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  16 de junio de 2011
  Miguel Ortega
  Esteban Ramírez, el compromiso humanista y empresarial por Jaén
  Nació, vivió, trabajó y murió en Jaén. La figura de Esteban Ramírez Martínez (Torredonjimeno, 1931 - Jaén, 1999) y su legado personal y profesional como referente inequívoco antes, durante y después de la Transición democrática en la provincia jiennense, primero como sacerdote e intelectual comprometido con la cruda realidad social de su tierra y después, asentada la democracia, como empresario de la comunicación impulsando y consolidando proyectos de corte pluralista, independientes de los grupos de presión y con vocación de servicio público, reclama una profunda revisión y la reivindicación de este personaje en todas sus dimensiones.
Aunque nació en la campiña tosiriana, sus vivencias esenciales en la niñez y la adolescencia las tuvo en Siles, municipio de la Sierra de Segura jiennense. El que hasta ahora puede considerarse su primer y único biógrafo, el profesor y diseñador gráfico Pedro Molino, que cultivó su amistad y que trabajó con él en varios proyectos y que después de su muerte trazó los perfiles esenciales de Esteban Ramírez en varias semblanzas publicadas en el diario “Jaén” y en la obra “Jaén, pueblos y ciudades” (fascículos de Siles y Torredonjimeno), señala tres fuertes influencias en el primer cuarto de su vida: la de su padre, el maestro de escuela Manuel Ramírez Padilla, que fue discípulo de Antonio Machado en Baeza; la de su madre, Aurora Ramírez Montañés, mujer de gran carácter y arraigadas convicciones espirituales y, finalmente, la de su tío Juan José Martínez, arcipreste de Orcera.
Esteban Ramírez ingresó en el seminario de Jaén con doce años y celebró su primera misa en Siles en el año 1956. Durante su amplia y sólida formación, que le obligó a vivir fuera de Jaén durante largos periodos, siempre mantuvo la vinculación con la provincia y, especialmente, con la Sierra de Segura, donde en plena madurez desarrollaría sus primeros trabajos sociales. Estudió Teología y Empresariales y completó su formación con Sociología y Ciencias Políticas. En este periodo, Molino señala otra gran influencia para Esteban Ramírez, la del profesor Rogelio Duocastella, con quien estudió en el Instituto Social León XIII. Con él realizó trabajos sociológicos en el ámbito rural de Galicia, en barrios obreros de Sabadell y en la misma comarca segureña. Su formación intelectual propició que a inicios de la década de los años sesenta el entonces obispo de Jaén Félix Romero Mengibar le encargara los trabajos sobre doctrina social de la Iglesia que iba a aportar el prelado jiennense a Roma. En estos años se materializa uno de sus primeros compromisos con la provincia de Jaén. Impulsa el Centro de Maestras-Auxiliares Sociales (Cemax) en la Sierra de Segura, para promocionar con una experiencia avanzada en el tiempo a la mujer serrana y a toda la comarca.
Precisamente en la promoción, la formación y el conocimiento basaba su idea del desarrollo de pueblos y ciudades, de las comarcas jiennenses, como pilares para propiciar el cambio social con el protagonismo de la sociedad civil; un discurso vital que nunca abandonó y que reforzó sobremanera a partir de la década de los años noventa en diversos foros, conferencias, encuentros y en los fundamentos editoriales de sus proyectos de comunicación, especialmente en la nueva etapa que inició el diario “Jaén” en 1984, reforzada  a partir de 1988 con la presidencia ejecutiva de su empresa editora, que Esteban Ramírez desempeñó hasta su muerte.
El Cemax abrió sede en la capital jiennense, donde Esteban Ramírez dirigía Cáritas, al frente de la cual desarrolló una enorme labor de promoción y un intenso trabajo social basado en la formación y la solidaridad, y dirigido a capas sociales sin recursos económicos. En los años setenta participó en misiones de Cáritas Internacional en países de Suramérica y en los primeros trabajos que se realizaron en los campamentos de los refugiados saharauis. En todas ellas destacó su trabajo serio y su voz de denuncia social, también adelantado a su tiempo. Tras la muerte del dictador Franco en 1975 Esteban Ramírez ya estaba inmerso también en los debates sobre teología, fe , compromiso y marxismo que se extendían con fuerza entre las comunidades de base cristianas, con las que colaboró activamente. Siempre aportó otro rasgo fundamental de su personalidad: diálogo y tolerancia, capacidad  para el conocimiento y también para el consenso.
Es en ese contexto en el que surge uno de los envites cruciales de su vida en la transición democrática que también vivía Jaén. Fue propuesto como senador por una nutrida representación de fuerzas democráticas, en las que militaban o colaboraban jóvenes progresistas y de izquierdas que le conocían y le tenían bien como maestro, bien como referente intelectual de compromiso social. Apunta Molino en este episodio que el entonces obispo de Jaén, Miguel Peinado, le colocó en la tesitura de elegir aceptar la candidatura al Senado o la dirección de Cáritas. Siempre coherente y comprometido optó por lo último. El obispo se lo pagó cesándole del cargo más tarde. Ahí se cortó drásticamente su vinculación con la jerarquía eclesiástica y también el trabajo desarrollado durante años. Cáritas tomó otro rumbo y Esteban Ramírez también. Pasó a dirigir la Fundación Paco Natera en Córdoba a la par que impulsó su primer proyecto de comunicación con La Voz de Córdoba. Posteriormente fue presidente de diario “Córdoba” y a finales de los ochenta regresó a Jaén para echar el que sería el último órdago de su compromiso personal y profesional por la provincia, en una época en la que el secarral intelectual jiennense necesitaba savia nueva y el anquilosado mundo empresarial ideas de principios progresistas.
Cimentó su apuesta en el diario Jaén, donde, de la mano de otros inversores, se jugó vida y hacienda. Fue entonces cuando entre un creciente e imparable prestigio social, al que los sectores más conservadores y recalcitrantes de la sociedad jiennense intentanron poner zancadillas, Esteban Ramírez se convirtió en un referente ineludible en casi todos los ámbitos sociales e institucionales de la provincia. Su discurso, reposado y enriquecido por los años, no había cambiado: desarrollo social, promoción, autoestima, vertebración social y defensa a ultranza del pensamiento libre y los valores democráticos. Su capacidad  para aglutinar esfuerzos, para concretar consensos imposibles y aunar voluntades equidistantes fue enorme. Cuajó los cimientos de un gran proyecto, el Parque Temático de la Naturaleza, que quedó inconcluso a su muerte y, posteriormente, desapareció del mapa. Esteban Ramírez aportó la idea, la energía para poner de acuerdo a empresarios y administraciones; en definitiva, fue el cemento que unió los primeros ladrillos. Desapareció el cemento y el proyecto se esfumó. Representaba por sí sólo sus mejores ideas: desarrollo de los recursos naturales, promoción de pueblos y comarcas, educación y conocimiento. Todo de una tacada. Soñó también con una Fundación que se dedicara al análisis y estudios sobre Jaén, proyecto en el que se empeñaron familiares y amigos tras su muerte y que aún no ha cuajado. En plena vitalidad personal y enfrascado en sus proyectos más importantes, con su buque insignia (el diario Jaén) consolidado, le sobrevino la muerte el 11 de febrero de 1999. Semanas antes había pronunciado el que sería su último discurso público. Dejó para la reflexión una frase lapidaria: “No me cansaré de proclamar, con voz vieja, el que es nuestro principal orgullo; ser de Jaén, vivir en Jaén, incluso morir en Jaén”.
   
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