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  14 de octubre de 2008
 
  JOSÉ PLÁCIDO FERNÁNDEZ VIAGAS
  (Tánger, Marruecos, 1924-Madrid, 1982). Político y jurista. Licenciado en Derecho, es el primer presidente de la Junta de Andalucía en la etapa preautonómica. Senador. Vocal del Consejo General del Poder Judicial y magistrado del Tribunal Constitucional. Fundador de Justicia Democrática.

Estudia primaria y bachillerato en su Tánger natal y hace la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla. Con 21 años inicia su trayectoria judicial al ingresar por oposición en el Cuerpo de Jueces Municipales y Comarcales. Su primer destino es el juzgado comarcal de Constantina (Sevilla). En 1947 es juez municipal de Jerez de la Frontera (Cádiz) y, a partir de 1949, juez de Primera Instancia de Ugíjar (Granada), Nador (Marruecos) y Santa Cruz de La Palma. En esta última ciudad se enfrenta al gobernador militar de la isla, organiza conferencias y dirige grupos de teatro progresistas, con los que trabaja sobre versos de poetas en el exilio y representa obras de autores como Alejandro Casona y Jean Cocteau. Más tarde, es magistrado y juez decano de Huelva, Cádiz y Santa Cruz de Tenerife y magistrado de la Audiencia Territorial de Sevilla, ciudad en la que definitivamente fija su residencia en 1970 y en la que también ejerce como profesor de la Escuela Práctica Forense del Colegio de Abogados.

Considerado un juez para la democracia en tiempos de dictadura, desde dentro del estamento judicial promueve la ruptura democrática del régimen franquista, lo que le cuesta varios expedientes. De talante inconformista y rebelde y amante de la libertad, es uno de los fundadores y portavoz de Justicia Democrática, un colectivo creado entre funcionarios de la Administración de Justicia que actúa junto a organizaciones políticas, sindicales y sociales, y es miembro de la Coordinadora Democrática de Andalucía. En 1976 participa, en Sevilla, en una manifestación en favor de la amnistía para los presos políticos, por lo que es sancionado y suspendido de empleo y sueldo durante tres meses. Queda en una difícil situación económica hasta el punto de que, para sacar adelante a sus once hijos, se ve obligado a vender un piso y su coche, un Seat 1430. Cuando está de guardia en el Juzgado de Instrucción número 5 de Sevilla, los miembros de la Brigada Político-Social de la Policía no ponen a disposición judicial a políticos y trabajadores detenidos, ya que son conscientes de que Fernández Viagas les deja de inmediato en libertad.

Fumador y cafetero empedernido, gran lector de periódicos, militante de la moral y de la ética, es el principal impulsor de la tertulia de la cafetería sevillana Nova Roma, en la que se dan cita abogados, escritores y periodistas. En esta etapa es autor de numerosos trabajos jurídicos, entre los que destacan La condición jurídica de los extranjeros en Marruecos , ¿Qué es la justicia democrática? y Togas para la libertad ; y escribe en distintas publicaciones profesionales, como la Revista General de Derecho y la Revista de Derecho Procesal . Desde principios de los sesenta, es articulista habitual en periódicos de Santa Cruz de La Palma, Tenerife y Sevilla, como El Día , Diario de Avisos, El Correo de Andalucía y Tierras del Sur . En 1982 publica Los niños que perdieron la paz , una serie de fábulas completadas con una recopilación de algunas de sus colaboraciones periodísticas que son un canto a la esperanza.   

De la justicia a la política. Su salto definitivo a la política se produce en las elecciones generales de 1977 a Cortes constituyentes. Es candidato del PSOE al Senado por Sevilla y, en las urnas, es el senador más votado de Andalucía. En la Cámara Alta es designado portavoz adjunto de su grupo parlamentario. Socialista sin carné, de pensamiento centralista y federal y sin planteamientos andalucistas, el 27 de mayo de 1978, en un acto celebrado en la Diputación de Cádiz, es elegido primer presidente de la Junta preautonómica de Andalucía. Fernández Viagas, que cuenta con el respaldo de Alfonso Guerra frente a la opción de Rafael Escuredo, logra 18 votos "socialistas, comunistas e independientes", por los 13 del candidato de la UCD, Jaime García Añoveros. Después de muchas y complicadas negociaciones, forma un primer Gobierno con cuatro consejeros del PSOE, otros cuatro de la UCD, uno del PCE y un independiente.

Con sólo un despacho vacío en la Diputación de Sevilla y al frente de un Gobierno sin poder ejecutivo, desa­rrolla un intenso trabajo, aunque oscuro, que es boicoteado por buena parte de los gobernadores civiles y presidentes de Diputaciones y criticado por la UCD, el PSA y algunos dirigentes de su propio partido. La Coordinadora de las Diputaciones decide mantenerse con la intención de convertirse en Mancomunidad de Andalucía y se niega a traspasar competencias de las corporaciones provinciales al incipiente Ejecutivo preautonómico. Meses después, la Coordinadora se disuelve. La designación de la capital de Andalucía se le convierte en otro asunto espinoso, dado el rechazo de algunos sectores a que sea Sevilla. Se promueve la candidatura de la capitalidad de Antequera y dirigentes de la UCD llegan a plantear la cuestión de las dos Andalucía o que la provincia de Almería se una a la de Murcia y constituyan la región del Suroeste español. Al final logra que el tema quede aparcado hasta la redacción del Estatuto de Autonomía.

En contraste con la hostilidad institucional que encuentra en algunas provincias andaluzas, en julio viaja a Barcelona y es tratado con todos los honores por el presidente de la Generalitat, Josep Tarradellas. En Cataluña se reúne con representantes de la amplia comunidad de andaluces emigrados y con el gobierno preautonómico catalán. Poco después, en Madrid, con el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Fernando Abril Martorell, acuerda la creación de la comisión mixta Gobierno-Junta que deberá elaborar un documento que dote al Ejecutivo preautonómico andaluz de poder político para gestionar la puesta en marcha de medidas que palíen el problema del paro en Andalucía, que afecta a 400.000 personas.   

Fernández Viagas, de comportamiento nada político, no tolera discriminación alguna entre las Comunidades del Estado. Denuncia en cualquier foro la marginación del pueblo andaluz y pone todo su esfuerzo en conquistar la dignidad de la preautonomía andaluza, lo que le lleva a enfrentamientos con el Gobierno de la Nación de la UCD. Con total firmeza en la defensa de Andalucía, en el verano de 1978, junto a su secretario, Manuel del Valle  , y los dirigentes socialistas José Rodríguez de la Borbolla  y Miguel Ángel Pino, acuerda proponer a todas las fuerzas políticas un pacto autonómico. Su iniciativa, tras superar los recelos de la UCD, es asumida por los partidos y, el 4 de diciembre, en Antequera (Málaga), once formaciones suscriben el llamado Pacto de Antequera, por el que se comprometen a alcanzar "dentro del plazo más breve posible, la autonomía más eficaz para Andalucía". El 90% de los ayuntamientos andaluces secunda también el acuerdo. En esos meses, se constituye una ponencia con representantes de los grupos parlamentarios que inicia, en Ronda (Málaga), los trabajos de elaboración del estatuto. 

En las elecciones de marzo de 1979 revalida su escaño en el Senado por Sevilla y es designado portavoz del grupo socialista en la Cámara Alta. En abril de ese mismo año cumple lo que había anunciado hacía algún tiempo: dimite como presidente de la Junta de Andalucía. En junio le sustituye en el cargo Rafael Escuredo, hasta entonces miembro de su Gobierno como consejero de Obras Públicas y Ordenación del Territorio. Como asesor por el PSOE, interviene en la redacción del documento político del Pacto de la Moncloa. En abril de 1980 renuncia a su acta de senador y se reincorpora a la carrera judicial. Es elegido vocal del Consejo General del Poder Judicial y magistrado del Tribunal Constitucional, trabajo que desempeña hasta su fallecimiento, en diciembre de 1982.

Tras su muerte, el Gobierno andaluz convoca anualmente el premio Plácido Fernández Viagas de investigación sobre temas de Andalucía. La Diputación de Sevilla le otorga la medalla de oro de la provincia a título póstumo y, en el año 2000, el Consejo de Ministros le concede la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil también a título póstumo. Numerosas calles, plazas, parques y colegios de Andalucía tienen su nombre.
   
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