Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  08 de noviembre de 2011
  Juan Antonio Ruiz
  Pedro Aparicio: La voz de Málaga
  Pedro Aparicio Sánchez llegó a la política en los estertores del franquismo, de la mano de Gregorio Peces Barba. aunque se afilió al PSOE en Madrid, recibió su carné en Málaga cuatro meses antes de morir Franco. Llegó a la Alcaldía de Málaga en 1979, sin apenas haber trabajado en política. Su única labor en este aspecto es el haber sido elegido, por unanimidad, presidente del Comité de Empresa del Hospital Carlos Haya, y haber recibido un cursillo intensivo sobre el municipalismo en Francia cuando fue nominado para la Alcaldía malagueña por los socialistas. Ha sido médico, profesor, alcalde, eurodiputado y hoy es profesor de medicina en la Universidad de Málaga.

Iniciación a la politica.
Una amistad con el actual rector de la Universidad Carlos III de Madrid, Gregorio Peces Barba, surgida de una mesa redonda frustrada en 1974, llevó a Pedro Aparicio a la política, y recuerda que “nació una amistad entre Gregorio y yo tan estupenda que comíamos todos los sábados, compartíamos devociones literarias y musicales, y nos hicimos muy amigos, y él empezó a catequizarme y meterme en el partido. Entonces, yo tenía dos devociones en la política, una era Julián Besteiro. Con Peces Barba ingresé en el PSOE de Madrid, pero no llegué a pisarlo. Entré avalado por Peces Barba y Francisco Bustelo, que entonces era el secretario general de la Agrupación de Chamberí, donde yo vivía en Madrid”.

Sin embargo, “recibí la carta de admisión en el PSOE cuando ya estaba en Málaga, en 1975, cuatro meses antes de morir Franco. La recibí en los barracones del Hospital Civil donde dábamos clases de Medicina. En una clase, a las 17.00 horas, un hombre no con la edad de ser estudiante, sino más veterano, que se sentó al final de la clase y, cuando acabó, se acercó a mí y me dijo: Perdóname, soy Antonio Nadal, soy el secretario del PSOE de Málaga y me han llamado de Madrid para que te reciba”. Así conocí allí a Nadal.

La única participación en política de Aparicio antes de 1979 fue en las elecciones de Carlos Haya, “yo iba en las listas de UGT, y había dos grandes listas, la de Comisiones y la de los Independientes, que era la derecha médica radical. Entre estos dos me propusieron ser presidente del Comité de Empresa del Carlos Haya por unanimidad”. En esas fechas, también fue elegido miembro del Comité Federal de Sanidad de UGT, debido a que “alguien del Comité de Empresa de Carlos Haya de la UGT me debía conocer y hablaron de mí, y me eligieron miembro de dicho Comité. Sólo iba a Madrid en ocasiones, debido a que había puesto una condición para ser presidente del comité de Empresa, no liberarme. No quería dejar mi profesión, de la cual estaba muy enamorado, y estaba muy lanzado hacia la cátedra en la Universidad de Málaga”.

Candidato a la Alcaldía de Málaga.
Cuando comienzan a vislumbrarse las primeras elecciones municipales democráticas, en 1979, aparecieron en la casa de Pedro Aparicio, “en el momento en que estaba preparando la lección de cirugía del día siguiente, cuatro hombres muy serios, que eran los que mandaban entonces en el PSOE de Málaga: Rafael Ballesteros, Carlos Sanjuán, Enrique Linde e Hilario López Luna. Iban a mi casa a proponerme como candidato a la Alcaldía. Posteriormente fueron a la casa del abogado Miguel Ángel Peláez para que fuera el candidato a la Presidencia de la Diputación”. “Yo les decía –continúa– ¿qué disparate, si no sé siquiera dónde está el Ayuntamiento de Málaga? No es que lleve en Málaga apenas cuatro años, pero en cuanto noten mi acento madrileño me van a correr a gorrazos. Tampoco se dónde está el Ayuntamiento de Madrid, es que no sé lo que es un ayuntamiento”.

No obstante, al final convencieron a Aparicio, quien “estaba convencido de que sólo iba a ser para cuatro años, y además con el secreto convencimiento interior de que no íbamos a ganar, que no iba a ser yo alcalde, por lo que acepté el compromiso. En esos momentos veía el compromiso de toda una generación con la democracia, y me dije que yo no podía quedarme, hacer una carrerita, cuando llevaba 10 ó 15 años haciendo política de oposición al franquismo”.

Su candidatura no fue bien vista en algunos sectores médicos del Carlos Haya, y recuerda unos hechos durante la campaña electoral de las municipales del 1979. “Mi partido quiso primero dar a conocer el candidato, dar a conocer mi cara, mi nombre y mi biografía elemental. Pusieron hasta el nº 1 de la oposición nacional. Al final pusieron algo que entonces me ponía muy orgulloso ‘Nunca ha ejercido la medicina privada’, yo nunca he cobrado un solo duro en mi vida por un acto médico. No quería insultar a nadie”.

Sin embargo, “en mi último día en campaña, repartiendo octavillas en calle Larios, tres anestesistas de Carlos Haya, de los cuales yo conocía a uno, me llaman y me meten en una tienda donde venden artículos de regalos, a la altura de donde está ahora el Hotel Larios. Y me dicen los tres: “¿Qué has querido decir con que no has ejercido la medicina privada? Vi que venían en plan fascista y les digo que es algo que ha dicho mi partido y que es una verdad objetiva. Me volvieron a preguntar qué es lo que quería decir con esto. Les conteste que ni lo sabía y si lo supiera no se lo iba a decir. ‘Es que tú si no has ejercido la medicina privada es porque has sido un niño de papá, un privilegiado’. Entonces alce la voz y comenzaron a llamarme rojo de mierda. En esos momentos los que estaban conmigo vinieron a ver qué pasaba y ahí acabó la cosa”.

Una de las cosas que con más orgullo recuerda es que en aquellas fechas “para ser alcalde, antes de las elecciones, yo puse una condición que después la puso Zapatero, dije que sería alcalde si era el más votado. Yo de pactos, a lo Tierno Galván, nada. Lo único que me dijeron es “por lo menos no lo digas en público”. De acuerdo, pero si somos el segundo partido más votado no pienso ser alcalde. Veintiún años después lo ha dicho Zapatero, y esto me ha gustado”.

En la formación de la candidatura del PSOE a los comicios municipales señala que “a la hora de elaborar las listas, al ser las primeras elecciones dije ni idea, ahora a la segunda, tercera o cuartas elecciones no te quiero contar. La primera lo que digáis. Entonces me pusieron gente muy fuerte en el partido, me imagino que habría cierto recelo hacia mí, como es natural, a ver si este tío nos sale rana. Estaba rodeado por pesos pesados del partido, esos recelos duraron sólo diez días”.

Después de la emoción de la noche electoral del 3 de abril de 1979, vinieron los pactos: “Hubo un pacto nacional con el PCE, y otro regional donde también se incluyó al PSA. Éste pedía que las ocho delegaciones de cultura de las capitales de provincia fueran para el PSA, a cambio de lo cual creo que tuvimos al presidente de la Diputación en Cádiz. Yo reuní a mi gobierno y dije que nuestra gestión se debía centrar en Cultura y Urbanismo, para evitar la especulación urbanística, y que no se produjeran otra Malagueta. En cultura tenía una ilusión en música, cultura, arte, Generación del 27. Entonces recibimos la noticia: Cultura era para el PSA”.

La Alcaldía. Los primeros días al frente de la Alcaldía de Málaga fueron para Pedro Aparicio bastante clarificadores de lo que se le venía encima. “Nada más tomar posesión las empresas comienzan a cortar los servicios, exigiendo los pagos de los servicios. Los alcaldes salientes se sentían interinos, habían firmado todo con tal de no tener problemas”. “Las empresas –continúa– de repente dijeron que dejaban de suministrar gasolina a los coches. Entonces dejaron de patrullar policías y bomberos, que era terrible. Sin embargo, logramos hacer un pacto pagando no sé cuánto para poder tener gasolina para los bomberos, y pedimos que no se dijera que los coches de policía no podían patrullar. No obstante, periódicos como el Sur comenzaron a hablar de censura, y al día siguiente aparece con grandes titulares: ‘El Ayuntamiento sin coches de Policía’. También nos dejaron de suministrar agua potable, porque entonces el 25% de los malagueños bebía por cubas. Íbamos con camiones cisternas por todos lados, los camiones tenían que tener un tratamiento, no había productos químicos para potabilizar el agua. Limasa, al segundo final de mes paró la nómina de los trabajadores y los trabajadores iniciaron una huelga y dijeron que la abandonarían sólo si se municipalizaba el servicio”.

En sus primeros días, también tuvo que imponer su autoridad a algunos funcionarios municipales, y señala dos incidentes: “Una de las cosas que me pasaron a firmar a los dos meses eran las licencias de armas, y pregunté qué era eso y me dijeron que eran unos funcionarios que tenían licencias de armas y que las daba el alcalde. Me negué a firmarlas y se armó la de dios. En otro momento hubo otro incidente como motivo de mi discurso de investidura cuando dije que estaba convencido de la buena voluntad y la eficacia profesional de la mayoría de los funcionarios’. A los tres días me dicen que hay afuera una comisión de altos funcionarios, quienes me dijeron que era intolerable lo que había dicho en el discurso, hasta el punto que había un intento de huelga que se podría parar sólo si yo rectificaba. ‘Usted dijo la mayoría de los funcionarios, y tenía que haber dicho todos los funcionarios’. Entonces prácticamente les eché”.

También tuvo un pequeño incidente con el obispo Ramón Buscarais con motivo del Corpus Christi: “Era la primera fiesta religiosa que me tocó. Pedí consejo para ir o no y decidí ir. Allí me presenté al obispo. Y al día siguiente encuentro en el Ideal de Granada, que era de la Iglesia, una carta del obispo de Málaga donde señalaba que había tenido una decepción con el alcalde por presidir la procesión del Corpus, algo que no le corresponde, porque según el Concilio Vaticano II los actos religiosos deben ser presididos por la autoridad religiosa. Entonces hice una carta abierta, dándole la razón y señalando que la Constitución española separa totalmente ambas cosas, y que lo único que le reprocho es no haberme avisado antes, con una simple llamada suya. Después, a las nueve de la mañana del día siguiente se presentó en mi despacho y me dijo que yo tenía razón y que él había obrado mal. Desde entonces nos hicimos muy amigos”.

El 23 F.
Pedro Aparicio recuerda el 23 de febrero de 1981 como uno de los días más difíciles de su vida. “Ese día estábamos en una salita frente al Carlos Haya donde nos estaban proyectando un corto sobre Picasso, que nos habían hecho como publicidad del pintor. Allí me enteré del intento de golpe de Estado. De mi gente, hubo quien dijo que me tenía que quitar de en medio, y José Miguel de la Cruz Lombardo, que era concejal mío, con una clarividencia dijo que no, que el alcalde debía estar en su puesto. Entonces nos fuimos al Ayuntamiento, y encendimos todas las luces, con las puertas abiertas. Yo también era presidente de la FEMP, y entonces Radio Juventud no emitía en cadena, pero por teléfono contactaba con 20 emisoras. Me tiré toda la noche contactando con Madrid, Barcelona, Valencia. Tenía que repetirla la misma información: “Los alcaldes secuestrados en el Congreso, los acaldes están con nuestro Rey”. Luego muchísima gente de muchas partes de España me ha dicho que me había oído esa noche. Esa misma noche, cuando Radio Nacional empezó a emitir música militar, se acercó al Ayuntamiento el entonces portavoz de la UCD, Andrés García Maldonado, y no dimos un fuerte abrazo lanzando un ¡Viva la Democracia! Allí estuvimos toda la noche”.

Revela que “en esos momentos yo me decía, tengo que llamar al gobernador militar para conocer su postura. Entonces había un teléfono rojo por el que estaban conectados las siete principales autoridades de la provincia. El  número 1 era el gobernador civil, que era José Estévez; el 2 era el del alcalde; 3, el gobernador militar. Llamé al gobernador civil, pero no cogía el teléfono. Luego dije que había que conocer la opinión del gobernador militar. Entonces perfilé con mis íntimos qué le iba a decir. Lo llamé, y le dije
–Hola mi Coronel, soy Pedro Aparicio.
–Hola alcalde.
–A sus órdenes para defender la Democracia.
–¡Vamos a ver, vamos a ver qué pasa!
–Le repito mi coronel. A sus órdenes para defender la Democracia.
–Vamos a ver alcalde qué pasa porque nada está claro.
–Adiós, adiós.
También a media noche llamé al alcalde de Valencia, Ricardo Pérez Casado, porque Radio Juventud decía que habían salido los tanques y le dije: ‘Ricardo, posiblemente, no puedas hablar, pero dime simplemente si lo que está contando la radio es más grave o menos grave o igual’. Me dijo que ‘más’. A los días me contó que durante mi llamada estaba sentado en su despacho con dos jerarcas militares al lado. Cuando finalizó el intento de golpe fuimos al aeropuerto a recibir a todos los diputados malagueños, que vinieron todos juntos”.

La Fragata “Libertad”. Otro momento difícil para el entonces alcalde de Málaga fue cuando llegó al puerto de Málaga la fragata argentina “Libertad”, un buque escuela que había sido utilizado como prisión. “Aquí había la costumbre de  que el anfitrión del puerto era el comandante de Marina, recibía en el puerto y acompañaba a las autoridades del buque a rendir visita al gobernador civil, al alcalde y a otros. Luego la fragata daba a bordo una comida adonde iban las autoridades. El hecho de que los dictadores argentinos hubieran utilizado “La Libertad” como prisión, donde se había torturado, era notorio en todo el mundo hasta el punto de que luego mandaron a este buque escuela argentino en misión diplomática por todo el mundo, ya con los marineros normales. Pasó de largo por Gibraltar hasta Atenas, y luego de regreso por todo el Mediterráneo, y se negaron a recibirla en Nápoles, aunque sí en Génova. Tampoco la recibieron en Barcelona o Palma, y en Málaga. Decidí no asistir a la recepción en ‘La Libertad’. Entonces el comandante de Marina se fue al Sur y se montó la de dios. Yo me mantuve firme en no asistir, aunque pedí a los malagueños que mantuvieran respeto hacia los marineros. El director del diario Sur, Francisco Sanz Cagigas, convocó a los malagueños, a través del periódico, a llevar una flor al barco, tergiversando los acontecimientos, ya que parecía que yo les había negado la entrada en la ciudad, y eso no fue así. De hecho, los mandos del barco y el comandante de Marina vinieron a mi despacho y les recibí, y me invitaron a bordo a la devolución de la visita, pero les dije que no podía asistir por problemas de agenda. Sin embargo, todo el mundo estaba convencido de que les había negado la entrada en la ciudad”.

Uno de los aspectos de los que Aparicio se siente más orgulloso es el de haber sido fundador y primer presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). “En 1980 se constituye la comisión gestora de la Federación Española de Municipios y Provincias, elaboramos los estatutos, y visité 500 ayuntamientos y diputaciones, contacté con los principales alcaldes de toda España. Un año después, a principios de 1981, con los estatutos pactados y negociados, convoqué en el Palacio de Congresos de Torremolinos a todos los alcaldes de España, para constituir la FEMP. No conseguí que ni PNV ni CiU se metieran”.

Balance.
“Como balance de esta etapa municipal se puede decir que fue fantástico porque todas las obras que hicimos fue el saneamiento y abastecimiento de aguas, y el Plan de Urbanismo que fue Premio Nacional; también nos dieron el premio nacional de la Federación Nacional de Asociaciones de Vecinos porque fuimos el primer Ayuntamiento en aprobar el primer reglamento de Participación Ciudadana en toda España. Años después vino el de Barcelona y le dieron otros premios, cuando nosotros lo teníamos desde el principio. En esta época fue importante la creación de escuelas. La UCD se volcó y nosotros dimos bastante terreno. En cada solar que dábamos se construía una escuela”.

En el pleno recordatorio del primer ayuntamiento democrático “dije que son necesarias virtudes para gobernar: el coraje, la firmeza, el carisma, pero hay cuatro que en un ayuntamiento no pueden faltar, y que en la primera corporación abundaron a montones: tolerancia, honor, cortesía y buen humor. La tolerancia no es soportar otras ideologías, y es si yo tengo unas ideas, enfrente hay otras que se oponen a ellas. El honor no es sólo la honradez, sino el amor a la verdad, no humillar a nadie pensando que vas a quedar muy bien, saber que es despreciable ganar votos a costa de la verdad”.
   
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