periodista gaditano Federico Villagrán, un periodista nada conocido en la ciudad, es el designado para dirigir un periódico que en los últimos años se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para las autoridades del Régimen y para la propia Iglesia, propietaria de la mayoría accionarial, especialmente desde que accede a la dirección en 1969 el sacerdote José María Javierre, un cura-periodista aguerrido, que va paulatinamente distanciándose de las posiciones de sumisión generalizadas en la prensa de la época y ofreciéndole espacios en las páginas de opinión del diario a profesionales liberales desafectos del Régimen y a líderes obreros que desarrollan importantes actividades clandestinas en sus respectivos centros de trabajo. Villagrán supera con creces los quebraderos de cabeza que el cura Javierre le ha provocado al Régimen y, finalmente, tras una estancia carcelaria de varios días por publicar en primera página la inminencia de una supuesta invasión de marines en la Lisboa de la Revolución de los Claveles, es despedido del periódico. Nunca como entonces las informaciones de un diario local gozan de tanta atención, no sólo en su propia ciudad sino en todo el país. Hay que recordarlo en homenaje al periodista Federico Villagrán, uno de los hombres de este país que con su esfuerzo y riesgo personales contribuye a la llegada, años después, de libertades para todos.

En aquel mismo mes de marzo, 95 trabajadores de la empresa Andaluza de Cementos Portland son despedidos de sus puestos de trabajo, un hecho inusual en el orden paternalista del franquismo. En realidad, la extrema medida es consecuencia del cambio de propiedad de la empresa sevillana, aquejada de una fuerte crisis económica que la lleva a una subasta pública meses antes –diciembre de 1972–, tras una compleja y oscura batalla política entre diversos sectores del franquismo económico para hacerse con el control de la cementera sevillana, que se adjudica finalmente Banesto en 1.054 millones de pesetas de la época. Los trabajadores despedidos se encierran en la parroquia Nuestra Señora de los Remedios, y justamente una semana después son desalojados por la policía gubernativa. No será el único conflicto laboral en la Sevilla de esta primavera: treinta trabajadores de la panadería San Isidoro son despedidos a finales de mes. El salario mínimos está establecido en 186 pesetas diarias, lo que equivale a 5.580 pesetas al mes.

Promesa fiable. Más que la propia llegada de la primavera, lo que realmente celebra el alma sevillana es la presunción primaveral, la llegada de ese día luminoso que, desde un ángulo indefinido o un instante tan imperceptible que se antoja un pálpito, recuerda que el turno primaveral se aproxima, la deseada primavera, la echada en falta estación de los gozos íntimos del sevillano. Porque la primavera es para un hijo de esta ciudad lo que la tierra prometida es para un pueblo perseguido y errante. Y, desde luego, la primavera es la promesa más fiable de todas las que pueblan el ensimismamiento local, la que siempre se cumple con la puntualidad de las cigüeñas. Y para una población tan saturada de promesas incumplidas, la estación primaveral es referencia permanente y la confirmación del valor de la existencia.
La de este año es verdaderamente especial: trae la salida de la Feria de Abril de su lugar de nacimiento, el Prado de San Sebastián, para trasladarse al barrio de Los Remedios. El llamado “Primer Festejo del Mundo” por muchos hijos e hijas de la ciudad rompe con su traslado el viejo mito de la intocabilidad del espacio histórico de la Feria. Y como era inevitable, la ciudad vive con la intensidad que le suele ser habitual llegada la hora de debatir algún aspecto concerniente o inscrito en su historia reciente o lejana. La ciudad se divide en dos partes que parecen irreconciliables hasta que finaliza la discusión y el nuevo ferial luce con toda su grandeza en la noche de la “prueba del alumbrado”. Porque comienza el festejo, finaliza la división y todos se dejan engullir por esta nueva aventura ferial. Pero es un debate hermoso, intenso, agotador y que a nadie deja indiferente. A esta ciudad siempre la salva in extremis su entusiasmo por lo lúdico y su metodización del gozo. Naturalmente, cada año el mes de abril aparece, desde el comienzo de la era moderna, cuando menos, cargado de acontecimientos en la agenda local de la ciudad. En el que nos ocupa, se inaugura el Museo Taurino de Sevilla, y días después el Parque de los Príncipes, en el lado oeste de Los Remedios. Sin embargo, la conocida dicotomía sevillana entre lo sublime y lo ridículo, la autocomplacencia y la frustración, las dos orillas, dos toreros, dos vírgenes, dos equipos de fútbol, ofrece su parte amarga en dos versiones; la primera, medio bufa, tuvo como protagonista al singular ministro Laureano López Rodó, quien critica in situ la falta de desarrollo de la ciudad durante una visita oficial, pero sin explicitar las causas, como consecuencia de una venganza del destino como compensación por la cantidad de bienes que la naturaleza ha otorgado a esta tierra, según el ministro, quien se refiere expresamente a “la belleza de la mujer andaluza”, a “la bondad del clima y a la gracia” de los hijos de la tierra, y una remota relación entre esa falta de desarrollo y la acción política del Régimen; y la segunda, la versión dramática, al alcanzar la ciudad y su provincia en aquel mes cifras récords en el paro nacional. En los últimos días de Feria, ya metidos en mayo por haberse iniciado a finales de abril, la Princesa doña Sofía de Grecia visita el Real y coincide con una reunión hispano-lusa de ministros de Exteriores, convocados presuntamente en el lugar al conjuro de la fiesta. No parece que esta reunión de los jefes de las respectivas diplomacias de España y Portugal, entonces bajo regímenes autárquicos, tenga el más mínimo eco más allá del espacio ibérico. Y mayo se consume entre una subida del 25% de la bajada de bandera de los taxis, alcanzando la cantidad de 10 pesetas, y una tragedia deportiva vestida de verde y blanco: el Betis desciende a Segunda División.

El Lute.
El legendario Lute es capturado en Sevilla junto a su hermano El Lolo por efectivos de la Policía Armada, finalizando así una vida delictiva cargada de extraordinaria espectacularidad, como sus reiteradas fugas, y de elementos dramáticos, románticos y violentos. La foto de El Lute, con un brazo vendado en cabestrillo, su rostro demacrado y sucio y con una mirada entre el abatimiento y la resignación, escoltado por dos agentes en la escalinata de entrada de la Jefatura Superior de Policía, está en la memoria sentimental de varias generaciones de españoles y es la foto finish del caso más sorprendente de una vida furtiva y delictiva que desemboca en una metamorfosis personal y social tan increíble que aún hoy es cuestionada en su veracidad  por determinados sectores sociales y de opinión, dentro y fuera del país.

Horas después de la detención de El Lute, profundo abatimiento de la Sevilla taurina. Fallece de una cogida el subalterno de Camas, Joaquín Camino, miembro de la cuadrilla de su hermano, el diestro Paco Camino, el llamado, entonces, Niño sabio de Camas, y posiblemente, haciendo abstracción de Curro Romero (un fenómeno artístico, personal y social que trasciende el universo taurino y rigurosamente inclasificable), el matador técnicamente mejor dotado de la tauromaquia sevillana desde los años sesenta hasta los tiempos presentes.

El 9 de junio es nombrado (en el franquismo los cargos son nombrados, no elegidos) el almirante Carrero Blanco presidente del Gobierno, tras la correspondiente crisis del anterior Gabinete. Dos semanas después, el almirante efectúa su primera salida pública y, como es casi inevitable, lo hace en Sevilla y en un acto religioso, concretamente, en la coronación de la Virgen de Valme, en Dos Hermanas. Y decimos inevitable por las relaciones del almirante con la ciudad al margen de cuestiones protocolarias. Tiene una hija residente en la ciudad, casada con Mariano Borrero Hortal, presidente de la Diputación Provincial, a la que visita frecuentemente. El prócer franquista siente predilección por la ciudad y está además vinculado con el mundo cofrade de la época.

Dos hechos destacados, únicamente, en la actualidad local en los tórridos y sosegados meses de julio y agosto. El editor sevillano José Manuel Lara, dueño del imperio editorial de Planeta, es nombrado hijo adoptivo de Cazalla de la Sierra, y en agosto trabajadores despedidos de Montajes Aguirrezabala se recluyen en el Palacio Arzobispal para abandonar el encierro cinco días después sin que se tenga conocimiento de sanciones y detenciones posteriores por parte de la policía gubernativa. Al menos, la prensa de la época no publica nada al respecto. La crisis internacional provocada, una vez más, por la confrontación armada en el Oriente próximo, se ceba en el mundo laboral sevillano.

Violencia. El mes de septiembre, sin embargo, llega teñido de violencia, tras el “largo y cálido verano”, donde se demuestra a la luz de los tiempos actuales, cómo tanto el ejercicio de la violencia más irracional como otros excesos de la condición humana o determinadas actitudes políticas se repiten constante e indistintamente. El día 5, un hombre asesina a su mujer dejando seis huérfanos, días después armadores andaluces piden al Gobierno que interceda ante las repetidas capturas de barcos por parte de Marruecos, un motín en la cárcel de Sevilla (Ranilla) se salda con tres heridos, el uso de un pesticida clorado en Doñana provoca la muerte de miles de animales, el Gobierno de España se compromete a dar la autodeterminación al Sáhara cuando lo “solicite libremente la población (saharaui)”.

En octubre se cumplen los peores augurios sobre la situación en el Oriente próximo al estallar la guerra, lo que provoca de inmediato el aumento del precio del petróleo en un 17% y si bien la paz pudo ser impuesta dos semanas después, el aumento del precio del carburante se mantiene, provocando funestas consecuencias en la economía nacional, en general, y en la sevillana, en particular. Entre tanta penumbra, de nuevo el pintoresco ministro Laureano López Rodó pone su luminosa pinceladita de especial percepción de la vida internacional, entre la ingenuidad y la ausencia del sentido del vacío, al abogar por un frente “hispánico” por las Malvinas, Belice y Gibraltar.

Las misses. Los príncipes de España y Japón visitan Sevilla, casi coincidiendo con la enésima desarticulación del Comité Regional del Partido Comunista de España, con 16 personas detenidas. Y la perla del mes: al mencionado director de El Correo de Andalucía, Federico Villagrán, le caen cuatro expedientes administrativos por “presuntas infracciones en materia periodística”. Una de ellas por publicar una foto de las chicas que participaban en el concurso de Miss Sevilla, con este pie de foto: “Las misses del Ciudad de Sevilla, en primera fila, porque se lo han ganado por guapas”. Como toda dictadura, el franquismo, además de su rostro violento, también muestra este otro tan ridículo. A principios de noviembre la ciudad de Sevilla entierra a Santiago Montoto, considerado como “patriarca de las letras sevillanas” e hijo del historiador más reconocido en las investigaciones de las Sevillas pretéritas, Luis Montoto. Un mes que también presencia elecciones municipales, dentro del peculiar orden franquista con aquellas “circunscripciones” de la familia, el sindicato y la provincia. Pero al parecer la población no está por la labor: acude a las urnas el 28% del censo.

En estos tiempos apenas se registran en nuestro país los primeros balbuceos de lo que en la actualidad se llama (la pujante) “prensa del corazón”, pero, en cualquier caso, en Londres se produce una boda de ensueño: la princesa Ana contrae esponsales con el gallardo capitán (de la Guardia Real) Philips. Y tres pinceladas más para liquidar el mes de noviembre. La Comisión de Defensa (de las Cortes Españolas) rechaza la objeción de conciencia y acuerda penas de tres años de cárcel para los que intenten acogerse a ella; Alemania cierra sus fronteras a los trabajadores que no sean de la Comisión Europea; y tres pedradas contra la librería sevillana Antonio Machado, regentada por un muchacho que responde al nombre de Alfonso Guerra. Es obvio que todo tiene un origen. Lo bueno y lo malo.

Figura clave. El 13 de diciembre el letrado Alfonso de Cossío resulta elegido decano del Colegio de Abogados de Sevilla, un nombramiento que tiene una importancia notable varios años después al convertirse don Alfonso en una de las figuras claves de la transición política en Sevilla. De talante liberal, el ilustre abogado se encuentra ya fuertemente comprometido contra la pena capital y otras actitudes humanistas en un momento social en el que abundan las voces y las actitudes a favor de la pena de muerte, esencialmente en determinados círculos oficiales que ven en peligro al Régimen y unos privilegios que vienen disfrutando desde la finalización de la Guerra Civil.

En aquellos años previos a la Transición, el cura y periodista José María Javierre, ya recordado como director de El Correo de Andalucía, apuesta fuertemente para que don Alfonso sea la figura central de la oposición democrática al Régimen. Incluso en los albores del proceso autonómico andaluz, Javierre insiste para que Cossío sea nominado, como independiente, primer presidente de la Junta Preautonómica. No lo consigue; pero sí, finalmente, Alfonso de Cossío es una referencia fundamental para los distintos grupos que se van integrando en las actividades clandestinas contra el franquismo. Quizá, como tantas otras veces, ni Sevilla ni Andalucía hayan rendido los honores mínimos a la memoria de un andaluz tan notable. En el mes de noviembre se da a conocer, dentro de las precauciones propias de una situación de clandestinidad política, el manifiesto fundacional de Alianza Socialista de Andalucía (ASA), fruto de un trabajo de varios meses de varios socios del grupo Compromiso Político (CP), una organización de poco más de cien personas que acabará convirtiéndose con el paso del tiempo en el grupo originario del actual Partido Andalucista (PA), considerando que aquella ASA dio paso en 1976 al Partido Socialista de Andalucía (PSA), y éste, como ha quedado señalado, al mencionado PA, que jugará posteriormente un papel muy importante en la consecución del actual sistema de autogobierno que desarrolla la Andalucía política.

Y, finalmente, la fecha del 20 de diciembre, el día del magnicidio del presidente franquista Carrero Blanco, el mismo día, además, que se inicia en Madrid el juicio contra la cúpula de las ilegales Comisiones Obreras en la que figuran tres trabajadores sevillanos: Fernando Soto, Eduardo Saborido y Francisco Acosta. Los tres serían amnistiados meses después y recibidos multitudinariamente en la estación ferroviaria de Plaza de Armas por compañeros, amigos, familiares y militantes de partidos de izquierda. El nombre del almirante Carrero Blanco figura actualmente en el callejero de la ciudad de Sevilla, y, días después de su asesinato revindicado por ETA, el Ayuntamiento de la ciudad le concede la Medalla de Oro y el título de Hijo Adoptivo y la Diputación, por su parte, la Medalla de Oro de la provincia.
   
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